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A Rusia con medios sociales

MOSCÚ – Recientemente formé parte de una delegación del Departamento de Estado norteamericano y la Casa Blanca a Rusia. Nuestra misión era fomentar la cooperación ruso-norteamericana, en cumplimiento de las políticas de Estados Unidos sobre “el arte de gobernar en el siglo XXI” y la diplomacia ciudadana. Todo esto suena muy probo, ya que lo que más les interesaba a los rusos era cómo construir su propio Silicon Valley.

Los rusos pensaban que el camino a seguir era darles a las compañías tecnológicas una cierta cantidad de dinero e instalarlas cerca de una gran universidad. Listo: un nuevo Silicon Valley. Por su parte, la delegación norteamericana suponía que uno puede verter una dosis de redes sociales y crear una sociedad civil. En cuanto a lo que a mí concierne, asistí con mis habituales nociones cínicas, nacidas tras viajar a Rusia cada tantos meses durante los últimos 20 años.

Conformábamos un grupo heterogéneo de nueve expertos en tecnología, entre ellos el CEO de eBay, John Donahoe, el presidente de Mozilla Foundation, Mitchell Baker, y el fundador de Twitter, Jack Dorsey. Y también estaba el actor Ashton Kutcher, de quien yo apenas había oído hablar. A pesar de su fama, resultó ser un tecnólogo serio y un comunicador extremadamente bueno.

Las lecciones que aprendimos en el viaje son relevantes para cualquiera que quiera crear un Silicon Valley, o simplemente una organización “al estilo Silicon Valley” –es decir, capaz de innovar e implementar las innovaciones, generando ganancias, trabajadores felices, emprendedores seriales y una economía moderna y vibrante.

De hecho, yo empecé mi discusión con los líderes del gobierno ruso hablando sobre mis experiencias como presidenta de la comisión asesora de Innovación y Tecnología de la NASA. La cuestión, dije, no tenía que ver, en realidad, con financiar la innovación tecnológica, sino con crear una cultura que recompense la innovación inteligente y considere que los errores son el precio del aprendizaje.

Otro requisito es tener buenos clientes –vale decir, clientes dispuestos a pagar una buena suma de dinero por productos buenos y servicios buenos, que quieran probar cosas nuevas que resulten prometedoras y ofrezcan retroalimentación, y que no quieran aceptar sobornos.

Todo esto es más difícil que simplemente construir una universidad y financiar un puñado de empresas nuevas. Es necesario cambiar una cultura desde abajo hacia arriba –y luego dejar que las empresas crezcan, sin demasiada interferencia, pero protegidas de los monopolistas, los malos clientes y los burócratas.

Al final, la delegación produjo un documento extenso con 21 recomendaciones separadas. Pero, como me escribió un ruso más tarde: “En los últimos 20 años, ha habido literalmente cientos de delegaciones similares… La mayoría de sus recomendaciones siguen… en un estante en alguna parte, sin implementar y olvidadas”.

De modo que me concentré en un proyecto individual, una potencial versión rusa de un servicio recientemente implementado en Estados Unidos como Text4Baby, que invita a las mujeres embarazadas a inscribirse por SMS para recibir periódicamente mensajes y preguntas (aumento de peso, si el bebé patea, si la madre está consumiendo alcohol) por celular. El sistema monitorea las respuestas y envía a la mujer a una clínica si las respuestas están fuera de los parámetros normales. Dependiendo de la infraestructura médica alrededor, también puede enviarla a una clínica para un chequeo prenatal de rutina.

En Estados Unidos, el proyecto fue iniciado por Voxiva Corp. (yo estoy en la junta) con el apoyo de una variedad de patrocinadores comerciales (entre ellos, Johnson ampamp; Johnson) y mensajes SMS gratuitos de todos los principales operadores de telefonía celular. En Rusia, parte del desafío es encontrar patrocinadores locales. Pero, en cualquier mercado, el mayor desafío es encontrar a alguien que asuma la responsabilidad del proyecto (y dar con los auspiciantes).

En Rusia, esa persona es Elena Dmitrieva, directora de la Healthy Russia Foundation (Fundación Rusia Saludable), que hoy está en tratativas con patrocinadores locales y el gobierno ruso, quien debe suministrar o al menos respaldar los protocolos médicos que implementará el sistema, y también sugerir por geografía las clínicas a las que se debería enviar a las mujeres.

Todo esto suena como mucho trabajo por hacer, y así es. Pero, como constantemente nos recuerda John Donahoe de eBay: “Los proyectos no suceden a menos que haya una persona responsable, un plan y una fecha límite”. Esa frase, en mi opinión, tal vez contenga el consejo más importante que dejemos como legado.

Más allá de eso, fomentamos las conexiones que se producían a nuestro alrededor. La mayoría de nuestros encuentros estaban organizados de una manera convencional: reuniones con educadores, reuniones con emprendedores, reuniones con empresarios (todos hombres), estudiantes de escuela secundaria, y demás. Pero hubo unas pocas reuniones donde los grupos se entremezclaron y muchas ocasiones en las que pensábamos “Ah, este emprendedor debería reunirse con aquella ONG”. Ya hemos conectado a algunos de ellos por correo electrónico.

Lo interesante fue que no sólo los burócratas parecían atrapados en los viejos tiempos. También muchos de los líderes de ONGs, que criticaban de manera abstracta al antiguo estado soviético, mientras sus asistentes jóvenes estaban sentados en silencio en el fondo.

El gobierno ruso (al igual que el soviético antes que él) sin duda considera a la sociedad civil como una amenaza. De hecho, algunas ONGs son una amenaza. Pero nuestro mensaje implícito era que la sociedad civil es algo que tendría que poder florecer si las autoridades quieren un Silicon Valley ruso –o simplemente, incluso, un país cohesivo.

La sociedad civil no es mera política: es un restaurante que le da comida sin usar a los pobres. Es una compañía con fines de lucro como Twitter que ofrece su servicio gratuito a ricos y a pobres por igual (aunque los anunciantes se concentren en los ricos). Son emprendedores exitosos que guían a emprendedores incipientes, y ONGs que se involucran no sólo con el gobierno, sino también con empresas comerciales para obtener apoyo destinado a actividades que abordarán problemas sociales exasperantes como la mortalidad materna e infantil.

Sí, los lectores atentos percibirán que Elena Dmitrieva todavía no tiene una fecha límite para lanzar un Text4Baby ruso. Ya le encontraremos la vuelta cuando Elena y yo nos volvamos a reunir en la ciudad de Nueva York a fines de este mes.

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