El anuncio del Presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, de que se aumentaría las tasas de interés en la próxima reunión del Consejo de Gobierno del banco, que se realizará el 1º de diciembre, podría ser un momento decisivo de su presidencia.
Al anunciar por anticipado el aumento de la tasa, algo que los altos funcionarios del BCE llaman un paso hacia una mayor transparencia, Trichet demostró firmemente su autoridad en el Consejo de Gobierno. Antes del anuncio, las filtraciones a la prensa por parte de miembros disidentes habían sembrado confusión en la mente del público en cuanto a las preocupaciones e intenciones del banco.
A pesar de que en su interior ya había ido surgiendo un consenso de que sería necesario un aumento de las tasas en diciembre, unas cuantas fuentes disidentes del Consejo de Gobierno del BCE (algunas de ellas con sus propios planes e intereses personales) filtraron a la prensa información que se prestaba a confusión y, en un caso, era claramente falsa, en un inútil intento por hacer fracasar el alza.
En una filtración anónima a un importante servicio de noticias financieras, un funcionario del BCE afirmó falsamente que se necesitaba unanimidad para dar este paso, implicando que una sola voz en contra podía detenerlo. Enfurecido por lo que vio como una táctica de guerrilla, Trichet silenció rotundamente a estos creadores de problemas, mediante el audaz gesto de anunciar por anticipado el aumento, dos semanas antes de la reunión.
Esta no es la primera vez que las comunicaciones resultan problemáticas para el BCE. En más de una ocasión, tanto bajo Trichet como el ex presidente del BCE Wim Duisenberg antes de él, las filtraciones a la prensa y las crédulas respuestas que generan hicieron que el Consejo de Gobierno sonara más a una cacofonía de voces discordantes que a un cuerpo deliberante serio.
Ahora hay que reconocerle a Trichet que ha hecho algo para enfrentar este viejo problema, aunque no sin agitar el gallinero. Sus adversarios están furiosos con este anuncio anticipado, y algunos “halcones” (tal vez nostálgicos del estilo más colegiado de Wim Duisenberg) ven el gesto de Trichet como “petulante” y “controlador”. De hecho, el principal periódico financiero holandés atacó el preanuncio como un signo de debilidad de Trichet, más que de fortaleza, dando a entender que había perdido el control del Consejo de Gobierno.
Esto es injusto. La obstinación de los disidentes contra el consenso constituye un desafío directo a la autoridad de Trichet y le dejó pocas alternativas de acción. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Dejar que los disidentes socavaran su credibilidad personal y la del banco?
La nula voluntad de las minorías frustradas para aceptar un consenso bien puede hacer necesario que el Presidente del BCE adopte medidas tendientes a un mayor control de la junta de gobierno que el que se solía ver en el pasado o, de hecho, con el que pueda llegar a ser cómodo en el futuro. Más que todo, la controversia sobre el preanuncio demuestra que se necesita desesperadamente un espíritu renovado de consenso y funcionamiento colegiado en el Consejo de Gobierno del BCE.
Puesto que el preanuncio de Trichet de un alza moderada de las tasas de interés evoca visiones de una serie de pequeñas alza al estilo de las aplicadas por la Reserva Federal a lo largo de un extenso periodo de tiempo, el presidente del BCE también preanunció su poca inclinación a seguir los pasos de Alan Greenspan en este sentido. De hecho, incluso se podría decir que, puesto que se espera que la nueva autoridad de la Reserva Federal adopte un “control inflacionario” al estilo europeo, podemos estar entrando a un periodo en que la Reserva Federal siga al BCE en asuntos monetarios clave, en lugar de lo contrario.
“Control inflacionario” significa que un banco central pone el objetivo de la estabilidad de los precios por sobre cualquier otro. Esto es lo que hace el BCE... y lo que no hace la Reserva Federal de Alan Greenspan. “Control inflacionario” también significa que el banco central sigue ciertas reglas especificadas previamente. Esto también es algo que BCE hace y que Greenspan no hace.
Es irónico que el “control inflacionario” del que se ha mostrado partidario Ben Bernanke, que sucederá a Greenspan, se encuentra más cercano a la política monetaria del BCE que al activismo discrecional que la Reserva Federal ha practicado durante la larga presidencia de Greenspan.


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