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Relanzamiento del debate sobre misiles
Richard Weitz
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WASHINGTON, DC – El debate entre Estados Unidos y Rusia por los planes norteamericanos de desplegar defensas contra misiles balísticos en Europa se está recalentando nuevamente. Las diferencias persistentes con Polonia sobre sus condicionamientos para aceptar misiles interceptores de defensa han llevado a las autoridades estadounidenses a sugerir que podrían considerar a Lituania como una base de emplazamiento alternativa. El objetivo de este cambio parece ser el de obligar a Polonia a mostrar una mayor flexibilidad en las negociaciones, pero la idea de que Estados Unidos establezca bases militares en un país que alguna vez formó parte de la Unión Soviética ha desatado la ira del Kremlin.
En junio, el principal negociador norteamericano sobre el tema, John Rood, voló a Lituania para informar a su gobierno sobre la situación de las negociaciones polaco-norteamericanas. Estados Unidos intenta emplazar diez misiles interceptores en Polonia y una estación de radar avanzada de defensa contra misiles en la República Checa. Esta semana la secretaria de Estado Condoleezza Rice visitó Praga para firmar un acuerdo con los checos, pero las conversaciones polaco-norteamericanas, en cambio, siguen estancadas.
Si bien el Departamento de Estado norteamericano se negó a definir las discusiones de Rood en Vilnius como negociaciones formales sobre un posible sitio alternativo, el Departamento de Defensa admitió que Estados Unidos estaba considerando otras opciones llegado el caso de que las conversaciones con Polonia se mantuvieran en un punto muerto.
El ministro de Defensa lituano, Jouzas Olekas, a la vez que afirmó que esperaba que Polonia y Estados Unidos llegaran a un acuerdo, agregó que “Lituania consideraría la posibilidad de participar en el escudo antimisilístico si se lo pidieran. Deberíamos considerar todos los pros y los contras”.
Dos factores impidieron que se consumara un acuerdo entre Polonia y Estados Unidos. Las autoridades polacas quieren una compensación traducida en modernización militar financiada por Estados Unidos y otras medidas destinadas a asegurar que la seguridad de Polonia no se vea afectada por los emplazamientos. De hecho, las autoridades rusas han sugerido una seria represalia en el caso de que Polonia aceptara los interceptores.
En los últimos meses, las autoridades norteamericanas han ofrecido propuestas destinadas a apaciguar las preocupaciones de seguridad rusas sobre las planeadas defensas contra misiles balísticos (DMB). Las medidas avizoradas de fomento de la confianza apuntan a aumentar la transparencia de las operaciones en la base ante el gobierno ruso y limitar cualquier amenaza teórica que los sistemas pudieran plantear al propio arsenal misilístico de Rusia.
En su cumbre de abril de 2008 con el presidente Bush en Sochi, el entonces presidente ruso Vladimir Putin elogió lo que inusualmente describió como esfuerzos sinceros por parte de Estados Unidos por responder a las preocupaciones de seguridad de Rusia. Putin les dijo a los medios que “de hecho, en principio, se pueden detectar medidas adecuadas de fomento de la confianza y transparencia”. Pero el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, recientemente dijo que el diálogo ruso-norteamericano sobre las medidas de fomento de la confianza “está estancado”.
Los detalles precisos con respecto a lo que están ofreciendo los norteamericanos siguen sin ser claros, pero fuentes rusas y norteamericanas han revelado su contenido básico. Estados Unidos ha propuesto que el personal ruso pueda, con la aprobación de los gobiernos huésped, realizar inspecciones minuciosas en las bases. Por otra parte, las autoridades norteamericanas han ofrecido no poner en funcionamiento los sistemas hasta que Irán demuestre una capacidad para atacar a Europa con misiles balísticos. Finalmente, las autoridades norteamericanas han indicado que aceptarían límites en la escala de los sistemas DMB emplazados en las proximidades de Rusia para no amenazar con doblegar el propio arsenal de misiles balísticos de Rusia.
Traducir estos conceptos en limitaciones operativas en el control de armamentos ha resultado un desafío. Para empezar, todavía no resulta del todo claro cuál es el papel de Rusia a la hora de determinar si Irán es capaz de amenazar a Europa con ataques misilísticos, lo que justificaría activar los interceptores misilísticos en Polonia. Los dos bandos han diferido durante años respecto de si Irán plantea o no una amenaza genuina para la seguridad de la OTAN.
Desde hace mucho tiempo, analistas rusos vienen acusando a los norteamericanos de exagerar las capacidades iraníes a fin de justificar el emplazamiento de sistemas DMB en Europa que, en realidad, apunten a contrarrestar el propio poder nuclear de Rusia. Las autoridades norteamericanas insisten en que no le darán a Rusia el derecho a vetar las operaciones de las defensas misilísticas occidentales.
Por otra parte, Putin y otros funcionarios rusos están exigiendo que Rusia obtenga una presencia permanente en las instalaciones de DMB para monitorear sus operaciones. Lavrov ha declarado públicamente que Rusia insistiría en contar con una presencia militar permanente en los planeados sitios DMB en Polonia y la República Checa para monitorear lo que suceda en las instalaciones “segundo a segundo”.
Los líderes checos y polacos, que recuerdan períodos pasados de ocupación rusa y soviética, rechazan categóricamente la posibilidad de albergar una presencia rusa permanente. Un día después de la cumbre de Sochi, el vicecanciller de Polonia, Witold Waszczykowski, advirtió que una “presencia rusa en Polonia está fuera de discusión. En el pasado se había recurrido a una solución de este tipo y no volverá a repetirse”. El 5 de junio, el ministro de Relaciones Exteriores, Radoslaw Sikorski, reafirmó que Polonia estaba dispuesta a permitir que representantes del gobierno ruso tuvieran “acceso regular a las bases para inspecciones”, pero no la “presencia permanente” que buscaba Moscú.
En el pasado, la República Checa y Polonia también buscaron reciprocidad del Kremlin, pero las autoridades rusas han descartado como “ridícula” la idea de otorgar acceso a los representantes checos o polacos a los sitios de defensa rusos, incluso para inspecciones de corto plazo, y los propios checos y polacos parecen haber descartado la idea.
Aún así, sigue sin dilucidarse qué pasos podría tomar Estados Unidos para superar los temores rusos por una erupción de DMB –donde Estados Unidos rápidamente aumentaría la capacidad de sus defensas misilísticas en toda Rusia-. Por ejemplo, no resulta claro dónde podrían aplicarse los límites, cuánto podrían durar y si podrían restringir los programas conjuntos de investigación y desarrollo de DMB que Estados Unidos está realizando con aliados extranjeros como Australia, Israel y Japón.
Es más, no resulta claro cómo se implementarían estas medidas. La administración Bush elude los acuerdos de armamentos rígidos, ya que podrían restringir la flexibilidad norteamericana a la hora de responder rápidamente ante una amenaza. Sin embargo, en las recientes negociaciones sobre control de armamentos, los estrategas rusos han rechazado los acuerdos informales, insistiendo en que Estados Unidos negocie tratados formales con fuerza jurídica obligatoria. Justificadamente, los líderes rusos temen que un futuro gobierno checo, polaco, lituano o norteamericano pudiera decidir la no implementación de cualquier entendimiento informal, enfrentando a Rusia con un hecho consumado.
Richard Weitz es miembro y director de Gestión de Programas en el Instituto Hudson.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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