Tuesday, September 23, 2014
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La política de los Estados Unidos, propia del Tercer Mundo

CAMBRIDGE – Una vez concluida la elección presidencial, los Estados Unidos pueden por fin tener un respiro después de tanta política de campaña, al menos por algún tiempo, pero queda pendiente una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que el país más poderoso del mundo y su democracia ininterrumpida más antigua exhiba unas formulaciones políticas que recuerdan más a un Estado africano fallido?

Tal vez sea una evaluación demasiado severa de las nacientes democracias de África. Si cree el lector que exagero, no habrá prestado bastante atención. El halago a los grupos extremistas, el rechazo de la ciencia, las mentiras y distorsiones descaradas y la desatención a las cuestiones reales que han caracterizado el ciclo electoral más reciente representa un nuevo nivel mínimo para la política democrática.

No cabe duda de que los peores culpables son los republicanos de los Estados Unidos, cuyos dirigentes han quedado en cierto modo embelesados por ideas que resultan intolerables en otros países avanzados. De los doce candidatos presidenciales de ese partido, sólo dos (Mitt Romney y Jon Hunstsman) se negaron a rechazar las pruebas científicas relativas al calentamiento planetario y sus causas humanas, pero, cuando  lo apremiaron al respecto, Romney se sintió lo bastante incómodo sobre su posición como para titubear.

Tampoco la teoría darwiniana de la evolución ha estado bien vista entre los republicanos. Rick Perry, gobernador de Texas y anterior favorito en las primarias republicanas, la llamó una simple “teoría que corre por ahí”, mientras que el propio Romney ha tenido que sostener que no es incompatible con el creacionismo, la idea de que una fuerza inteligente concibió el universo y lo creó.

Asimismo, si hay una idea arcaica en economía, es la de que los Estados Unidos deben volver al patrón oro. Sin embargo, también esa idea cuenta con gran apoyo dentro del Partido Republicano, encabezado por Ron Paul, otro aspirante al nombramiento de candidato presidencial del partido. A nadie extrañó que la plataforma del partido hiciera mención positiva del patrón oro en su convención, celebrada en agosto.

La mayoría de los no americanos considerarían demencial que ni Romney ni Barack Obama apoyaran una legislación más estricta para el control de las armas (si bien Obama hizo una excepción sólo en el caso de las armas de asalto, como las AK-47), en un país en el que a veces resulta más fácil comprar armas que votar. La mayoría de los europeos no pueden entender que en un país civilizado los dos candidatos sean partidarios de la pena de muerte y ni siquiera voy a abordar el debate sobre el aborto.

El candidato Romney estaba tan intimidado por la obsesión de su partido con los impuestos bajos, que en ningún momento presentó un presupuesto que cuadrara. Correspondió a sus asesores en materia de relaciones públicas explicar, como dijo The Economist, que se trataba de “bobadas necesarias, preparadas para convencer a los fanáticos que votan en las primarias republicanas”.

Por su parte, Obama halagó a los nacionalistas económicos atacando a Romney como “adelantado de la externalización” y llamándolo “externalizador en jefe”, como si la externalización fuera un mal, como si se pudiese detener o el propio Obama hubiera hecho gran cosa para desalentarla.

Tan desenfrenadas fueron las ambigüedades, las falsedades y las absolutas mentiras en los dos bandos, que muchos medios de comunicación y grupos no partidistas confeccionaron listas de tergiversaciones factuales. Los autores de una de las más conocidas, FactCheck.org, iniciativa del Annenberg Public Policy Center de la Universidad de Pennsilvania, confesaron que esta campaña les había dado muchísimo trabajo.

Algunos de los ejemplos más atroces fueron las afirmaciones de Obama de que Romney estaba preparando una subida de impuestos de 2.000 dólares a los contribuyentes de ingresos medios o la reducción de los impuestos en cinco billones de dólares o las dos cosas a la vez y que Romney respaldaba una ley que prohibiría “todos los abortos, incluidos los casos de violación e incesto”. Romney llegó incluso más lejos, al afirmar que Obama se proponía aumentar los impuestos en 4.000 dólares a los contribuyentes de ingresos medios, que Obama se proponía “destripar la reforma de la asistencia social eliminando los requisitos laborales” y que Chrysler, rescatada por el gobierno de Obama, iba a trasladar toda la producción de sus Jeep a China.

