Tuesday, October 21, 2014
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Treinta años de bebés de "probeta"

MELBOURNE – Louise Brown, la primera persona en ser concebida fuera de un cuerpo humano, cumplió 30 años el año pasado. El nacimiento de un "bebé de probeta", como describieron los titulares de los diarios la fertilización in vitro, fue extremadamente polémico en aquel momento. Leon Kass, quien luego se desempeñara como presidente del Consejo de Bioética del presidente George W. Bush, sostenía que el riesgo de producir un bebé anormal era demasiado alto como para que alguna vez se justificara un intento de fertilización in vitro. Algunos líderes religiosos también condenaron el uso de tecnología científica moderna para sustituir las relaciones sexuales, incluso cuando ellas no pudieran culminar en una concepción.

Desde entonces, unos tres millones de personas han sido concebidas por FIV, lo que permitió que parejas de otra manera infértiles pudieran tener el bebé que ansiaban. El riesgo de tener un hijo anormal mediante FIV resultó no ser mayor que cuando los padres de una edad similar conciben a través de relaciones sexuales. Sin embargo, como muchos de quienes practican FIV transfieren dos o tres embriones a la vez para mejorar las probabilidades de que ocurra un embarazo, los mellizos y los nacimientos múltiples mayores son más comunes, y conllevan cierto riesgo adicional.

La Iglesia Católica Romana no se apartó de su posición respecto de la FIV. En una instrucción dada a conocer recientemente, Dignitas Personae , la Congregación de la Iglesia para la Doctrina de la Fe objeta la FIV por varios motivos, entre los que se encuentra el hecho de que en el proceso se crean muchos embriones, y pocos sobreviven. Este resultado, sin embargo, no es muy diferente de la concepción natural, ya que la mayoría de los embriones concebidos a través de una relación sexual tampoco llegan a implantarse en la pared uterina, y las mujeres muchas veces ni siquiera son conscientes de que alguna vez estuvieron "embarazadas".

Por otra parte, el Vaticano objeta el hecho de que la concepción es el resultado de una "acción técnica" más que de "un acto específico de la unión conyugal". Pero si bien cualquier pareja preferiría concebir un niño sin la intervención de médicos, esa opción no existe para las parejas infértiles. En esas circunstancias, es duro decirle a una pareja que directamente no puede tener su propio hijo genético.

También parece contrario al amplio impulso de la enseñanza de la Iglesia sobre matrimonio y familia como el contexto apropiado para criar niños. Dignitatis Personae dice que "debería generarse nueva vida humana a través de un acto que exprese el amor recíproco entre un hombre y una mujer". Pero si con eso la Iglesia se refiere a las relaciones sexuales, entonces seguramente tiene una visión excesivamente estrecha de qué tipo de actos pueden expresar el amor recíproco entre un hombre y una mujer. Decidir dar los varios pasos inconvenientes y muchas veces desagradables que son necesarios para concebir un niño mediante FIV puede ser, y muchas veces es, el resultado de un acto de amor mucho más deliberado y recíproco que las relaciones sexuales.

Una mejor objeción a la FIV es que, en un mundo con millones de huérfanos o niños no deseados, la adopción es una manera más ética de tener un niño. Ahora bien, si ése es el argumento, ¿por qué deberíamos criticar a las parejas que apelan a la FIV? ¿Por qué no, por ejemplo, criticar a Jim Bob y Michelle Duggar, la pareja de Arkansas que recientemente tuvo a su decimoctavo hijo? Sin embargo, a Michelle Duggar la nombraron "Madre Joven del Año" en Arkansas en 2004, cuando ya había dado a luz a 14 hijos. No percibí que el Vaticano les dijera que deberían adoptar en lugar de concebir tantos niños.

Más allá de la oposición religiosa, el uso de FIV por parte de parejas infértiles en una edad reproductiva normal ha sido ampliamente aceptado en todo el mundo, y con justa razón. Pero en países donde la influencia de la Iglesia sigue siendo fuerte, los opositores de la FIV están dando pelea. En Polonia, por caso, una nueva propuesta legislativa reduciría drásticamente su disponibilidad.

En otras partes, el debate ético no tiene que ver con la FIV en sí, sino con los límites de su utilización. En noviembre pasado, Rajo Devi, una mujer india de 70 años, se convirtió en la madre de más edad del mundo, gracias a la FIV. Ella y su marido de 72 años, dice la mujer, habían ansiado tener un hijo durante 55 años de matrimonio. Aparentemente se utilizó esperma de su marido, pero los informes de prensa no son claros respecto del origen de los óvulos.

A algunos les parecerá grotesco convertirse en madre a una edad en la que la mayoría de las mujeres son abuelas, pero el interrogante más significativo es qué tipo de cuidado tendrán esos niños si sus padres mueren o ya no pueden criarlos. Como mucha gente en la India rural, Devi vive en una familia extendida con otros parientes, de manera que confía en que haya otros que se ocupen de criar a su hijo si fuera necesario.

Sin embargo, como sugiere este ejemplo, el impacto de la edad paterna en el bienestar de un niño variará de una cultura a otra. Volverse madre a los 70 años es más aceptable para alguien que vive en una familia ensamblada que para las parejas occidentales que viven en su propia casa sin parientes cercanos o amigos alrededor.

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