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El poder de los sin poder en Cuba

Hace poco más de un año, el poeta y periodista Raúl Rivero Castañeda escribió que se negaba a permitir que el embargo de EEUU contra Cuba definiera el debate internacional acerca del destino de los 11 millones de personas de la isla. "En este país, el bloqueo real, el que afecta la vida diaria de la gente, es el sistema interno de gobierno", declaró. Desde entonces, Rivero ha sufrido su propio bloqueo personal.

El sistema interno de Cuba es uno que Rivero se las arregló para no molestar demasiado hasta marzo de este año. Pero durante tres días de este mes, el gobierno cubano arrestó a Rivero y a otros 27 periodistas independientes. En abril habían sido sentenciados a entre 14 y 27 años de prisión. Los periodistas fueron parte de un barrido de primavera que convirtió a 75 cubanos, entre los que se incluyen bibliotecarios, escritores y otros profesionales, en prisioneros políticos.

Para Rivero y los periodistas que lograron hacer llegar sus misivas al extranjero, su insistencia en escribir lo que veían y sentían los puso en la cárcel. Esa fidelidad a la verdad ahora los podría llevar a la muerte. Rivero y el periodista Oscar Espinosa Chepe, de 62 años, están enfermos, según cuentan sus familiares a los visitantes. Rivero, que ha perdido mucho peso, tiene problamas de circulación, y Espinosa sufre de una enfermedad al hígado que no ha hecho más que empeorar.

Castro debe darse cuenta de que incluso si cede y libera a Rivero y a los demás, lo más probable es que elijan permanecer. Desde hace mucho que Rivero ha comprendido que aunque Castro puede ser el Padre de la revolución Cubana, los hijos de la revolución se encuentran en un creciente estado de inquietud. Castro puede negar estas simples verdades como un Rey Lear cubano, pero Rivero y otros insistirán. Son testigos. Son escritores.

Rivero tomó su decisión de ir más allá de la definición de periodismo de la revolución en 1989, cuando rompió con la unión de escritores y, junto a cerca de una docena de otros intelectuales, firmó una carta abierta que ponía al descubierto el problema de los prisioneros políticos.

Puesto que los hijos de la revolución ya no obedecían, Castro los castigó. De modo que, uno a uno, muchos abandonaron la empresa. Pero Rivero se quedó. Varios, incluidos la economista Martha Beatriz Roque y el Dr. Oscar Elías Biscet, que ahora están en prisión con Rivero, continuaron con su oposición pacífica.

Rivero creó un servicio de noticias independientes y ante las narices (y los ojos atentos) de las autoridades, envió su trabajo al exterior. En una columna de 1998, escribió acerca de los periodistas encarcelados por trabajar de manera independiente y se quejó de una prensa interna "totalmente carente de significado". En otro artículo escribió que nadie le haría sentir como un criminal: "Soy meramente un hombre que escribe; alguien que escribe en el país donde nació".

A lo largo de los años las autoridades detuvieron a Rivero, lo interrogaron, lo acosaron y trataron de hacer que se fuera de la isla, donde probablemente desaparecería en el agujero negro de la comunidad exiliada en Miami. Pero Rivero era demasiado listo. Se quedó, llamándose a si mismo un "exiliado interno". Otros lo hicieron también.

Cuando visité Cuba en 2001 con un grupo de estudiantes que estaban reporteando acerca de la isla, uno de ellos, Ezequiel Minaya, pasó sus días con Rivero y otros escritores. Muchos de los antiguos amigos de Rivero temían que hablar con el poeta los pondría en peligro, y él parecía en soledad. Mi estudiante preguntó a Rivero que por qué se quedaba y él replicó con el mantra de su vida: "¿Por qué tendría que irme, si este es mi país?"

Durante años Castro había responsabilizado de cualquier problema interno al draconiano embargo de EEUU. Pero escritores como Rivero y sus compañeros presos políticos, así como los disidentes que no están en la cárcel, se negaron a permitir que Castro se lavara las manos tan fácilmente.

No desean dejar Cuba; quieren redefinirla. Más de 30.000 cubanos firmaron la petición Varela que solicitaba un referendo sobre los derechos básicos. La comunidad internacional está escuchando, y los arrestos y detenciones sólo han hecho que preste más atención.

La izquierda estadounidense, durante mucho tiempo silenciosa en lo referente a Cuba, ha comenzado a alzar la voz. A mediados de septiembre la presión siguió creciendo. El Parlamento Europeo condenó las violaciones a los derechos humanos en Cuba y exigió la liberación de Rivero y otros prisioneros. Anteriormente, la Unión Europea había acordado nuevas sanciones contra el gobierno de Cuba, lo que enfureció a Castro. La Conferencia Cubana de Obispos pidió clemencia hacia los prisioneros.

En la cárcel o liberado, Rivero no se irá. En 2000 escribió acerca de un concurso de poesía en Cuba, organizado por el grupo disidente Reflexión. Quedó claro, al ver las piezas enviadas, que Castro había fracasado en controlar la imaginación de la isla. Rivero todavía debe leer con placer el poema de Néstor Leliebre Camue, nativo de Santiago de Cuba.

"No te lances al mar

por amor a Dios.

Espera. Una fascinante claridad

surge desde la tierra".

Terminar aquí, sin embargo, sería fallarle a Rivero. Los cubanos son conocidos por manejarse con humor en las peores situaciones. Imagino que Rivero desearía terminar con una líneas de un diario hecho llegar al exterior por su colega periodista y compañero de prisión Manuel Vázquez Portal. El diario de Vázquez está publicado en el sitio Web del Comité para la Protección de los Periodistas:

"Ahora, como T.S. Eliot, puedo decir 'Abril es el mes más cruel'. El 4 de abril es un mal día para mí. El 4 de abril mi madre me dio 18 golpecillos en la cabeza por unirme a los Jóvenes Pioneros (la organización de las juventudes comunistas) sin su permiso. Este 4 de abril, me dieron 18 años por escribir sin permiso. La primera vez era un jovenzuelo, esta segunda vez soy un viejo. Parece que la represión no funciona: es eso, o es que yo soy muy terco".

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