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La verdad sobre la distribución de la carga de la OTAN

BRUSELAS – A la hora de discutir sobre Afganistán, muchos periódicos siguen sugiriendo que algunos de los aliados de Europa en la OTAN tienen un desempeño pobre en Afganistán, y que no pueden o no quieren hacer un mayor esfuerzo. Naturalmente, estos aliados sienten que sus esfuerzos no son bien valorados. ¿Qué es una carga justa y equitativa?

Ante todo, el debate sobre cómo distribuir la carga no debería reducirse exclusivamente a los niveles de fuerzas de hoy en Afganistán, porque, no importa cuán importantes sean estos niveles de fuerzas, sólo cuentan parte de la historia. De modo que permítanme ampliar el debate y ofrecer una perspectiva más holística al abordar tres elementos interconectados: la transformación de la defensa, las operaciones y el contexto más amplio de los esfuerzos de la comunidad internacional.

La transformación de la defensa es un aspecto clave de la distribución de la carga. Es una regla de oro dentro de la alianza que el grueso de las fuerzas y capacidades de la OTAN son propiedad de las naciones individuales -la flota de aviones del Sistema Aéreo de Control y Alerta (AWACS) de la alianza- es una rara excepción-. Como no espero que las naciones abandonen este principio, la OTAN seguirá dependiendo de los aliados individuales y su voluntad de comprometer recursos.

Contrariamente a la opinión popular, el tipo de fuerzas y capacidades que necesita la OTAN no está tan disponible en los inventarios nacionales como uno podría pensar. Grandes proporciones de las fuerzas armadas de los aliados de la OTAN siguen siendo más apropiadas para una defensa territorial estática que para el tipo de operaciones expedicionarias que se necesitan en Afganistán. Y, cuando sí existen las fuerzas y las capacidades correctas, las operaciones lideradas por las Naciones Unidas, la Unión Europea y las coaliciones ad hoc , así como los requisitos nacionales, ejercen una demanda adicional sobre estos activos.

Desarrollar las capacidades expedicionarias necesarias es una característica importante del proceso de transformación de la OTAN. Pero no es posible convertir fuerzas territoriales en fuerzas expedicionarias de la noche a la mañana, y los costos de transformación muchas veces deben competir con los costos que implica desplegar fuerzas para las operaciones. Muchos aliados enfrentan el dilema de gastar dinero en operaciones o invertir en nuevos programas de adquisición.

Es más, el hecho de que muchos aliados no respeten el objetivo del 2% del PBI para sus presupuestos de defensa exacerba este dilema, a la vez que amplía la brecha de capacidad con aquellos aliados que están invirtiendo en fuerzas utilizables y desplegables. Pero, si bien no existe un sustituto para los presupuestos de defensa apropiados, se podría obtener un rédito mayor de los niveles de gasto actuales, especialmente mediante un enfoque más inteligente para la adquisición de defensa.

Desafortunadamente, a pesar de los esfuerzos de la OTAN y de la UE, el sector de defensa de Europa sigue fragmentado, lo cual deriva en una duplicación, en una competencia estéril entre demasiados sistemas rivales y en significativas brechas de capacidad o incompatibilidades. En Afganistán, por ejemplo, los sistemas nacionales para un rastreo de fuerzas amigas, vitales para impedir ataques accidentales a las propias fuerzas o aliados, no son compatibles. Por lo tanto, se ha tenido que invertir tiempo y dinero adicional en la adquisición de estas capacidades.

En Europa, muchos presupuestos nacionales de defensa ya no pueden sustentar fuerzas nacionales hechas y derechas y también una industria de defensa nacional. Sólo una cooperación multinacional y transatlántica más inteligente nos dará fuerzas capaces de hacer frente a los desafíos de seguridad de hoy.

En una alianza fundada sobre el principio de ampquot;todos para uno y uno para todosampquot;, es vital ver que todas las naciones contribuyan equitativamente en las operaciones. Por lo tanto, la OTAN desarrolló un mecanismo de distribución de carga para evaluar los compromisos de suministro de personal por parte de los respectivos miembros para actividades operativas críticas en relación a su ingreso nacional bruto.

Esta suerte de aritmética tiene la ventaja de ofrecer algunos indicios sobre la distribución de la carga, pero también quedó demostrado que la distribución de la carga no se puede capturar plenamente en gráficos y hojas de cálculo. ¿Cómo se decide cuál es una contribución justa de un país de 50 millones de personas comparado con un país que sólo tiene cuatro millones de habitantes? ¿Cómo se puede evaluar una contribución de infantería liviana frente a la provisión de elementos esenciales como helicópteros o tanques de recarga de combustible aire-aire? ¿Sobre qué período de tiempo se hacen los cálculos?

El financiamiento común, donde todos los miembros pagan una parte según su PBI, es un instrumento que se puede utilizar para alcanzar una distribución de la carga más equitativa. Tradicionalmente, la OTAN aplicó una política de ampquot;cada uno se hace cargo de sus propios costos ampquot;: cada miembro absorbía todos los gastos correspondientes al aporte operativo que hacía para una operación de la Alianza. Durante los últimos años, se ha actualizado la política de financiamiento de la OTAN de manera de permitir el uso del financiamiento común como un incentivo para la provisión de ciertas capacidades a nivel de teatro de operaciones, como instalaciones médicas, tropas de manejo de aeropuertos y suministros o inteligencia.

La distribución de la carga es una cuestión sensible, tanto para la OTAN como para la comunidad internacional, y a veces las pasiones son encendidas. Si se da un paso atrás y se observa el panorama más amplio, resulta evidente que no es sólo una cuestión de brindar las capacidades correctas, sino también de tener el dinero y la voluntad política para desplegarlas.

Ninguna medida individual puede resolver el problema de la distribución de la carga. Pero el espectro de iniciativas en vías de ejecución hoy dentro de la OTAN debería ayudar: los esfuerzos de transformación para aumentar el conjunto de fuerzas utilizables y desplegables; un mayor uso de iniciativas multinacionales; una mayor dependencia del financiamiento común para contribuir a la generación de fuerzas; y un enfoque integral para compartir las cargas de manera más equitativa en toda la comunidad internacional.

Una alianza como la OTAN, a diferencia de muchas ampquot;coaliciones de voluntadampquot;, tiene estructuras de consulta política, mecanismos de planificación comprobados, un efectivo comando y control y la legitimidad que alienta a las naciones a contribuir a una operación. La solidaridad de la Alianza no es sólo un eslogan. La sensación de cumplir con nuestras obligaciones y compromisos con otros aliados, de quienes depende en definitiva nuestra propia seguridad, es un motivo sólido para una distribución equitativa de la carga. Una distribución de la carga totalmente justa quizá no sea posible, pero una organización de seguridad como la OTAN sin duda nos permite acercarnos más a ese objetivo que cualquier otra estrategia.

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