China ha estado celebrando el quinto aniversario del regreso de Hong Kong a la madre patria después del mandato británico. Los fuegos artificiales, las danzas del dragón y la visita del presidente Jiang Zemin marcaron las celebraciones. Ahora que los gobernantes chinos han regresado a Beijing, es tiempo de echar una mirada más realista a lo que estos cinco años han forjado.
Las élites gobernantes de Hong Kong se deleitan diciéndole a los visitantes extranjeros que las predicciones pesimistas en cuanto al teritorio han resultado equivocadas. En una ocasión, por ejemplo, la revista Fortune publicó un artículo titulado "La muerte de Hong Kong". Ese artículo pronosticaba una severa intromisión por parte de Beijing en asuntos locales, lo que supuestamente debilitaría la vitalidad de la economía de Hong Kong. El artículo, en efecto, se equivocó, porque las heridas más profundas de Hong Kong no han venido de China, sino que han sido autoinfligidas.
Tung Chee Hwa, el líder de Hong Kong, insiste en que el esquema de "un país, dos sistemas" ideado por Deng Xiaoping funciona perfectamente. El secretario de finanzas, Anthony Leung, presumía el año pasado que Hong Kong se convertiría en el "Manhattan Plus" de Asia. El secretario en jefe, Sir Donal Tsang, sostiene que las evaluaciones negativas acerca del territorio son producto de mentes de segunda.
No obstante, estas bravatas oficiales no son muy populares fuera de ese reducido círculo. Entre la gente de Hong Kong hay un sentimiento de que las cosas han cambiado para mal desde 1997, no como resultado de la intervención castrante de Beijing, sino a causa de decisiones preocupantes que han tomado los gobernantes locales.
El Sr. Tung, vástago de un imperio naviero, y sus amigos magnates gustan de culpar al gobierno colonial británico por haber dejado "bombas de tiempo" que hacen que Hong Kong quede mal. Por ejemplo, en 1998 el gobierno encabezó un coro que culpaba a los británicos por la burbuja de precios inmobiliarios que la crisis financiera de Asia de 1997 reventó, provocando una severa caída del mercado de valores. Sin embargo, en realidad la burbuja la crearon los gobernantes comunistas de China diez años antes siguiendo los consejos de los magnates inmobiliarios locales, quienes querían limitar la cantidad de tierra que los colonos británicos podían vender.
Los funcionarios locales pronto comenzaron a ampliar sus ataques. En 1999, el gobierno buscó y obtuvo la intervención directa de Beijing para revertir una decisión del Tribunal de Ultima Instancia de Hong Kong acerca de un caso de migración, porque el veredicto no fue de su agrado. Desde entonces, el humillado Tribunal ha actuado tímidamente. La gente lo llama ahora el "Tribunal de Penúltima Instancia".
En el 2000, uno de los asistentes políticos del Sr. Tung expresó su preocupación ante el presidente de la prestigiosa Universidad de Hong Kong por las encuestas realizadas por uno de sus académicos, que consistentemente registraban el declive de la popularidad de Tung. Poco después de la reunión, funcionarios de la universidad advirtieron al encuestador que los fondos para sus investigaciones podrían cancelarse.
Robert Kuok, el dueño malasio del periódico en inglés más importante de Hong Kong, el South China Morning Post , es uno de los amigos de Tung y es ferozmente leal a los líderes de China. En 2001, el periodista Willy Lam, un respetado sinólogo, fue despedido del periódico después de que Kuok lo reprendiera públicamente por sus opiniones sobre los gobernantes chinos.
El presidente Jiang y los gobernantes chinos poco o nada han tenido que ver con ninguna de estas decisiones. Se tomaron porque Tung y sus aliados quieren demostrar que están muy sincronizados con el pensamiento oficial en el continente; pero, ¿están sincronizados?
Suponer que China quiere que Hong Kong sea más como el continente es ridículo. China ya ha tenido más que suficiente del "un país". Lo que ahora desea son los "dos sistemas". La búsqueda china por un arreglo social y económico alternativo se volvió urgente con la revuelta estudiantil de 1989, la subsiguiente masacre de Tiananmien y el colapso del bloque soviético. El partido comunista chino sabía que tenía un problema de legitimidad, y la idea impulsora de la ingeniosa fórmula de Deng era permitir que Hong Kong le mostrara a China un atajo hacia la prosperidad.
Es cierto que la élite gobernante en China sigue siendo un partido leninista dispuesto a aplastar cualquier amenaza a su monopolio del poder. Sin embargo, muchos de los funcionarios que trabajan bajo los líderes del partido están analizando seriamente a los países occidentales para encontrar detalles institucionales que puedan dar ideas sobre lo que puede hacer China en el futuro. En otras palabras, China está buscando un sistema nuevo para sustituir el existente.
Tung, cuyos preceptos morales están basados en una interpretación doctrinaria de los clásicos de Confucio que hace énfasis en la obediencia a los superiores, parece no darse cuenta de lo que China considera como el cambio fundamental al que se enfrenta. Más bien, su comportamiento recuerda al de un funcionario de distrito feudal cuya prioridad es asegurar que sus superiores reciban la reverencia que merecen.
Tung no está solo. Gran parte de la élite de Hong Kong comparte sus puntos de vista, a pesar de su educación en escuelas de negocios occidentales y de sus fortunas habidas a partir del comercio inmobiliario. Su prioridad es mantener una estrecha relación con los funcionarios chinos, a muchos de los cuales pueden comprar fácilmente. El que Hong Kong se mantenga como una sociedad abierta y liberal nunca ha sido un asunto importante para ellos.
Un alto funcionario chino que realizaba estudios de posgrado en Harvard comentó recientemente con gran asombro que Hong Kong, con sus líderes que aprueban sumisamente cada declaración inane de los gobernantes chinos, le parecía más "izquierdista" que el continente. En efecto, muchos funcionarios chinos se burlan en privado del comportamiento servil de Tung y sus secuaces y cada vez están más convencidos de que el continente no tiene nada que aprender del ejemplo de Hong Kong. Lo que China considera la comedia de deferencias de Hong Kong, se está transformando rápidamente en una tragedia de errores para la ciudadanía del territorio.


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