Tuesday, September 23, 2014
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Problemas Tobin

CAMBRIDGE.– Los líderes europeos están considerando seriamente un impuesto Tobin, que implicaría una pequeña carga sobre las transacciones financieras y, por lo tanto, reduciría esas operaciones. ¿Pero puede lograr el impuesto todo lo que esperan sus impulsores?

La popularidad del impuesto (bautizado en honor al ya fallecido Premio Nobel de economía James Tobin, para quien el objetivo de la tasa era reducir la volatilidad de los tipos de cambio en los mercados de divisas), refleja una amplia animadversión hacia el sector financiero, pero supera por mucho los beneficios reales que generaría. Sin embargo, los funcionarios electos se ven fuertemente atraídos por un impuesto Tobin, ya que podría atemperar las críticas y desviar la atención de problemas fundamentales, pero políticamente paralizantes, vinculados con la política económica –en especial con los presupuestos, la deuda y el lento crecimiento.

Un impuesto Tobin presenta beneficios, aun si no logra solucionar suficientes problemas de los que actualmente afectan a los mercados financieros. Un impuesto a las transacciones de valores fomenta tenencias de más largo plazo. Grava la liquidez, que para muchos es excesiva. Fomenta el análisis fundamental del funcionamiento de las empresas y, según lo que esperan algunos de sus partidarios, impulsaría a las propias empresas a centrarse más en su valor de largo plazo.

Además, un impuesto Tobin desplaza a los operadores financieros –personas talentosas con sólidos hábitos de trabajo– hacia otras actividades, algo que (según esperan los encargados de las políticas) beneficiará más a la economía. Y, si las innovaciones financieras como los derivados y los acuerdos de recompra de corto plazo han aumentado la volatilidad y fragilidad de los mercados, un impuesto Tobin podría ayudar a estabilizarlos y fortalecerlos.

Si bien son todas metas valiosas, existen buenos motivos para creer que el impuesto no conducirá a la mayoría de ellas. Los accionistas de largo plazo por sí mismos no fomentan que los gerentes de las empresas prioricen el largo plazo. De hecho, en la medida que haya menos operaciones y eso reduzca la retroalimentación del mercado a las empresas y sus directores, puede llevar a los gerentes a actitudes complacientes. Los agentes pueden dejar de operar, pero quizá eso no lleve a los accionistas a realizar análisis fundamentales y de largo plazo: el auge de los fondos de inversión basados en índices, que incorporan una franja ampliamente diversificada del mercado de valores completo, refleja su tendencia a la pasividad.

Reducir la volatilidad y absorber el exceso de liquidez puede ser beneficioso, pero también conlleva riesgos: los reguladores pueden excederse fácilmente, dejando a los mercados financieros con menor capacidad para la determinación de precios e insuficiente liquidez.

Eso nos deja la esperanza de que un impuesto Tobin lleve a los operadores financieros con alto coeficiente intelectual a dedicarse a otra cosa, con mayores beneficios netos para la sociedad. Si los intercambios financieros actuales no ayudan a dirigir al capital hacia su mejor y más eficiente uso, reasignar el talento financiero ineficiente podría rendir grandes beneficios. ¿Pero es realmente el exceso de operaciones un problema económico crítico?

Consideren lo siguiente. La crisis financiera estalló en 2008 cuando los títulos respaldados por hipotecas fueron valuados a mucho menos de lo que se había creído que valían. El problema no fue el intercambio feroz de esos activos (en la mayoría de los casos eso no sucedió, por lo tanto un impuesto Tobin no los hubiera afectado mucho), sino que todos en los mercados financieros los revaluaron simultáneamente. Eso dejó a las instituciones financieras que poseían los títulos respaldados por hipotecas en una situación mucho más débil, y muchas quebraron. Al momento de la crisis en sí, sin embargo, el problema principal no fue un exceso de operaciones, sino su ausencia, ya que la liquidez dejó de existir para muchas transacciones financieras.

Sin embargo, existe un área en la cual un impuesto Tobin podría proporcionar un beneficio categórico. Muchas de las mayores instituciones financieras en condiciones más precarias ahora se financian a través de los acuerdos de recompra: compran un activo de largo plazo (a menudo deuda pública) y lo venden, prometiendo recomprarlo al día siguiente a un precio ligeramente mayor.

Limitar el mercado de los acuerdos de recompra podría resultar económicamente útil, ya que este financiamiento ha demostrado ser inestable: Bear Stearns y Lehman Brothers usaron mucho los acuerdos de recompra en formas que les impidieron soportar los reveses en las demás inversiones que efectuaban. Lo mismo ocurrió el otoño pasado a MF Holdings. Un financiamiento más sólido y de largo plazo podría haber permitido la supervivencia de esas empresas. Si un impuesto Tobin llevara a las instituciones financieras a financiarse con más deuda de largo plazo y menos acuerdos de recompra a un día, podría desempeñar un importante rol estabilizador.

Aunque es bien sabido que un impuesto Tobin tendría poco efecto sobre los mercados a menos que todos los grandes centros financieros lo adoptasen, lo que es cierto para los mercados financieros no necesariamente lo es también para las instituciones financieras. Si, digamos, el presidente francés Sarkozy, quisiera evitar que las instituciones francesas demasiado grandes como para dejarlas caer realizaran transacciones que las debilitaran, un impuesto Tobin de alcance mundial sobre sus transacciones podría funcionar; el impuesto afectaría a las instituciones, aun cuando no pudiese incidir sobre los mercados mundiales.

