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¿Que hay en un BRIC?

SAO PAULO – El Brasil, Rusia, la India y China han celebrado recientemente  su segunda cumbre anual en Brasilia. Los periodistas siguen prodigando atención a esos llamados países “BRIC”, pero yo sigo sintiendo escepticismo ante ese concepto.

Goldman Sachs acuñó el término en 2001 para señalar las oportunidades de beneficios en los denominados “mercados en ascenso”. La proporción del PIB  mundial representada por los BRIC pasó del 16 por ciento en 2000 al 22 por ciento en 2008. Colectivamente, tuvieron unos resultados mejores que la media en la posterior recesión mundial. Juntos, representan el 42 por ciento de la población mundial y un tercio del crecimiento económico mundial en los diez últimos años. Dejando de lado a los Estados Unidos (que ocupa la tercera posición por población), el crecimiento económico anual en los cuatro países más populosos –China, la India, Indonesia y el Brasil– fue superior a 5-6 por ciento en el período 2000-2009.

Evidentemente, se trata de una buena noticia para la economía mundial, pero ese término económico ha adquirido una vida política propia, pese a que Rusia no acaba de encajar demasiado en esa categoría. Como comentó Beijing Review, “cuando Goldman Sachs creóla sigla BRIC en 2001, ni los economistas ni el resto del mundo imaginaron que el Brasil, Rusia, la India y China acabarían sentándose un día a crear una plataforma”. En junio de 2009, los ministros de Asuntos Exteriores de los cuatro países se reunieron por primera vez en Yekaterinburgo (Rusia) para transformar una sigla pegadiza en una fuerza política internacional.

Los BRIC cuentan con 2,8 billones de dólares o el 42 por ciento de las reservas de divisas mundiales (si bien la mayoría son chinas). Así, pues, en Yekaterinburgo el Presidente ruso, Dmitri Medvedev, declaró que “no puede haber un sistema mundial de divisas logrado, si los instrumentos financieros que se usan están denominados en una sola divisa”. Después de que China superara a los EE.UU. como mayor socio comercial del Brasil, este país y China anunciaron planes para establecer el comercio en sus divisas nacionales y no en dólares. Aunque Rusia representa sólo el 5 por ciento del comercio de China, los dos países anunciaron un acuerdo similar.

Después de la reciente crisis financiera, Goldman Sachs elevó la apuesta y formuló la proyección de que el PIB combinado de los BRIC podría superar el de los países del G-7 en 2027, unos diez años antes de lo que en un principio se había creído. Semejantes extrapolaciones simples de las tasas de crecimiento económico actual con frecuencia resultan equivocadas a consecuencia de acontecimientos imprevistos, pero, sean cuales fueren los méritos de esa proyección económica lineal, el término BRIC sigue teniendo poco sentido para las evaluaciones a largo plazo de las relaciones entre las potencias mundiales.

Si bien una reunión de los BRIC puede ser conveniente para coordinar tácticas diplomáticas a corto plazo, ese término agrupa países muy diferentes que tienen profundas divisiones. Tiene poco sentido incluir a Rusia, antigua superpotencia, junto a tres países en desarrollo. De los cuatro miembros, Rusia tiene la menor población y la más alfabetizada y una renta por habitante mucho mayor, pero –y esto es más importante– muchos observadores creen que Rusia está en decadencia, mientras que los otros tres están ascendiendo en cuanto a recursos de poder.

En la actualidad, Rusia no sólo padece más las consecuencias de la recesión mundial, sino que, además, afronta graves desventajas a largo plazo: falta de exportaciones diversificadas, gravísimos problemas demográficos y de salud y, como ha dicho el propio Medvedev, una necesidad urgente de “modernización”. Como señaló recientemente The Financial Times, tan sólo dos decenios atrás “Rusia era una superpotencia científica, que hacía más investigaciones que China, la India y el Brasil juntos. Desde entonces se ha quedado rezagada no sólo respecto del crecimiento científico fuera de serie de China, sino también del de la India y del Brasil”.

Cuando examinamos detenidamente las cifras, el núcleo de la sigla BRIC resulta ser el aumento de los recursos de China, pero el papel del Brasil resulta una sorpresa agradable. Cuando se inventó la sigla BRIC, The Economist objetó que “un país con una tasa de crecimiento tan exigua como sus bañadores, que era presa de cualquier crisis financiera que hubiese por ahí, un lugar de inestabilidad política crónica y cuya infinita capacidad para despilfarrar sus evidentes posibilidades era tan legendaria como su talento para el fútbol y los carnavales, no parecía cuadrar junto a esos titanes en ascenso”.

Ahora, como observa The Economist, “en ciertos sentidos, el Brasil supera a los otros BRIC. A diferencia de China, es una democracia. A diferencia de la India, no tiene insurgentes, conflictos religiosos ni vecinos hostiles. A diferencia de Rusia, no exporta sólo petróleo y armas y trata a los inversores extranjeros con respeto”.

Desde que puso freno a su inflación y aplicó reformas del mercado en el decenio de 1990, el Brasil ha mostrado una impresionante tasa de crecimiento económico de un 5 por ciento, aproximadamente. Con un territorio casi tres veces mayor que el tamaño de la India, con el 90 por ciento de sus 200 millones de habitantes alfabetizado, un PIB de dos billones de dólares, equivalente al de Rusia y una renta por habitante de 10.000 dólares (tres veces la de la India y casi dos veces la de China), el Brasil tiene unos recursos de poder impresionantes. En 2007, el descubrimiento de unas inmensas reservas de petróleo frente a sus costas fue una premonición de que el Brasil llegaría a ser una potencia importante en la esfera energética.

El Brasil, como los demás BRIC, afronta también varios problemas graves. Ocupa el puesto 75º de entre 180 países en el índice de impresiones sobre la corrupción de Transparencia Internacional (frente al 79º de China, el 84º de la India y el 146º de Rusia). El Foro Económico Mundial clasifica al Brasil en el 56º puesto de entre 133 países desde el punto de vista de la competitividad económica (frente al 29º de China, el 49º de la India y el 63º de Rusia). La pobreza y la desigualdad siguen siendo problemas graves. El coeficiente de Gini que corresponde al Brasil es 0,57 (1 es la mayor desigualdad, en la que una persona recibe toda la renta), frente a 0,45 de los Estados Unidos, 0,42 de China, 0,37 de la India y 0,42 de Rusia.

Así, pues, ¿hasta qué punto deben los analistas tomarse en serio el término BRIC? Como indicador de las oportunidades económicas, deben acogerlo con interés, aunque tendría más sentido, si Indonesia substituyera a Rusia. Desde el punto de vista político, China, la India y Rusia se disputan el poder en Asia y el Brasil y la India han sufrido las consecuencias de la infravaloración de la divisa de China. De modo que no es probable que la de los BRIC llegue a ser una seria organización política de Estados con una mentalidad parecida.

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