Friday, October 24, 2014
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Esos caprichosos fondos de riqueza soberana

NUEVA YORK – Hace dos años, los fondos de riqueza soberana (FRS) eran los cucos de las finanzas mundiales. Luego llegó la crisis financiera global, y las preocupaciones que inspiraban parecieron desvanecerse. Ahora que la crisis está cediendo, los temores por los FRS y su comportamiento están regresando.

A los FRS les gusta definirse a sí mismos como vehículos de inversión políticamente independientes y con una motivación comercial. Pero los últimos dos años han demostrado que, en una crisis, no son inmunes a las presiones políticas para que vuelvan a concentrar sus asignaciones de carteras en inversiones domésticas. Esta tendencia en tiempos de reveses económicos sugiere que los FRS no son los accionistas estables y de largo plazo de las firmas extranjeras que ellos (y algunos analistas) dicen que son.

En los años posteriores al 2000 pero antes de que estallara la crisis financiera, la proporción de inversiones de capital de los FRS asignadas a mercados extranjeros había estado creciendo, hasta alcanzar un pico de 90% durante el segundo trimestre de 2008. En cambio, en el segundo semestre de 2008 se hizo evidente un claro repliegue de los FRS hacia los mercados domésticos. De hecho, a medida que la crisis financiera se propagó a los mercados emergentes que tienen la mayor parte de los FRS, la proporción de inversiones extranjeras dentro de las carteras de los FRS cayó a aproximadamente el 60%.

En la segunda mitad de 2009, cuando la economía mundial se recuperaba, esta tendencia se revirtió. Pero el mensaje es claro: cuando las economías domésticas requieran una estabilización, los FRS pasarán a concentrarse en inversiones domésticas. En caso de un episodio económico mundial, como la crisis reciente, esto puede implicar retirarse de los mercados extranjeros donde son más vulnerables.

Quizá parezca factible justificar un “repliegue doméstico” por una pérdida de oportunidades en los mercados extranjeros, y no por un deseo de estabilizar las economías domésticas. Después de todo, los mercados desarrollados, los blancos favoritos de las inversiones de los FRS, fueron los primeros en resultar afectados por la crisis financiera de 2007-2008.

Pero este argumento es erróneo como consecuencia de dos hechos bien diferenciados. Primero, hemos visto múltiples ejemplos de inversiones domésticas por parte de los FRS claramente destinadas a sustentar y estabilizar las economías domésticas. Después de que el Mercado de Valores de Doha perdió un quinto de su capitalización entre enero y octubre de 2008, la Autoridad de Inversiones de Qatar inyectó 5.300 millones de dólares en su propio sector bancario al comprar una participación del 20% en cada uno de los cinco bancos que operaban en la bolsa el país.

Pérdidas similares en la Bolsa de Kuwait instaron a la Autoridad de Inversiones de Kuwait a invertir 5.400 millones de dólares en un nuevo fondo destinado a ofrecer liquidez al mercado local, y a comprar una participación del 24% en el Banco del Golfo por 1.500 millones de dólares. China inyectó más de 46.000 millones en el Banco de Desarrollo de China y en el China Everbright Bank a través de inversiones de su FRS nacional, la Corporación de Inversiones de China. Y abundan otros ejemplos de estabilización doméstica por parte de los FRS.

Segundo, no sólo declinaron las nuevas inversiones en el exterior durante la crisis financiera, sino que los FRS, recientemente, también iniciaron una ola sin precedentes de desinversiones, especialmente en sociedades de inversiones extranjeras. Mientras que, históricamente, las noticias de desinversiones de los FRS han sido muy esporádicas, identificamos 23 desinversiones de FRS durante 2009, por un valor superior a los 14.000 millones de dólares. Dieciocho de esas desinversiones, por un valor aproximado de 13.000 millones de dólares, tuvieron que ver con objetivos extranjeros.

Esta mayor concentración doméstica a expensas de las inversiones extranjeras está acompañada de una contracción en los activos bajo gestión durante tiempos de crisis. Los bajos retornos de las inversiones anteriores de los FRS redujeron sus activos existentes, mientras que los bajos precios de las materias primas y una contracción del comercio internacional redujeron la acumulación de reservas de moneda extranjera que normalmente representan el grueso del capital fresco que ingresa en los FRS. En tiempos de crisis, los FRS no sólo invierten una proporción menor de sus carteras en el exterior y se retiran de algunas sociedades de inversiones extranjeras, sino que el valor total de sus inversiones también tiende a achicarse.

Incidentalmente, es factible que el comportamiento cíclico de los FRS sea el responsable del bajo rendimiento de sus carteras. Los FRS tienden a invertir más en mercados extranjeros cuando corren tiempos buenos y es más probable que los precios de las acciones estén inflados, y a desinvertir durante los reveses del mercado, cuando la oferta de desinversión implica precios de acciones con un valor inferior al fundamental. Consecuentemente, el rendimiento deficiente de las carteras de los FRS podría ser la consecuencia de un momento inoportuno pero forzado, y no el resultado de una mala elección de valores.

En general, lo que ha sucedido en los dos últimos años fue un retiro temporario de los FRS de los mercados extranjeros, principalmente de los países desarrollados. A los FRS les gusta retratarse como instituciones independientes, aunque resulta claro que, una vez que las economías domésticas flaquean, no pueden ignorar las presiones combinadas de los medios, la población y los políticos nacionales, que cuestionan si es acertado invertir riqueza doméstica en el extranjero en tiempos de crisis.

Sin embargo, esta tendencia no puede durar para siempre, ya que muchas de las economías que tienen FRS simplemente no ofrecen oportunidades de inversión lo suficientemente atractivas como para absorber el grueso de las inversiones de los FRS. Es más, las economías domésticas no ofrecen los beneficios de diversificación que buscan los países dependientes de flujos de ingresos basados en una única materia prima.

En consecuencia, no ha de esperarse que persista ningún repliegue doméstico por parte de los FRS. De hecho, ya hacia fines de 2009 se podían ver las primeras señales de un nuevo crecimiento en las inversiones extrajeras de los FRS. Al mismo tiempo, los beneficios previstos de tener FRS como accionistas –es decir, de tener un inversor de largo plazo y estable- podrían ser un mero espejismo, que desaparece precisamente cuando más se necesita esa estabilidad: durante una crisis financiera global.

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