NUEVA DELHI – Parece haber terminado el periodo de calma en el que no hubo ataques terroristas que llenaran los encabezados de los medios de comunicación. Pero, ¿significan acaso el reciente ataque suicida en la base aérea de Bagram en las afueras de Kabul, una instalación militar clave de los Estados Unidos en Afganistán, y el atentado fallido de un coche bomba en Times Square en Nueva York, que la “guerra contra el terror” (una frase que la administración Obama ha evitado deliberadamente) ha reiniciado?
Aunque los Estados Unidos y Occidente pueden haber sentido que la ferocidad del terrorismo yihadista estaba disminuyendo, en Afganistán, Pakistán y la India ese sentimiento de falsa seguridad nunca se arraigó. En efecto, la pregunta en esa parte del mundo no es si la guerra contra el terrorismo puede perder fuerza, sino si Pakistán, que en muchos sentidos se ha convertido en un punto de convergencia del terrorismo islámico, está haciendo todo lo que puede para participar en ella.
A continuación se presenta una simple fórmula para evaluar el enfoque de un país sobre el combate al terrorismo: credibilidad+transparencia+integridad del enfoque= legitimidad y eficacia. Apliquemos entonces esta fórmula a Pakistán.
Al analizar el atentado fallido en Times Square, el embajador Zafar Hilaly, un respetado ex diplomático pakistaní, escribió “que actualmente ningún país tiene tantos fugitivos armados extranjeros que pueden usar el territorio de un Estado soberano para hacer la guerra durante tanto tiempo y con tal impunidad contra otros países. [Aquéllos] que vagan sin restricciones se han hecho socios en una guerra contra el propio país.” Los talibanes en Pakistán, concluye Hilaly, se han convertido en “una fuerza autónoma incontrolable.”
Pakistán, después de unirse a los Estados Unidos como “aliado” en la guerra contra el terrorismo ahora parece estar pagando un alto precio a nivel nacional por convertirse en un “Estado rentado.” Una gran mayoría de los ciudadanos pakistaníes resienten profundamente la presencia e influencia estadounidenses en su país. Es probable que esta alienación en aumento haya influido considerablemente en el comentario de la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, de que deteriorar la seguridad en un Pakistán con armas nucleares “planteaba una amenaza mortal” a los Estados Unidos.
Después del atentado de Times Square, Clinton emitió una opinión aún más dura: “si un atentado terrorista como el de Nueva York hubiera tenido éxito y se hubiera sabido que se originó en ese país, habría habido consecuencias muy severas.” Clinton también señaló que el paradero de Osama bin Laden es conocido por “algunos” en Pakistán.
Eric Holder, el procurador general estadounidense, fue incluso más explícito sobre lo ocurrido en Times Square: “Sabemos que ellos (los talibanes en Pakistán) contribuyeron directamente. Y sospecho que vamos a encontrar evidencias de que ayudaron a financiarlo. Estuvieron involucrados estrechamente en esta conspiración.”
El presidente estadounidense, Barack Obama, ha denominado a los talibanes de Pakistán “un cáncer” en el corazón de este país, y sus orígenes no son un misterio. En diciembre de 2007, alrededor de 13 grupos militantes se unieron para formar el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y eligieron como su líder a Baitullah Mehsud. Se informó que Mehsud murió en un ataque aéreo lanzado desde un aparato estadounidense no tripulado en agosto de 2009.
El TTP tiene aproximadamente entre 30,000 y 35,000 partidarios de todas las agencias tribales administradas federalmente de Pakistán, las regiones casi anárquicas donde el control del gobierno de Pakistán apenas llega. Los objetivos expresos del TTP son, entre otros, la yihad contra el ejército pakistaní, la aplicación de la ley sharia en todo el país y un plan para unirse a los talibanes afganos para pelear contra las fuerzas de la OTAN en ese país. El atentado fallido de Times Square pone de manifiesto las ambiciones transnacionales crecientes del TTP (pero también que el alcance del grupo va más allá de su control, al menos por el momento).
A pesar de una supuesta ofensiva del gobierno pakistaní contra el TTP en algunas de las regiones tribales, un documental reciente informó que el grupo ahora está reclutando niños para llevar a cabo los ataques suicidas. En efecto, en 2009 hubo casi 60 ataques suicidas en Pakistán, frente a sólo dos en 2002. De acuerdo con Brian Fishman, experto en temas de terrorismo de la Academia Militar de West Point de los Estados Unidos, el aumento de los ataques suicidas plantea un grave desafío para Pakistán, porque “todo un conjunto de grupos militantes e individuos s se han unido ideológicamente para emprender misiones que Al Qaeda les encomienda.”
Bruce Riedel, el coordinador de políticas para Afganistán y Pakistán del Consejo de Seguridad Nacional de Obama, destaca que la cooperación creciente de Al Qaeda con los talibanes afganos y pakistaníes, con Lashkar-e-Taiba y otros grupos de ideas afines es la cuestión más peligrosa para los esfuerzos de reducir el terrorismo global. Riedel sostiene que “La idea de que de alguna forma se puede solucionar selectivamente el problema de Al Qaeda ignorando al mismo tiempo el mar yihadista en el que [Al Qaeda] navega ha fracasado en el pasado y seguirá fracasando en el futuro”.
No obstante, dado este análisis, La política “orientada a Afganistán” de Obama está condenada a fracasar. A los Estados Unidos les agradaría ciertamente que Pakistán eliminara a los líderes talibanes, tanto afganos como pakistaníes, pero no presionarán demasiado a los gobernantes de Pakistán para que alcancen ese objetivo. El precio de estos excesivos escrúpulos políticos se pagará con sangre.
El embajador Hilaly ha señalado el camino: “Para tener éxito hoy, en primer lugar es esencial destruir el poder de los grupos armados en Pakistán. Sin un esfuerzo decidido para hacerlo, la aterrorizada población no nos dará su apoyo". No obstante, es probable que los Estados Unidos, y ya no se diga el gobierno pakistaní, no tengan la voluntad para actuar con tal firmeza.


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