Ninguna de dichas afirmaciones era cierta.

“Ha sido esa clase de campaña”, escribieron los analistas de FactCheck.org, “colmada desde el principio hasta el final de ataques y contraataques engañosos y afirmaciones dudosas”.

Entretanto, durante tres debates televisados y un debate entre el Vicepresidente y el aspirante a ese cargo ni una sola vez se mencionó el cambio climático, la  cuestión que caracteriza nuestra época y el problema más grave que afronta nuestro planeta.

Podemos sacar dos posibles conclusiones de la elección en los Estados Unidos. Una es la de que la escasa calidad de las formulaciones democráticas de los EE.UU. serán su perdición y de que esto es simplemente el comienzo de una decadencia inevitable. Los síntomas están ahí, aun cuando la enfermedad no haya infectado aún todo el cuerpo.

La otra posibilidad es la de que lo que se diga y se haga durante unas elecciones influye poco en la salud del sistema político. Las campañas son siempre un momento para el populismo barato y la postración ante los fundamentalistas obsesionados con una sola cuestión. Tal vez lo que de verdad importe sea lo que ocurre después de que un candidato ocupa el cargo: la calidad de los controles institucionales a los que debe atenerse su actuación, los recomendaciones recibidas, las decisiones adoptadas y, en última instancia, las políticas aplicadas.

Pero, si las elecciones americanas no son otra cosa que un espectáculo, ¿por qué se gasta tanto dinero en ellas y por qué interesan y preocupan a tantas personas? ¿Habrá que responder que, de lo contrario, el resultado podría ser incluso peor?

Parafraseando a Winston Churchill, las elecciones son la forma peor de seleccionar a un dirigente político, exceptuados todos los demás métodos que se han probado… y en ninguna parte es así hasta tal punto como en los Estados Unidos.

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  1. CommentedCarol Maczinsky

    For an educated politician it seems irrelevant what people think about Darwinism. It only undermines their credibility and demands flexibility. Actually there are places in the world where elections are less worse and the excesses of American political entertainment would be unthinkable. But certainly there citizens do not elect politicians into office who robo kill individuals in other nations with drones. Their politicians also don't talk moral values and national ideas, like wet African dictators, but they do their duty. Thank's god their nations are not deceasing world powers but functional states.

  2. Portrait of Fernando Giuliano

    CommentedFernando Giuliano

    I think the problem is not limited to cheap campaign populism. The stubborn Congress gridlock has been going on for two years and there's no end in sight. I think what is going on in the US is a good reminder that "good institutions" are to a large extent endogenous. All it took for good institutions to look more like third-world ones was a huge financial crisis with persistent economic effects. Just like the ones third world countries are too used to witnessing.

  3. Commentedjames durante

    Rodrik appears to accept the the premise that the USA is supposed to be, in some way, a "democracy." The Constitution centralized economic and political power in the federal government and set up a whole host of barriers to democratic governance. As the wealthy, Constitutional framer Governeur Morris put it, "the evils experienced under the Articles of Confederation resulted from an excess of democracy." Or, as Hamilton opined, "the masses are asses."

    So a Roman style Republic was fashioned that would secure aristocratic rule in the Senate, separate the executive from the people via the electoral college, and confine the House to the fewest powers and shortest terms.
    Strict voting requirements would prevent the rabble from participating.

    Now much has been amended so new barriers to "people power" have become necessary. Total corporate control over media, unlimited corporate spending, a lobbying industry that freezes out anyone without serious money, etc.

    The elections do not live up to democratic ideals because we don't have democratic ideals. The purpose of the state is to secure unequal distribution of wealth and power. It does a reasonably good job of it (as it did in Rome until the inevitable collapse).

  4. CommentedWilliam Wallace

    The ugliness of politics, including the outright lies and zesty mudslinging, is nothing new to US politics. What is new and has been transforming democracy everywhere is the incorporation of new media, starting with television.

