The Asian Century
Malaya y Sri Lanka: ¿política comunitaria o guerra comunitaria?
Wang Gungwu
La enconada guerra de terror en Sri Lanka -que fue la que prácticamente inventó la infamia de los ataques suicidas-parecía estar amainando últimamente. Pero la lucha entre la Presidente Chandrika Kumaratunga y el Primer Ministro Ranil Wickremesinghe, y el cisma al interior de los tigres tamiles amenazan con reiniciar la violencia. El duelo político se agravó recientemente cuando la Presidente, preocupada porque su rival, el Primer Ministro, era "demasiado suave" con los rebeldes tamiles, despidió a tres ministros y se apoderó de sus carteras. Ahora ella ha disuelto el parlamento y ha convocado a elecciones para abril, tres años antes de tiempo.
Después de haber vivido la guerra malaya de 1947-1960, a menudo me pregunto por qué ha sido tan difícil dar fin a la guerra en Sri Lanka. En apariencia, las dos guerras son similares en muchos aspectos. En Malaya, los chinos étnicos lucharon contra regimientos y la policía británicos y malayos, lo cual es comparable a la lucha de los tamiles contra los cingaleses en Sri Lanka. Al igual que a los tigres tamiles, a los comunistas malayos se les acusaba de terroristas, pero las bajas que infligieron fueron pocas en comparación con las muertes masivas que ambos bandos han causado en la guerra de Sri Lanka.
En ese entonces, las tensiones étnicas de Malaya generaron motines comunitarios en los que murieron tanto chinos como malayos. Sin embargo, nunca se permitió que se convirtieran en las abiertas matanzas comunitarias que la guerra en Sri Lanka ha producido frecuentemente.
¿Podría Sri Lanka haber aprendido algo de la experiencia malaya? ¿Podría importarse la estrategia militar malaya para contener las rebeliones? Expertos británicos que estuvieron en Malaya trataron de ayudar a los estadounidenses en Vietnam-obviamente sin éxito. Por supuesto, una de las razones del fracaso fue que los vietnamitas del sur no eran lo suficientemente distintos a los del norte para que funcionara la fórmula malaya de identificar y aislar según su raza a las comunidades rebeldes. Pero la guerra en Sri Lanka, dados sus orígenes étnicos, es más cercana a la experiencia malaya, de manera que tal vez esa estrategia podría haberse intentado.
Una segunda similitud yace en el hecho de que los británicos fueron la potencia imperial en ambos países. En el momento de su independencia, los líderes nacionales heredaron un conjunto similar de leyes y prácticas administrativas. En efecto, cuando Ceilán (ahora Sri Lanka) obtuvo su independencia, estaba mucho más a favor de la democracia y el sistema legal del common-law que Malaya.
¿Por qué entonces la política multicomunitaria funcionó al final en Malaya, y después tanto en Malasia como en Singapur, y fracasó estrepitosamente en Ceilán? Una de las razones clave debe ser la experiencia histórica de los cingaleses. Durante dos mil años tuvieron que defenderse de los ataques de los reinos tamiles expansionistas del continente. Al viajar por la isla admirando sus capitales antiguas, sobre todo las que fueron saqueadas por los reyes tamiles, y los santuarios budistas erigidos para contrarrestar el impacto del hinduismo, comencé a entender los traumas que soportaron los cingaleses. Lamentablemente, los tamiles que viven actualmente en los distritos de Jaffna al norte y al oriente de la isla probablemente sean descendientes de tamiles que también fueron víctimas de los mismos ataques externos.
Otro factor surge del hecho de que los tamiles, en general, estuvieron bajo una sucesión de administraciones portuguesas, holandesas y británicas a partir del siglo XVI, mientras que la mayoría de los cingaleses vivieron bajo su propio rey en el reino de Kandy hasta el siglo XIX. En particular, los sacerdotes budistas, quienes son los guardianes de la fe y han ejercido una gran influencia en la política de Sri Lanka desde mediados de los años cincuenta, fueron los que menos estuvieron en contacto con los gobiernos extranjeros. Ellos están decididos a limitar el poder hindú tamil en los asuntos de Sri Lanka y alientan a los líderes del país a no hacer demasiadas concesiones a la autonomía tamil.
Además, el aumento en el grado de rigidez de las negociaciones interétnicas desde que llegó al poder la familia Bandaranaike (de la cual es miembro la actual Presidente) estuvo acompañado de una serie de luchas ideológicas entre los políticos cingaleses, entre ellas, las encabezadas por diversos partidos socialistas y comunistas. Esta falta de unidad entre los cingaleses contribuyó a hacer que los gobiernos de Sri Lanka sean mucho más frágiles que los que sucedieron a los británicos en Kuala Lumpur y Singapur.
Sin embargo, la diferencia decisiva entre Ceilán y Malaya reside en el hecho de que, en Ceilán, las dos comunidades más importantes se consideran nativas, pues han vivido en las tierras que controlan durante más de veinte siglos.
En contraste, la península malaya, incluyendo la isla de Singapur, fue la tierra de los malayos (Tanah Melayu) antes de que los inmigrantes chinos e indios llegaran a establecerse ahí. Los británicos, que no depusieron a los gobernantes malayos y sí al rey cingalés en Kandy, se aseguraron de que el carácter nativo de los malayos quedara asegurado constitucionalmente desde el principio.
Una vez que los chinos reconocieron su lugar como recién llegados, tuvieron que aceptar que convertirse en nacionales del nuevo país era algo que tenían que ganarse. Aunque la mayoría de los chinos en Malasia hoy sienten que merecen todos los derechos de un ciudadano, no han insistido en la igualdad absoluta. En cualquier caso, nunca afirman ser nativos en ningún lugar, ni siquiera en Singapur, donde la etnia china forma las tres cuartas partes de la población.
La tragedia de Sri Lanka nos recuerda cuántas cosas pueden salir mal cuando los viejos entes políticos de Asia buscan establecer Estados nación modernos. Es aún más difícil cuando el complejo bagaje histórico exige sensibilidad y tolerancia mientras los protagonistas se empeñan en ver toda concesión como derrota.
Copyright: Project Syndicate, marzo de 2004.
Traducido del inglés por Mario de Gortari Rangel
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