European Economies
Cómo evitar la próxima crisis bancaria en Europa
Nicolas Véron
|
|
|
|
Mientras las ondas de choque del desastre subprime de Estados Unidos siguen reverberando, hay dudas crecientes de la capacidad de Europa para manejar una crisis financiera de gran escala. Hay serias lagunas en la regulación bancaria –en Alemania, Inglaterra y tal vez en Francia- que han dañado la credibilidad de los sistemas nacionales de supervisión. Pero esto es sólo parte del problema. La Unión Europea sigue muy mal preparada para manejar crisis que aún no han sucedido: las crisis transfronterizas desencadenadas por la creciente interdependencia de los bancos de la UE.
La integración financiera de la UE empezó de lleno en los años ochenta, y la Comisión Europea y el Consejo Europeo hicieron grandes avances en la reforma del sector financiero. Entre los puntos importantes estuvieron las decisiones en 1986-1988 de eliminar todas las restricciones a los flujos transfronterizos de capital y la puesta en marcha en 1999 de un plan de acción legislativo sobre servicios financieros. Se introdujo el euro, que rápidamente se convirtió en la segunda moneda del mundo, después del dólar.
Tal vez menos notoria, la decisión de adoptar las Normas Internacionales de Información Financiera en 2000-2002 fue el inicio de un cambio extraordinario hacia la armonización global de las normas de contabilidad. Mientras tanto, la firme defensa por parte de la Comisión de la competencia en el sector bancario –particularmente en Portugal, Alemania, Italia y Polonia- acabó con una era de proteccionismo disfrazado de control prudencial; esto ayudó a fomentar la integración financiera transfronteriza a un nivel sin precedentes en las economías desarrolladas.
Estos logros se dieron en un período de estabilidad extraordinaria en los mercados financieros europeos. Incluso durante los aciagos días del Sistema Monetario Europeo en 1992-1993, Europa parecía un refugio seguro en un mundo financiero turbulento. Muchos países de fuera de la Comunidad Europea sufrieron crisis bancarias, incluyendo a sus vecinos Noruega, Suecia, Finlandia y Turquía, así como muchos países de Europa del Este durante su transición del comunismo.
En contraste, los fracasos bancarios más serios al interior de la CE en los años noventa –incluyendo BCCI, Crédit Lyonnais y Barings – tuvieron sólo un costo fiscal limitado y un impacto insignificante en el crecimiento. Más tarde, los escándalos de gobernanza corporativa en Asia y posteriormente en Estados Unidos, particularmente después de la burbuja de Internet y las debacles de contabilidad de Enron, WorldCom y otros, llevaron a los europeos a pensar que el “viejo continente” había conservado de alguna manera criterios más estrictos.
La tormenta provocada por las hipotecas subprime acabó con ese buen tiempo de complacencia. Desde la perspectiva de las políticas públicas, ya se pueden señalar tres puntos.
Primer las buenas noticias: el Banco Central Europeo demostró ser un prestamista eficiente de último recurso para el sistema financiero europeo. Cuando la crisis estalló de lleno en agosto de 2007, el BCE reaccionó con rapidez e intervino mientras el mercado interbancario necesitó ayuda. Los bancos de la zona del euro y más allá se beneficiaron. En contraste, la renuencia del Banco de Inglaterra a dar liquidez –a causa de preocupaciones sobre el “peligro moral”—fue una mala decisión.
En segundo lugar, sin embargo, la supervisión bancaria nacional en Europa quedó muy corta de las necesidades y ahora su credibilidad general está en duda. Las autoridades alemanas han sido deplorablemente tolerantes de la participación de los bancos comerciales en inversiones respaldadas por títulos complejas que se mantuvieron fuera de los balances mediante las llamadas operaciones por "conductos" en Irlanda.
Aun si los tres bancos alemanes que resultaron más afectados por la contracción del crédito – Sachsen LB, IKB y West LB – hubieran cumplido los requisitos de suficiencia de capital, sus “conductos” representaban factores altos de riesgo de aproximadamente el 30%, 20% y 13% de sus activos totales, respectivamente. Se necesitaba una supervisión mucho más estricta.
En Inglaterra, el colapso de Northern Rock subrayó los problemas de los tres organismos responsables de la estabilidad financiera: el Tesoro, la Autoridad de Servicios Financieros y el Banco de Inglaterra. En Francia, surgieron dudas sobre los controles del riesgo en bancos de inversión importantes – primero en Calyon, después en Natixis y finalmente y de forma espectacular en Société Générale en enero de 2008.
Por último, el actual desorden financiero resalta un problema viejo pero urgente en Europa: la falta de acuerdos creíbles para el manejo de crisis bancarias transfronterizas. Hasta hace poco, la mayoría de los bancos se concentraban en su país de origen, de manera que los riesgos quedaban bajo los sistemas nacionales de supervisión.
Pero ahora los bancos europeos han ampliado sus operaciones espectacularmente por toda la UE. Hace diez años, los activos no nacionales constituían apenas una sexta parte de los activos totales europeos de los bancos más grandes de la UE; actualmente la proporción ha crecido a una tercera parte. En contraste, la proporción de los activos que se tienen fuera de la Unión ha permanecido casi invariable.
Las fusiones y adquisiciones transfronterizas probablemente continuarán a un ritmo acelerado una vez que pase la turbulencia, lo que aumentará las posibilidades de una crisis bancaria transfronteriza importante. Tanto la teoría económica como las experiencias anteriores han demostrado que los reguladores nacionales dispersos que se enfrentan a presiones contradictorias no pueden manejar eficientemente esas crisis. Sin un marco para la supervisión más centralizada de un número limitado de bancos internacionales importantes, el costo de una futura crisis transfronteriza que afecte a alguno de ellos probablemente será mayor de lo que la economía europea puede resistir.
Por ello, hay muy buenas razones para incluir la discusión sobre nuevas instituciones prudenciales al nivel de la UE en la agenda política. Los acuerdos exactos tendrán que determinarse, pero deberán permitir que las decisiones se tomen más rápidamente y con mejor información, respetando al mismo tiempo las prerrogativas fiscales nacionales. Un sistema creado con un mandato estrictamente limitado podría ser más eficiente y menos controvertido que un solo regulador financiero que abarque todo. Es indudable que habrá cuestiones políticas y técnicas difíciles que se tendrán que resolver, pero el actual caos crediticio ha generado una nueva sensación de urgencia. Incluso Inglaterra, un constante oponente a las instituciones de regulación financiera de la UE, podría decidir que lo mejor para sus intereses como centro financiero de Europa sería la reforma.
Según la famosa declaración de Walter Bagehot, “el dinero no se administra solo”. El sector privado no puede actuar solo para arreglar el desorden financiero. Necesita el apoyo de instituciones públicas bien adaptadas. Un sistema actualizado de supervisión en la UE es más importante que nunca para que el sistema financiero europeo pueda cumplir sus funciones.
Nicolas Véron es investigador en Bruegel, el centro europeo de reflexión económica.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
You might also like to read more from Nicolas Véron or return to our home page.
|
|

