ESTOCOLMO- El primer ministro ruso Vladimir Putin anunció recientemente que Rusia, Bielorrusia y Kazajstán han abandonado sus negociaciones individuales de adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC). En su lugar, tratarán de adherirse al órgano comercial como una unión aduanera única. En efecto, esto significa que Rusia parece descartar su adhesión a la OMC –un gran cambio en la estrategia rusa.
El anuncio de Putin cayó como bomba. Dos días antes, el Representante Comercial de los Estados Unidos, Ron Kirk, y la Comisaria de Comercio de la Unión Europea, Catherine Ashton, habían concluido exitosamente las negociaciones con el Viceprimer ministro de Putin, Igor Shuvalov, el ministro ruso de finanzas, Alexei Kudrin, y la ministro de economía y desarrollo rusa, Elvira Nabiullina sobre la adhesión a la OMC. Todavía el 3 de junio Putin había declarado que estaba seguro de la “pronta adhesión de Rusia a la OMC”.
Los líderes de Bielorrusia y de Kazajstán parecían estar igualmente sorprendidos por la declaración de Putin, especialmente porque Rusia, en una estratagema proteccionista, recientemente había prohibido casi todas las importaciones de productos lácteos procedentes de Bielorrusia. Luego de 16 años de negociaciones, parecía que Rusia estaba lista para adherirse a la OMC en los siguientes dos meses.
En efecto, sólo quedaban por superar tres obstáculos. Primero, Ucrania quería que se realizara un Protocolo bilateral de acceso a los mercados, el cual obligaría a Rusia a suprimir alrededor de 100 sanciones comerciales, principalmente en el sector de la agricultura. El segundo obstáculo era la cuestión de los controles en frontera con Georgia, un asunto principalmente político: depende de si Abjazia y Osetia del Sur son independientes, como sostiene Rusia, o si forman parte de Georgia, como lo piensa el resto del mundo. Finalmente, la Unión Europea insiste en que Rusia elimine los aranceles prohibitivos de exportación de madera previstos por dicho país. Sólo la cuestión de Georgia es realmente seria.
Una unión aduanera entre Rusia, Bielorrusia y Kazajstán no puede sustituir la adhesión de Rusia a la OMC. Nunca un país se ha adherido colectivamente a la OMC, ni tampoco es legalmente posible, como señala Pascal Lamy, Director General de dicha organización. Además, si bien la unión aduanera se proclamó en 1995, la fecha más cercana en que podría formarse es julio de 2011, lo que es improbable.
Al exportar predominantemente materias primas, Rusia necesita menos de la OMC que China, que es un fabricante. Aún así, una quinta parte de las exportaciones de Rusia comprenden los metales y productos químicos que son sensibles a medidas antidumping. Una serie de estudios del Banco Mundial, y otros realizados por Rusia, han estimado que si Rusia se adhiere a la OMC, podría ganar entre un 0.5-1.0 puntos porcentuales en crecimiento económico en media década.
La membresía también es importante para la reputación internacional de Rusia. Es el único país del G-20 que no es miembro de la OMC, cuya participación en el comercio mundial es del 96%. La OMC también representa una opción de estrategia política y económica. Antes de su dimisión como Presidente, en mayo de 2008, Putin presentó su programa “Rusia 2020”, cuyo punto principal es una “estrategia de innovación” que se basa en más reformas de mercado e inversión en capital humano con el propósito de generar un crecimiento anual del 6 al 7%. En su retórica, el presidente Dimitri Medvedev y su equipo de tecnócratas adoptaron esta visión.
Sin embargo, parece que Putin y sus siloviki (aliados políticos cuyo poder radica en el aparato de seguridad), prefieren una “estrategia de inercia”, que es el peor de los escenarios de la Rusia 2020. Esta estrategia significa tener un capitalismo de Estado, depender de la riqueza energética que tiene el país, y no hacer nada para reducir la burocracia masiva y la corrupción en Rusia.
Al dar marcha atrás al proceso de adhesión a la OMC, Putin ha demostrado otra vez que él es el amo de Rusia. El verano pasado hizo lo mismo al reaccionar violentamente contra la exitosa empresa Mechel, dedicada a las actividades mineras y metalúrgicas, y al provocar la guerra con Georgia.
En el invierno, las malas políticas de Putin en lo relativo a la crisis financiera socavaron su poder. En lugar de proteger a las empresas privadas rusas, Putin diseño medidas para congelar la liquidez de la economía, que desembocaron en una caída drástica del PIB de un 9.5% en el primer trimestre de 2009, a pesar de las enormes reservas en moneda extranjera de Rusia. Los tecnócratas pragmáticos asumieron la situación, pero la subsiguiente duplicación de los precios del petróleo indica que por el momento la economía rusa ya no está en peligro, así que los siloviki están retomando el control.
La pregunta es ¿cuál será su siguiente paso? Un prominente analista ruso en cuestiones militares, Pavel Felgenhauer, insiste en que lo que buscan primordialmente es acabar con Georgia y su presidente Mikheil Saakashvili, quien sigue en el poder y desafiante. Georgia no ha recibido respaldo militar, y prácticamente está indefensa. El Kremlin continúa con su propaganda ofensiva contra Georgia, y ha vetado la prolongación del mandato de los observadores de las Naciones Unidas en Georgia y Abjazia. Una maniobra militar rusa de gran envergadura, “Cáucaso 2009” está en marcha. A la maniobra más reciente, Cáucaso 2008, le siguió la invasión de Georgia.
Se supone que en la última parte de esta maniobra, del 6 al 8 de julio, el presidente estadounidense, Barack Obama se reunirá con Medvedev en Moscú. Por supuesto, Medvedev espera obtener apoyo y mejorar su propia reputación y la de Rusia ante el mundo. Los siloviki, sin embargo, prefieren una Rusia aislada y autoritaria, que les garantice el poder.
El Kremlin quiere lograr un nuevo acuerdo de control de armas estratégicas, pero los siloviki no quieren nada más. La administración Obama ha estado esperando que haya un avance sustancial en las negociaciones entre Rusia y la OMC, pero las acciones de Putin han eliminado las perspectivas de que se llegue a tal resultado. Los Estados Unidos también quieren que haya un avance en lo relativo a la integridad territorial de los ex Estados soviéticos, como Georgia, pero esto también es improbable. Putin y sus colaboradores parecen estar preparando una trampa para que Medvedev fracase, lo que indica que la envidia que sienten por el limitado poder que tiene Medvedev es más fuerte que su interés en defender los intereses nacionales de Rusia.
Con todo, todavía existe la esperanza de que Putin se tope con una reacción suficientemente negativa y cambie de postura respecto al tema de la adhesión a la OMC. Después de todo, suspendió las negociaciones de Rusia para adherirse a la OMC tras la guerra con Georgia en agosto de 2008, pero las reanudó esta primavera.


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