Tuesday, September 2, 2014
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El poder para poner fin a la pobreza

NUEVA YORK - Habiendo crecido durante la Guerra de Corea, conocí la pobreza de primera mano. La veía a mi alrededor todos los días: la viví. Uno de mis primeros recuerdos es caminar por un sendero de lodo hacia las montañas para escapar de los combates, nuestra aldea en llamas a mis espaldas y la incertidumbre que los nos ocurriría a familia y a mí.

La respuesta vino de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Con la ayuda de muchos países y amigos, mi país fue capaz de volver a ponerse de pie y seguir adelante tras aquel conflicto terrible y devastador. Gracias a décadas de duro trabajo y el sacrificio de millones de coreanos, la República de Corea pasó de una gran pobreza a la prosperidad en menos de medio siglo.

Como Secretario General de la ONU, todavía estoy viviendo esa historia. Todos los días trabajo para ayudar a poner fin a la extrema pobreza que atrapa a casi mil millones de personas en el mundo.

Podéis imaginar entonces los intensos recuerdos que se me vinieron a la mente al visitar la Aldea del Milenio Mwandama en el profundamente empobrecido país surafricano de Malawi. Al igual que en mi juventud, presencié una vez más los retos y las dificultades de la pobreza rural. Sin embargo, también volví a ver el poder del espíritu de comunidad para superarla; el mismo sentido de solidaridad y determinación que puso en marcha la modernización rural de Corea hace cinco décadas.


En 2000, los gobernantes del mundo se comprometieron a reducir de manera significativa los índices de pobreza, hambre y enfermedad para el año 2015. Estos objetivos, aprobados por todos los países miembros de la ONU, constituyen los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio. El proyecto Aldeas del Milenio, una asociación de instituciones académicas, empresas y organismos de la ONU, tiene como objetivo mostrar cómo estos objetivos se pueden conseguir incluso en las comunidades más pobres del mundo.

Como en la propia experiencia de Corea del Sur en la lucha contra la pobreza, las Aldeas del Milenio en África y proyectos similares en otros lugares, estamos dando un gran impulso a la producción de alimentos, la salud infantil y la creación de una vía sostenible para salir de la pobreza. Al mismo tiempo, me llamó la atención una diferencia crucial entre los esfuerzos de Corea en la década de 1960 y lo que es posible hoy en día. Al recorrer la aldea Mwandama, vi el potencial de las modernas tecnologías -los teléfonos inteligentes y la banda ancha móvil, variedades de semillas mejoradas, lo último en riego por goteo, modernas pruebas de diagnóstico para la malaria, y redes de energía solar de bajo coste- para alcanzar el bienestar humano de maneras que simplemente no eran viables hace apenas unos pocos años.

Vi a un trabajador de la salud utilizar un teléfono inteligente para determinar el tratamiento de la malaria en un hogar. Se valía de un kit de bajo costo para confirmar el diagnóstico de la malaria -evitando la necesidad de un microscopio y pruebas de laboratorio-, un teléfono inteligente para introducir los resultados de las pruebas y recibir sugerencias de un "sistema experto" diseñado por especialistas en sanidad pública, y las combinaciones más avanzadas de terapias de medicamentos para curar la enfermedad. El niño fue curado en su casa; hace unos años, se habría enfrentado a un alto riesgo de muerte a menos que fuera tratado en alguna clínica distante.

Vi otros importantes avances en la vida cotidiana. En una comunidad que en el pasado no podía alimentarse a sí misma, un almacén gigante casi desbordaba de toneladas de excedentes de cereales. Mediante el uso de semillas de alto rendimiento, un mejor manejo del suelo y una adecuada siembra en hileras, la comunidad ha más que triplicado en rendimiento de sus cultivos, y los aldeanos que antes eran hambrientos compradores de granos son capaces de venderlos de manera segura.

A su vez, el excedente ha contribuido directamente a mejorar la educación, ya que las familias donan parte del mismo al programas de almuerzos escolares. Ahora los estudiantes reciben una nutritiva porción de avena y frutas que les da la energía necesaria para continuar sus estudios a lo largo de la jornada. Como muchas escuelas han descubierto, los almuerzos escolares llevan a un incremento importante del desempeño en los exámenes nacionales de fin de año.

Este mes, el proyecto Aldeas del Milenio lanza su segunda etapa de cinco años en el camino hacia la fecha límite de 2015 para los ODM. En toda África, y ahora en todo el mundo, los gobiernos están aprovechando las lecciones de este proyecto en particular y otros similares: empoderar a las comunidades, ayudarles a invertir en su futuro mediante el uso de tecnologías de vanguardia, y con ello acabar con la pobreza extrema. Puede que en algún momento los ODM hayan parecido simplemente un conjunto de esperanzas y aspiraciones. Ahora sabemos que en realidad son una guía práctica para salir de la pobreza.

Los líderes mundiales que se reunieron en la ONU en septiembre para la Asamblea General anual coincidieron en un punto central: la importancia de la lucha contra la pobreza, el hambre y la enfermedad es crucial para nuestra supervivencia colectiva. Saben que la pobreza extrema amenaza las vidas de cientos de millones de personas que carecen de acceso seguro a una nutrición adecuada, agua potable, atención de salud y la educación.

También saben que los peligros no se detienen en los umbrales de las aldeas o de los barrios marginales; los puntos donde hoy en día arrecia el hambre son con demasiada frecuencia las áreas violentas del mañana. Independientemente de si seamos ricos o pobres, o nos encontremos en un punto medio, compartimos un enorme interés por el éxito de los ODM, para que todas y cada una de las regiones que hoy se encuentran sumidas en la pobreza extrema puedan dar el salto, crecer y prosperar.

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  1. CommentedMoctar Aboubacar

    I think this is the article's most important point. Ending poverty is certainly one of the central questions regarding development. And just like the Millennium Villages, it doesn't mean very much if efforts to end poverty are not sustainable in the long-term.
    However the MDGs set goals to be achieved; in and of themselves they are more a priority list than a practical roadmap. It is when the universal nature of the goals adapts to and finds application in local contexts that MDGs become practical and actionable. In this light projects which arise from a small scale, which adopt the point of view of the poor but which effectively link to the national and global economies seem to be of particular value.

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