Hace poco, Turquía recibió, de manos de Gran Bretaña, el control de las Fuerzas Internacionales de Asistencia para la Seguridad en Afganistán. Como de costumbre, casi nadie se dio por enterado. Los problemas de Turquía (sean crisis financieras o la enfermedad actual del primer ministro Bulent Ecevit) son los que acaparan los titulares. Sus éxitos y contribuciones quedan relegados a las páginas interiores de los periódicos internacionales, si es que se mencionan siquiera.
No obstante, en el mundo forjado por los ataques terroristas en contra de Estados Unidos del año pasado, la identidad y las elecciones y alianzas que hizo Turquía en su histórica búsqueda por modernizarse han adquirido un mayor significado que nunca. El liderazgo turco de las fuerzas de paz en Afganistán, algo que es enormemente popular entre los turcos, subraya una vez más el hecho de que Turquía es la única nación musulmana que es miembro de la OTAN.
La posición de Turquía, entre el Islam y Occidente, hace que las políticas interna e internacional del país resulten fascinantes. En efecto, muchos turcos consideran al desarrollo de su país como una respuesta convincente ante cualquier noción de un "choque de civilizaciones" entre el Islam y Occidente.
La lógica del apoyo turco a la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo apareció en seguida . Muchos turcos vieron en los ataques en contra de los EU la justificación a sus esfuerzos, durante décadas, por atraer la atención mundial (y en particular la europea) hacia el flagelo del terrorismo. Al apoyar las operaciones estadounidenses en Afganistán y condenar al mismo tiempo los intentos por envilecer al Islam, el gobierno logró reconciliar los intereses estratégicos de Turquía con sus sensibilidades religiosas.
Los interminables debates en los programas de la televisión turca demostraron que la gente estaba razonando las cosas. En la medida en que algunos islamistas no rechazaron de inmediato la violencia en contra de civiles, parecen haber perdido apoyo del público. Además, la oposición secular de izquierda a las políticas de los EU evitó que las discusiones se centraran exclusivamente en el Islam. Al mismo tiempo, Turquía fue la sede de un "díalogo de las civilizaciones" en febrero entre la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión Europea. Los participantes de ambos lados encontraron causas comunes al expresar sus dudas en cuanto a las políticas estadounidenses.
Turquía sigue preocupada de que Irak pueda ser el próximo blanco de Estados Unidos. Irak es el único tema en el que los intereses estadounidenses y turcos difieren tajantemente. Ni los militares, ni el gobierno, ni la opinión pública en Turquía apoyan una campaña en contra de Irak. Lo mejor que los turcos pudieron obtener del vicepresidente Dick Chaney, durante su visita en marzo, fue una tibia garantía de que no había un ataque militar estadounidense en puerta.
Oficialmente, a Turquía le preocupa que la caída de Saddam Hussein dé como resultado una fractura irreparable del estado irakí. Bajo la superficie, se esconden las inquietudes turcas en cuanto al nacionalismo kurdo, y la forma en que eso podría amenazar la unidad turca desde más allá de la frontera con un Irak destrozado. No obstante, hay pocos turcos que duden que si los EU deciden enviar tropas terrestres a Irak, Turquía servirá de plataforma de lanzamiento e incluso podría participar.
Por otra parte, la relación generalmente positiva de Turquía con Israel se ha vuelto tensa, como resultado de la "Operación Escudo Defensivo" que ha implementado este país. A pesar de la ira del público hacia Israel, los militares turcos han seguido construyendo sus relaciones de seguridad con el Estado judío, y hace poco adjudicaron a Israel un lucrativo contrato de modernización de tanques.
Una encuesta realizada en mayo mostró que casi dos terceras partes del público se oponen a la posición de Turquía frente a la lucha entre israelíes y palestinos. Sin embargo, eso se ve mitigado a veces por el rechazo de la gente a los ataques suicidas en Israel. Un elemento adicional que ha capturado la atención del público fue el ataque en Hebrón en contra de un equipo de observadores internacionales que incluía a dos oficiales turcos. Los militares creen que el ataque, donde perdió la vida el mayor Cengiz Toytunc, fue perpetrado por palestinos.
Gran parte de la gente en Turquía está en contra de que se vincule al Islam con la violencia absurda de los terroristas. El énfasis del gobierno sobre el Estado secular turco y la tradición islámica tiene una gran aceptación y existe el sentir de que Turquía puede mediar entre Occidente y el mundo islámico.
Los partidos islámicos, cuyas fortunas políticas están reviviendo mientras los partidos seculares atraviesan otra crisis de confianza del público, han tenido cuidado de no explotar los resentimientos populares que puedan haberse desarrollado desde el 11 de septiembre. Tayip Erdogan, el líder de un partido islámico, sostuvo que los ataque en contra de civiles inocentes nunca se pueden justificar en términos religiosos.
Los islamistas, por supuesto, están bajo la vigilancia constante de los militares, quienes han intervenido en repetidas ocasiones en la política turca para defender la identidad política secular del país. No obstante, los partidos islámicos también reconocen el fuerte apoyo popular para que Turquía sea un país que pueda representar el rostro moderno del islam en el mundo contemporáneo.


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