Ciertamente, los mercados podrían trasladar esas transacciones fuera de Francia y de las instituciones financieras francesas y, si los reguladores estuviesen equivocados –porque el negocio resultase rentable y no desestabilizara– las instituciones francesas saldrían perdiendo. Pero, si los reguladores estuviesen en lo cierto, las instituciones francesas serían más estables. Si el impuesto Tobin busca fortalecer instituciones (en vez de alterar los mercados), podría golpear fuerte, incluso sin la participación de todos los países de peso.

En síntesis, no hay mucho que decir en contra del impuesto (más allá de lo que puede afirmarse en contra de cualquier impuesto), y existen argumentos en su favor. Pero no ayuda a resolver los grandes problemas financieros, y aquel del que sí se ocupa (el financiamiento cortoplacista a un día), puede encararse en forma más directa, con un impuesto más enfocado, mejores normas para esas transacciones y mejor regulación prudencial.

Hasta ahora, las propuestas europeas de un impuesto Tobin no están bien dirigidas. Las transacciones sólidas serían gravadas tanto como el financiamiento a un día, desestabilizador de las instituciones financieras frágiles.

Un impuesto Tobin permite a los políticos electos, sin embargo, mostrarse en actitud de hacer algo útil –lo cual es cierto, pero sin ocuparse de problemas económicos más graves.

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  1. CommentedJonathan Lam

    Gamesmith94134: global finance’s Supply-chain Revolution
    “Open feedback mechanisms ensure a supply chain’s ability to respond to a changing environment, but, in the case of financial supply chains, feedback mechanisms can amplify shocks until the whole system blows up.” It was because there is no firewall available during the crisis, and the pipeline was open with few operators in the financial control like Mr. Sheng said, also, there is even fewer currencies like Euro-dollar only was available in most transactions, even though the public funds like sovereignty debts were being privatized in the open trade, and it create the explosion by volume in sum of money was credited. Firewalls I took off the technical terminology means there is no safety transitory zone established physically, that our financial system allowed the flow in the supply chain freely as the computerized transaction allowed, and there is less time available for reexamination on application of control, source of origin, birth of credits.
    Especially, when the parties took the international reserves for granted that Fed and ECB cut it interest rates to its minimal for the non-inflationary measure that many would consider money are free if they can beat the time. Generally, the 22 players turned the international financial market into their casino. When their governments were the ones who called to upbeat its economies from the recession after the expansion of the debts hitting it fiscal ceiling, and the slow down cut their productivity in near recession. At the same time, the rigid exchange rate went lopsided that created the tension between the debtor and creditor. It exploded.
    At present, the financial system must evolve itself with firewalls that stop contagion of the collateral damage over the money with no backing, and shrink the pool of cash for credit lending. Some might call it deleverage of the past 20 years mishaps, or change of climate in our global financial that the supply-chain must stop and check itself; besides, most of us would know by now that money supply and productivity are not on the same parallel at certain point under the influence of inflation an deflation. Without the assurance of the balance payment or imbalance of its exchange rates, the supply-chain will reverse itself.
    Perhaps, I like it better if the sovereignty debt and private investment should not be classified as same in enjoying the low interest rate, that sovereignty debt should be handled separately by the Central Banks and World Bank if it does affect the exchange rate when evaluated by IMF for it answer to lack of control.
    Transfer Unions must be established to void unsafe transaction and the Trans-continental Zoning to confirm the source of the origin on all transactions when the transaction is registered to enter its zones, or cut hot cashes that undervaluing ones currency from another that influences the international currency exchange rate. Besides, I see the floating rate system is a joke if it put sovereignty in defensive; and it should go with its yardstick like performance that values at each quarters.
    Finally, international banks are “too big to fall” should became a legend only, and they must be downsized that international is not licensed to evade sovereignty. There are more of reforms available in regional account and obey to safety net where it allows. Perhaps, if the banker can purchase these sovereignty bonds and metro bonds from the central bank like FED or ECB instead of chasing the wild goose in the open market; the general public can have some credits available for doing business.
    If someone question on the equities dealing among the banks, why only the politicians who talk over the policy on financial and there is no financial police system to oversight the banking as a whole. I think the United Nations Security Council can build a better division on financial security than G7 or G20, and it is inclusive for the globalized finance and my past experience tells me so. Evolve or not, we may stand by and watch the outcome of our present crisis and it not over yet till everyone would feel safe from hegemony through these firewalls. If some suggest cooperation from community in forgiving ones’ debt, it would be worse than my New Year project in losing weight every year, and I have been laughing at myself all my life. Without firewall in safeguard one’s wealth, each would isolate itself from contagion for a long, long time.
    May the Buddha bless you?

  2. CommentedProcyon Mukherjee

    The article ignites some long standing doubts on the contribution of the financial sector towards the overall economic good. Going by the corporate sector, there can be no doubt that the financial sector had served to their cause by bringing a range of products and services that were quite non-existent. This allowed the corporate sector to confront the shocks with far higher resilience and it provided checks and balances to the overall functioning between boom-bust cycles. The question is how some of these instruments have been used and to what extent the risk taking ability have brought in market distortions that went beyond the limits of normative assumptions that went into the creation of these instruments. The fact remains that the buoyancy brought in by the financial sector towards availability of credit for a range of activities from leveraging to access to pool resources and pool risk have gone far beyond the original expectations that this buoyancy was intended to generate; the malaise perhaps lies more in the leadership that guided management of these instruments. There are many examples of entities that blossomed and flourished in the same conditions, while the others went broke.

    Procyon Mukherjee

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