Thursday, October 23, 2014
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El mito de la “sociedad de propietarios”

“No”, dijo el ex periodista de Fox News Tony Snow, recientemente asignado como uno de los colabores más estrechos de George W. Bush, su secretario de Prensa, cuando hace poco le preguntaron por sus ahorros de retiro. “A decir verdad, estuve demasiado tonto y no me metí en una 401(k). De modo que no hay ninguna pensión de Fox. La única pensión de prensa que recibo es a través de AFTRA”.

Una 401(k) es una cuenta muy favorecida a nivel impositivo en la que los trabajadores pueden ahorrar dinero para su jubilación. Por lo general, los empleadores –entre ellos, Fox News- equiparan los aportes que los trabajadores hacen a la 401(k), de manera que abrir una 401(k) es un acuerdo financiero irresistible, algo verdaderamente muy sencillo. Sin embargo, Tony Snow no lo hizo. Sólo el sindicato al que se vio obligado a afiliarse, la Federación Norteamericana de Artistas de Televisión y Radio (AFTRA), ha venido haciendo algún ahorro formal y asignación de sus activos de jubilación.

En mi opinión, el caso de Snow encierra lecciones muy importantes, y no sólo para Estados Unidos. Si la administración Bush tiene una filosofía coherente para la política interna, es la idea de la “sociedad de propietarios” –la noción de que las instituciones intermediarias, ya sean gobiernos, sindicatos o los departamentos de servicios de las empresas deberían quedar al margen del negocio del seguro social-. En cambio, los individuos deberían recurrir a sus propios activos para obtener seguridad financiera a la hora de jubilarse o en caso de una enfermedad grave. Denle a la gente los incentivos para planificar su futuro, sostienen los defensores de la sociedad de propietarios, y lo harán.

En el futuro, Snow tendrá que pararse en el podio de la sala de prensa de la Casa Blanca y defender los diversos componentes de las propuestas de la sociedad de propietarios de Bush. Tendrá que elogiar las Cuentas de Seguros de Salud –y decir que la gente no va a dejar de ir al médico para una atención preventiva incluso si su plan de seguro asociado a las Cuentas de Seguros de Salud no se hace cargo de parte de la cuenta. Tendrá que alabar la privatización de la Seguridad Social –y decir que los individuos tomarán decisiones inteligentes y prudentes con esta fracción básica de sus potenciales recursos de retiro-. Y tendrá que elogiar la decadencia de los sindicatos y la eliminación de los beneficios por parte de las empresas –y afirmar que los individuos harán mejores elecciones que los expertos de los sindicatos o los departamentos de servicios de las empresas.

Los periodistas allí reunidos lo mirarán y recordarán que, cuando le ofrecieron un acuerdo financiero increíblemente bueno, fue demasiado “tonto” y no lo aprovechó. Y razonablemente podrían llegar a la conclusión de que el hecho de que no haya desviado parte de su salario en Fox News a una cuenta 401(k) es un argumento de mucho peso contra las palabras que salen de su boca.

Esto no quiere decir que las cuestiones sean simples o que haya respuestas fáciles. En Estados Unidos hay mucha gente que no abre cuentas 401(k), a pesar de los enormes incentivos para hacerlo. También hay personas que abren cuentas 401(k) y luego las invierten mal –por ejemplo, los empleados de Enron, cuyo dinero de las cuentas 401(k) fue invertido mayoritariamente en acciones de la compañía, no sólo perdieron su empleo cuando la compañía entró en bancarrota, sino también sus activos de jubilación. También existen ejemplos muy conocidos de fondos de pensión de sindicatos sumamente corruptos, como el que fue saqueado durante años por la conducción de los Camioneros.

Finalmente, está el ejemplo de políticos como George W. Bush, quien implementó un programa de gobierno que promete amplios beneficios en medicamentos para la gente mayor y ganancias monumentales para las compañías farmacéuticas. Su administración puede pregonar las virtudes de la responsabilidad individual, pero su programa no estipula cómo y dónde el gobierno va a asegurar los recursos necesarios para financiar sus promesas.

En resumidas cuentas, hay deficiencias psicológicas y morales en todos los niveles –los individuos, las empresas, los sindicatos, las compañías de seguro y los gobiernos-. Los difíciles problemas del diseño institucional conllevan la dificultad de reformar los programas de bienestar social. Estados Unidos también tiene que abordar el tema de la posible corrupción, tanto ilegal, en el caso de la desviación de los fondos de pensión de los Camioneros, como legal, en los aportes de campaña ofrecidos por el lobby farmacéutico a los miembros complacientes del Congreso.

Estos problemas no son exclusivos de Estados Unidos, ya que son inherentes a todos los esfuerzos por privatizar el bienestar social. Mientras los norteamericanos y otros analizan este nudo gordiano de los problemas de las políticas públicas, nosotros deberíamos aprender algo del ejemplo de Tony Snow: la visión de una “sociedad de propietarios” adoptada por Bush simplemente no es plausible. Si lo fuera, su nuevo secretario de Prensa no se estaría describiendo a sí mismo como un “tonto”.

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