    Far from pondering written positions published in the local papers in order to deliberate over issues and candidates, we now have to decide who is the cutest on TV, has the catchiest sound-bites, or convinces us more in an emotionally laden mini-movie called a campaign ad. Couple all that with an internet that, unlike newspapers of old, will allow any crackpot viewpoint to be published and gain the traction it otherwise would never have had.

    Just like misery, opinions love like-minded company, especially those opinions that are least thought out. The internet is making 99% of us "more stupider."

  5. Commentedlt lee

    "To paraphrase Winston Churchill, elections are the worst way to select a political leader, save for all other methods that have been tried – and nowhere more so than in America."
    I find it odd that people has to quote Churchill who is not any kind of god to reassure himself and the readers that western democracy is a better system.

  6. CommentedDuncan Green

    Hmmm. Oldest continuous democracy? US women got the vote in 1920, New Zealand women in 1893. Then there's Jim Crow, Native Americans, and what's still going on in Florida and elsewhere.....

  7. CommentedProcyon Mukherjee

    Rodrik is right in his analysis of what characterizes the system of constant denial of the glaring symptoms of a stark reality, which must be abhorred in such a manner that the unreal is believed by a whopping majority; this needs a constant whipping of misleading information that could be backed by theory as well. This whole ensemble resembles the wrong corporatization of the process, which is single minded in its pursuit of exceeding its objectives, at whatever costs. It also shows that for any victory, it could well mean the loss for democracy or vice versa, as margins are determined not by sheer might of the policy choices, but much more frills that is engineered through careful investment in the public square.

    Procyon Mukherjee

  8. CommentedZsolt Hermann

    Although everything the article is saying is true, we should not single out the Americans.
    The same sleepwalking is present everywhere we look from Europe to China, from Australia to Russia or the Middle East.
    And it all stems from the present human system which fails miserably on two counts.
    One hand we still remain as fragmented and polarized as ever, looking at everything in an angular, black and white fashion, enemy/friend, terrorist/freedom fighter, north/south, west/east, developed/ developing, communist/capitalist, conservative/liberal, stimulus/austerity and so on.
    In the meantime the world has become round, global and interconnected, we all overlap on so many levels that there is no way of separating nations or even individuals from each other in terms of influence and dependency.
    On the other hand we still stubbornly keep on pushing the constant quantitative growth economy despite all the clear signs that it has become self destructive, destroying individuals, nations and whole globe with it.
    When people are faced with such a distortion in between the external reality and the dreamlike system they imagine they live in they have no other option but to behave in an illogical, illusory sometimes ridiculous way to justify why they keep on doing the same unreasonable, stupid and downright destructive things.
    Any new state is a new opportunity to look into the mirror and finally start taking the present existential conditions seriously, and start adapting to them.
    I agree with the article that after this US election campaign, and in general how people handle the crisis, it is very doubtful if America and the rest of the world is ready for such a self examination and self adjustment.
    Unfortunately if we do not do it willingly, consciously then very unpredictable and volatile events would force us to do the same as the system with its absolute natural laws is not going to change, only we can change.

  9. CommentedPeter Thom

    The Romney economic plan specifically called for a 20% across the board tax reduction. The Tax Policy Center estimated this would amount to approximately $4.7 trillion. So what are you saying? Obama exaggerated by rounding up?

  10. CommentedMarc Freed

    While walking to vote yesterday it occurred to me that New York, which has 21 elected represetatives in Dc, has over 200 professional athletes (not counting the football players who play in New Jersey). So at a very simplisitic level, I am about 10x more likely to have a random encounter with New York Yankee than I am to meet any of my state's members of Congress. While I would much rather meet any Yankee than any member of Congress, this did not strike me as a particularly healthy measure of democracy.

    Perhaps, to the list of long-term remedies for our political malaise we ought to add the idea of increasing the number of our Congressional representatives by a factor of 3 or 4. Increasing the size of our Congressional delegations to reduce the number of people each one represents would enable more people to beome engaged in the political process. More importantly, it would make it less attractive for wealthy activists to donate vast sums to congressional candidates whose votes mattered only 1/3 or 1/4 as much as they do now.

    Only a live experiment would tell us if such a change would raise the level of our political discourse, but other democracies with lower ratios of voters to elected officials do not seem to suffer as many non-sensical arguments as we do.

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