Cuando el Parlamento de Turquía votó en marzo de 2003 contra la posibilidad de permitir a las tropas americanas abrir un frente por el norte contra el Iraq, la asociación estratégica tradicional de Turquía con los Estados Unidos se acabó. Los dos países siguen reconociendo muchos intereses mutuos, pero ahora los gestionan sobre una base diferente.
El voto impresionó a la "vieja Europa" y al mundo árabe tanto como al Gobierno de Bush. Los europeos que consideraban a Turquía un posible caballo de Troya para los Estados Unidos dentro de la Unión Europea se vieron obligados a reconsiderar esa opinión. Para muchos árabes, el voto demostró que Turquía no era un lacayo de ese país y no cooperaría con sus designios imperiales, pese a las estrechas relaciones turco-israelíes.
Las divergencias entre Turquía y los Estados Unidos, que se cocían a fuego lento desde hacía mucho, llegaron al punto de ebullición cuando los kurdos del norte del Iraq aparecieron como los principales aliados del Pentágono en la guerra del Iraq. El gobierno estadounidense manifestó con claridad que no se toleraría una intervención militar de Turquía en el Iraq septentrional.
Ese mensaje quedó confirmado el 4 de julio de 2003, cuando fuerzas americanas detuvieron a varios soldados de las fuerzas especiales turcas en la ciudad de Sulaimaniya y los humillaron colocándoles sacos sobre la cabeza al llevárselos detenidos. Sólo la intervención del Vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney, dos días después, permitió la liberación de aquellos soldados, que, al parecer, habían estado preparando operaciones clandestinas dentro de la zona kurda.
Pese a que las tensiones no han desaparecido, el gobierno turco ha estado deseoso de recomponer las relaciones con los Estados Unidos, pues también lo está de ejercer alguna influencia en la evolución de la situación en el Iraq. Así, pues, las autoridades respondieron rápidamente a la petición del gobierno Bush de que tropas turcas se unieran a la coalición, aunque fue una idea que no llegó a ver la luz... rechazada tanto por los kurdos como por el Consejo de Gobierno nombrado por los Estados Unidos en el Iraq.
Los Estados Unidos tienen sus propias razones para enmendar esa relación. El orden secular, capitalista y democrático de Turquía ha llegado a ser particularmente valioso para el gobierno de Bush, que aspira a integrar el gran Oriente Medio en el sistema mundial liberalizando su economía y democratizando su sistema de gobierno. Así, los Estados Unidos anunciaron a bombo y platillo apoyo permanente a la adhesión de Turquía a la UE, en particular en el discurso pronunciado por el Presidente Bush en junio en la Universidad Galatasaray de Estambul... en un puente que une Asia y Europa.
Pero siguen existiendo graves problemas bilaterales. El gobierno está irritado por que las fuerzas estadounidenses de ocupación no presten atención a las bases en el Iraq septentrional del PKK, los insurgentes separatistas kurdos que han reñido una guerra de 15 años contra Turquía. Más en general, el gobierno considera a los EE.UU. demasiado complacientes con la evolución de la situación política kurda e indiferentes a las preocupaciones de Turquía por la independencia kurda. Por su parte, a los EE.UU. les desagradan las objeciones del gobierno a una utilización sin restricciones por su parte de la base áerea de Incirlik en la Turquía sudoriental, además de por las recientes tensiones con Israel.
Entretanto, Turquía se está aproximado más a la UE, tras haber superado el gobierno las objeciones nacionalistas en el Parlamento a la profundización de reformas amplias. Turquía mostró también su buena voluntad respecto de Chipre, al eliminar un persistente obstáculo político para la adhesión a la UE. Esas medidas propiciaron la reciente recomendación de la Comisión Europea para iniciar las negociaciones al respecto con Turquía.
El proceso de adhesión a la UE ha sostenido un cambio de la política de Turquía en el Iraq. Anteriormente, su único interés en relación con este país se refería a su problema interior con los kurdos. Pero la generalizada oposición europea a la guerra eliminó la posibilidad de la intervención militar turca, lo que obligó al gobierno a adoptar otra visión de los intereses turcos.
Al mismo tiempo, los kurdos iraquíes parecen darse cuenta de lo mucho que necesitan a una Turquía amistosa. La frontera septentrional con Turquía es su cuerda de salvamento hacia el mundo exterior. Gracias a eso, Turquía ya no considera un Iraq federalizado una amenaza para su seguridad, mientras cada una de las unidades federales mantenga cierto grado de diversidad étnica.
Naturalmente, Turquía sigue opuesta a un Kurdistán independiente. Pero ahora su preocupación está más estrechamente vinculada con la política regional que con la cuestión kurda. Turquía no desea hacer de contrapeso estratégico al Irán y considera que sólo un Iraq territorialmente intacto puede seguir desempeñando ese papel. Además, preocupa a Turquía la posibilidad de una guerra civil en el Kurdistán entre las dos mayores facciones kurdas.
Pero, a diferencia del Irán y de Siria, Turquía desea sinceramente que haya un gobierno fuerte y representativo en Bagdad. Gracias a las presiones de la UE, el problema interior turco representado por los kurdos va camino de resolverse democráticamente, al haber expresado la mayoría de los dirigentes kurdos de Turquía su compromiso con la unidad turca.
Para que Turquía acariciara la idea de una intervención militar en el Kurdistán, los Estados miembros de la UE tendrían que renunciar primero a su compromiso de negociar la adhesión turca. Igualmente dramático sería cualquier intento por parte de los kurdos de cambiar por la fuerza el equilibrio demográfico de la multiétnica ciudad de Kirkuk.
Turquía preferiría que Kirkuk, con su gran población turcomana, recibiera un estatuto especial en el próximo proyecto de constitución iraquí. También los EE.UU. dan signos de entender la importancia del mantenimiento de un Kirkuk multiétnico y están presionando a sus aliados kurdos al respecto.
De modo que la diplomacia turca ha adoptado una actitud equilibradora muy bien concebida, al acercarse más a las posiciones europeas en el Oriente Medio, pero sin dejar de mostrarse deseosa de mantener relaciones estrechas con los EE.UU. Si dicha actitud da resultado, el puente de Europa con Asia podría también llegar a ser su puente con los Estados Unidos.


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