The World in Words
La bomba que se desvanece
Aleksander Kwasniewski, Tadeusz Mazowiecki and Lech Walesa
VARSOVIA – El acuerdo de los presidentes estadounidense y ruso de renovar las reducciones de armas estratégicas ha revivido las esperanzas de que se llegue a la abolición mundial de las armas nucleares. Difícilmente se pueda exagerar su urgencia: las armas nucleares pueden caer en las manos de estados que puedan usarlas, así como en las de terroristas que no siguen los lineamientos de estado alguno, creando nuevas amenazas de proporciones inimaginables.
Sueño noble apenas hace unos cuantos años, la eliminación de las armas nucleares ya no es una idea propugnada únicamente por populistas y pacifistas; hoy ya ha sido adoptada por profesionales: políticos conocidos por su realismo y académicos conocidos por su sentido de la responsabilidad.
La invención de las armas nucleares –que sirvieron a la disuasión durante la Guerra Fría, cuando el mundo estaba dividido en dos bloques enfrentados- respondía a las necesidades y riesgos de la época. La seguridad dependía de un equilibrio del temor, como lo reflejaba el concepto de una destrucción mutuamente garantizada.
En ese mundo bipolar, sólo cinco potencias globales poseían armas nucleares, todas ellas miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Hoy, el escenario mundial es distinto. Con el movimiento Solidaridad polaco como detonante, el Pacto de Varsovia se disolvió, la Unión Soviética se desintegró y desapareció el mundo bipolar con su división entre Este y Oeste.
Sin embargo, el orden basado en la peligrosa doctrina de la disuasión mutua no fue sustituido por un sistema cimentado en la cooperación y la interdependencia. Le siguieron la desestabilización y el caos, acompañados por una sensación de incertidumbre e imprevisibilidad.
Hoy tres estados involucrados en conflictos poseen armas nucleares: India, Pakistán e Israel. Dado el desarrollo de programas nucleares en Corea del Norte e Irán, bien puede ser que ellos también se conviertan en países que las posean. También existe el peligro real de que este grupo se amplíe hasta incluir estados cuyos gobiernos no siempre estarán guiados por consideraciones racionales. Además, existe el riesgo de que este tipo de arnas caiga en manos de actores paraestatales, como los grupos terroristas.
No será posible poner en práctica un régimen eficaz de no proliferación a menos que las principales potencias nucleares, especialmente Estados Unidos y Rusia, den pasos urgentes tendientes al desarme. En su conjunto, poseen cerca de 25.000 ojivas nucleares, o un 96% de arsenal nuclear mundial.
El hecho de que el Presidente estadounidense Barack Obama reconozca estos peligros nos permite abrigar esperanzas. Notamos con satisfacción que la nueva administración de EE.UU. no ha hecho oídos sordos a estadistas y científicos que llaman a la abolición de las armas nucleares. De hecho, la meta de un mundo sin armas nucleares fue incorporada a la agenda de desarme y control de armas de los Estados Unidos. Asimismo, apreciamos las propuestas del Reino Unido, Francia y Alemania, mientras que recientemente Rusia también ha dado señales en Ginebra acerca de su disposición a abrazar iniciativas de desarme nuclear.
Quienes se oponen al desarme nuclear solían argumentar que esta meta era inalcanzable sin un sistema eficaz de control y verificación. Sin embargo, hoy en día la comunidad internacional tiene a su disposición medios adecuados de control. De importancia clave son las salvaguardas de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
El mundo debe tener garantías de que los reactores nucleares de uso civil no se utilizarán para fines militares, condición para que los estados que no poseen armas nucleares tengan un acceso irrestricto a las tecnologías nucleares, como hace poco lo propusiera el Primer Ministro británico Gordon Brown en su iniciativa de acuerdo nuclear para nuestros tiempos. Esto es especialmente urgente en la actualidad, con la búsqueda de nuevas fuentes de energía y el "renacimiento" de la energía nuclear.
La Conferencia para el examen del Tratado sobre No Proliferación de Armas Nucleares, que se ha de realizar el año 2010, pone de relieve la urgencia de formular las prioridades. El Comité Preparatorio se reunirá en Nueva York en mayo, y ahí es donde se deberían tomar las decisiones necesarias. Las principales expectativas son una reducción de los armamentos nucleares, una reducción de la cantidad de ojivas listas para ser lanzadas (desalerta), negociaciones acerca de un Tratado para la Prohibición de Materiales Fisibles, la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, y otras formas de fortalecer la implementación práctica del Tratado de No Proliferación, especialmente su adopción universal.
Ha llegado el momento de un cambio fundamental en las medidas de la Conferencia de Desarme realizada en Ginebra, que por años se ha demostrado ser insuficiente para cumplir las expectativas de la comunidad internacional. Compartimos el punto de vista expresado por los académicos, políticos y expertos del Grupo Internacional de Reflexión de Varsovia, de que se debería considerar la opción de cero armas nucleares como base para un futuro acuerdo multilateral de desarme nuclear.
El informe del Grupo, Examen al control de armas: No proliferación y desnuclearización, elaborado bajo la presidencia de Adam D. Rotfeld de Polonia y cuyo borrador fue escrito por el académico británico Ian Anthony del SIPRI (Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz), se basó en contribuciones de analistas de seguridad de potencias nucleares y Polonia, así como de países que han poseído armas nucleares (Sudáfrica) y países de la antigua órbita soviética en cuyo territorio se guardaron alguna vez (Bielorrusia, Kazakistán y Ucrania). El hecho de que estos países se desnuclearizaron como parte del programa de Desarme Seguro es una valiosa lección.
Debe ponerse en movimiento el proceso de desarme nuclear gradual. No producirá resultados de la noche a la mañana, pero nos daría una sensación de dirección, una posibilidad de fortalecer los mecanismos de no proliferación y una oportunidad de crear un sistema global y cooperativo de seguridad nuclear.
La amenaza más mortífera a la seguridad global es una ola cualitativamente nueva de proliferación nuclear. Las potencias que poseen los mayores arsenales tienen la mayor responsabilidad de evitar esto. Confiamos en que los presidentes estadounidense y ruso, y los líderes de todas las demás potencias nucleares, muestren la sabiduría y la valentía de los verdaderos estadistas y den comienzo al proceso de liberar al mundo de la amenaza nuclear. No obstante, con todo lo importante que es esta meta para el orden y la seguridad internacionales, de igual importancia son el respeto de los derechos humanos y los derechos de las minorías, y el establecimiento a escala mundial de la democracia y el imperio de la ley.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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