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Actualmente, en la mayoría de las tiendas podemos encontrar una variedad infinita de productos hechos en China. Estos bienes pueden ir desde suéteres y calcetines baratos hasta productos electrónicos de alto valor como videograbadoras. China es una base manufacturera enorme para empresas de todo el mundo que invierten en ese país para aprovechar su mano de obra barata pero altamente calificada y disciplinada.
Sin embargo, un hecho que no ha recibido mucha atención durante la era de la reforma de China es que, aunque una enorme cantidad de inversión extranjera directa (IED) ha entrado al país, las compañías privadas locales no se han desarrollado ni de cerca a la velocidad que su potencial empresarial y su mercado podrían permitirlo. Muchos de los bienes que se venden en el mundo están hechos en China, pero muy pocos por las propias compañías locales.
El tamaño de una empresa es un indicador aproximado aunque imperfecto de su potencial para crecer. Aquí es útil una comparación con el tamaño de las empresas en la India. Aunque la economía de la India es aproximadamente de la mitad del tamaño que la de China y tiene una tasa de crecimiento menor, ese país alberga hoy en día a varias firmas grandes y competitivas a nivel global.
Actualmente, la compañía privada más grande de China es el Grupo Hope, de la provincia de Sichuán, manejado por cuatro hermanos. Este conglomerado agroindustrial generó ventas anuales de 600 millones de dólares en 1999. La empresa privada más grande de la India, el Grupo Tata, generó ventas de 7.2 mil millones de dólares en 1995, y nada más su división de té vendió 163 millones de dólares en ese año.
Otro ejemplo proviene de la industria farmacéutica. En 1997, la compañía china más grande en este rubro era Sanjiu, con ventas de 670 millones de dólares. Comparemos Sanjiu con los laboratorios Ranbaxy Limited de la India, una de las empresas farmacéuticas más grandes de este país. En 1995, Ranbaxy generó ventas por 2.27 mil millones de dólares, a pesar del hecho de que el mercado farmacéutico de China era tres veces mayor que el de la India.
Una comparación con Corea del Sur durante una etapa semejante de desarrollo económico arroja el mismo resultado. El despegue económico de Corea del Sur se sitúa comúnmente entre 1960 y 1980. Durante ese periodo surgieron varias compañías coreanas competitivas a nivel global, como Hyundai y Samsung (sus problemas de administración corporativa vinieron después).
China, por otra parte, no ha producido un grupo similar de empresas locales competitivas durante los más de veinte años que lleva su „milagro económico“ de 1978 a 2001. Todas las grandes empresas de China son propiedad del Estado, y son grandes sólo porque se les otorga la custodia monopólica de los bienes más valiosos del país (los campos petroleros o el ahorro de los hogares chinos). En resumen, la economía china ya despegó, pero muy pocas de sus empresas lo han hecho.
El tamaño de las empresas no es ni debe ser por sí mismo una meta del gobierno. El que el crecimiento económico lo generen muchas empresas pequeñas o unas cuantas compañías grandes es menos importante que el hecho de que la economía crezca. No obstante, en el caso de China, el fracaso para lograr que haya compañías locales competitivas en crecimiento bajo condiciones muy favorables plantea cuestiones preocupantes y señala algunas de las ineficiencias inherentes al sistema económico del país.
Una fuente de ineficiencia es el hecho de que el mercado chino de bienes y valores está fragmentado y se ha fragmentado aún más durante los veinte años de reformas. Una ilustración dramática de ello es que la distancia promedio de transporte de la carga ha disminuido en tiempos en que el gobierno ha hecho enormes inversiones en carreteras, instalaciones para carga aérea y ferrocarriles. China está aumentando sus ventas y exportaciones al resto del mundo, pero el comercio interno ha disminuido. Un mercado fragmentado dificulta la expansión de las empresas más allá de su ubicación local, así como su crecimiento.
El segundo factor es que el sistema financiero chino asigna sus enormes reservas de ahorro de forma ineficiente. Otorgó credito subsidiado y capital barato a las empresas más ineficientes (las que están en manos del Estado) y sistemáticamente le negó recursos financieros a las firmas privadas dinámicas del país. El resultado es que ni las empresas estatales ni las privadas logran hacerse competitivas.
Para ilustrar las consecuencias del sistema chino de asignación financiera, imaginemos una computadora personal de principios de los noventa equipada con un sistema operativo Windows 2000. Ahora imaginemos otra computadora, la más poderosa del mercado en 2001 pero con un sistema operativo DOS de los ochenta. Esta es una combinación ineficiente de hardware y software y el resultado probable es el mal desempeño de ambas computadoras.
Esto nos lleva de regreso al asunto de por qué tantos bienes chinos están inundando las tiendas de todo el mundo pero no las compañías chinas. Dado que las compañías locales no son competitivas, las empresas extranjeras encuentran lucrativo invertir y producir en China. Las firmas extranjeras utilizan el capital y la mano de obra eficientemente y responden con rapidez a las oportunidades que ofrece el mercado. Las empresas en manos del Estado, sin embargo, no se molestan con la eficiencia y no conocen el mercado. Las compañías privadas no tienen los recursos sufucientes para capitalizar su mejor capacidad en materia de software.
La ineficiencia también tiene un impacto sobre el desempeño general. Los indios ahorran aproximadamente la mitad de lo que ahorran los chinos y la India atrae la décima parte de la IED que recibe China cada año. Sin embargo, el crecimiento del PIB de la India en años recientes es de aproximadamente el 80% de la tasa china. India está haciendo algo bien. Está utilizando su capital de manera más eficiente porque su gobierno no discrimina a las empresas privadas y sus recursos financieros se utilizan para apoyar a firmas eficientes. Es tiempo de que China aprenda algo de la India.
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