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El estilo paranoico de la política rusa

Según un viejo dicho de la política en Moscú, las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia siempre son mejores cuando un republicano gobierna en la Casa Blanca. Somos estadistas y los republicanos son estadistas. Dado que ambos creemos en el poder, nos resulta fácil entendernos.

El problema con ese dicho es la mentalidad paranoica que lo inspira, ya que implica que la naturaleza de las relaciones ruso-estadounidenses no ha cambiado fundamentalmente desde el final de la Guerra Fría; que la animadversión que existe entre ambos países es la que caracteriza a dos oponentes geopolíticos implacables. Parece que los rusos sólo pueden estar en paz consigo mismos si se están enfrentando directamente con la gran potencia mundial. En efecto, el Presidente ruso Vladimir Putin considera el colapso de la Unión Soviética como "la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX).

Como resultado de esa mentalidad, algunos elementos clave de la élite rusa han intentado por todos los medios –con cierto éxito, sobre todo en los años recientes— provocar un deterioro en las relaciones ruso-estadounidenses. El Kremlin parece querer obstaculizar sistemáticamente a los Estados Unidos, aun si la obstrucción no es parte del interés nacional de Rusia.

Así, Rusia vende armas de alta tecnología, incluyendo bombarderos, submarinos y quizá un portaaviones a China, que no sólo comparte la frontera más larga del mundo con Rusia, sino que también le disputa partes de esa frontera. La asistencia de Rusia a Irán para cumplir sus ambiciones nucleares también cae en la categoría de la locura autodestructiva. Rusia no sólo está construyendo un reactor nuclear civil en Irán, ayudando con ello a aumentar los conocimientos de ese país del proceso nuclear, sino que también se muestra renuente a apoyar los esfuerzos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para presionar a Irán de modo que no desarrolle armas nucleares.

La obstrucción diplomática no es el único medio que utilizan las élites rusas para promover el antagonismo con los Estados Unidos. También buscan inflamar a la opinión pública nacional. Parece que para conservar su influencia, creen que necesitan crear una imagen de Estados Unidos como el enemigo implacable de Rusia, que, al dar la membresía en la OTAN a países excomunistas, está trayendo una amenaza existencial hasta la puerta misma del país.

Por supuesto, esta satanización no es nada comparado con lo que se veía durante la era de la URSS. No obstante, Putin aún considera necesario posar frente a las cámaras de televisión cada cierto tiempo para informar que los científicos rusos han desarrollado algún nuevo misil que puede penetrar cualquier sistema anti-misiles balísticos que Estados Unidos pueda construir.

Es difícil entender por qué los asesores y encargados de las relaciones públicas de Putin lo animan a hacer estos anuncios triunfalistas banales, a menos que comprendamos la sensación de agravio que casi todos los rusos sienten con la pérdida del estatus de gran potencia. El trauma es aún más profundo entre los gobernantes de Rusia, entre quienes se ha originado un complejo psicológico poderoso y persistente. Para ellos, Estados Unidos y Occidente siguen siendo su máximo enemigo. Descartes dijo en su célebre frase “Pienso, luego existo”. Los gobernantes de Rusia parecen apegarse al credo, “Me opongo a Estados Unidos, luego soy grande”.

Consideremos los comentarios de Vitaly Tretyakov, el editor del semanario Moscow News sobre las recientes elecciones estadounidenses. Según Tretyakov, “la llegada al poder de un demócrata como presidente en Estados Unidos es mucho peor para nosotros que el imperialismo salvaje de la actual administración republicana". Mientras que "las acciones de los republicanos no están dirigidas contra nosotros” sino "contra los Estados terroristas islámicos y los Estados parias”, con un presidente demócrata Rusia probablemente “se convertiría en un foco principal de antagonismo debido a nuestro autoritarismo, falta de democracia, restricciones de la libertad y violaciones a los derechos humanos”. Por lo tanto, para Tretyakov, “el malo de Bush y sus republicanos son mejores para nosotros que los demócratas, aún peores ”.

Tretyakov no es el único. Al contrario, su lógica enfermiza es un perfecto reflejo de la visión paranoica que se ha apoderado del Kremlin.

Pero, ¿qué pasa si se cumplen los deseos de estas personas , la OTAN se colapsa y los islamistas triunfan? ¿Quién detendrá entonces su avance hacia las fronteras del sur de Rusia desde Afganistán y Asia central? El problema con la paranoia diplomática no es que alguien nos persiga sino que no podemos distinguir entre un enemigo real y uno imaginario.

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