ANKARA – El Patriarca Ecuménico Bartolomé de la Iglesia Ortodoxa dijo recientemente en la televisión estadounidense que se siente “crucificado” en Turquía, lo que provocó el enojo de muchos turcos. Desafortunadamente, su Santidad tiene razón. No obstante, su queja no es con el Islam sino con la República de Turquía secular.
El Estado turco ha mantenido cerrado desde 1971 el seminario de Halki, la única institución capaz de formar a los sacerdotes ortodoxos. Incluso el título del Patriarca, “Ecuménico” es objeto de ataques por algunos funcionarios turcos y sus seguidores nacionalistas. Cada año, los informes internacionales sobre la libertad religiosa hablan con preocupación de dichas presiones al patriarcado, y hacen bien. ¿Pero, por qué hace Turquía todo esto? ¿Cuál es la fuente del problema?
Las cosas estaban mejor hace mucho tiempo. El primer gobernante turco en reinar sobre el Patriarcado Ecuménico fue Mehmed II, el sultán otomano que conquistó Constantinopla en 1453. En consonancia con la tradición islámica de aceptar los “Pueblos del Libro”, el joven sultán concedió la amnistía al patriarcado. También otorgó a la institución muchos privilegios y poderes, no menos de los que existían con los emperadores bizantinos. Los armenios y los judíos después disfrutaron de las mismas autonomías.
En el siglo XIX, los pueblos no musulmanes del imperio también lograron el derecho de ciudadanía igual con los musulmanes. Por ello, la burocracia y el parlamento otomanos tardíos incluyeron un gran número de griegos, armenios y judíos –algo que nunca se ve en la Turquía republicana. El seminario de Halki, inaugurado en 1844, es un vestigio de esa era pluralista pasada.
El nacionalismo es lo que destruyó a esta pax otomana. Afectó a los pueblos del imperio, uno por uno, incluidos, hacia el final, los turcos. Hubo muchos conflictos entre éstos y los demás, y la colosal caída del gran imperio dejó un sabor amargo en las bocas de todos. Los armenios, que sufrieron la peor tragedia en 1915, nunca olvidaron ni perdonaron.
Lo que recuerdan los turcos, sin embargo, fue la percepción de “traición” de los otros componentes del imperio, especialmente del Patriarcado Ecuménico. Este último aclamó al ejército griego cuando invadió Anatolia Occidental en 1919. A partir de ese momento, para muchos turcos el patriarcado se convirtió en una "quinta columna".
Cuando Mustafa Kemal Atatürk fundó la República en 1923, definió al patriarcado como "un centro de perfidia.” Como alternativa, promovió un “Patriarcado Turco Ortodoxo” rival que se convirtió en el bastión de la ideología ultranacionalista. (Actualmente se está enjuiciando a algunos miembros de este “patriarcado” artificial por el conocido caso Ergenekon, una red encubierta de funcionarios y civiles acusada de conspirar para dar un golpe de Estado contra el actual gobierno turco.)
Con los años, las ideas de Atatürk evolucionaron hasta convertirse en una ideología oficial llamada “kemalismo”, que tiene dos pilares principales: un laicismo particular que prohíbe todo menos “el estilo secular de vida”, y un nacionalismo feroz que desafía todo lo que considera “no turco.”
El Patriarcado Ecuménico, como institución religiosa y “no turca” no cabe en ninguna categoría. De ahí, que durante todo el régimen republicano, y en especial en momentos de dominación militar, haya padecido presiones y confiscación de bienes, al igual que las demás instituciones religiosas musulmanas y no musulmanas.
Así, pues, parte del problema es la maldición de la historia. Pero uno puede quedar atrapado en la historia o aprender de ella y seguir adelante. A la fecha, lamentablemente, los nacionalistas turcos, en el gobierno y en la sociedad, han elegido la primera opción.
Si una causa de la represión al Patriarcado Ecuménico es el nacionalismo, la otra, sin embargo, es el otro pilar de la ideología kemalista: el secularismo. Las leyes draconianas de Turquía sobre la “educación nacional” prohíben cualquier tipo de educación religiosa a menos que esté estrictamente controlada por el Estado. El verdadero motivo detrás de esto es la aversión del régimen por el Islam. El Patriarcado Ecuménico, como lo señala un observador internacional, sólo recibe “daños colaterales.”
Un claro ejemplo de ello se vio recientemente en un debate en vivo en CNNTurk, el equivalente turco del canal de noticias internacionales. Un diputado del CHP, el incondicionalmente kemalista Partido Republicano del Pueblo, Muharrem İnce, que se oponía a la reapertura del seminario de Halki, se molestó. “¿Saben quiénes son en este país los que más quieren abrir el seminario?”, preguntó en voz alta "¡Los islamistas! Quieren eso porque también buscan abrir escuelas islámicas."
Sí, esta es en efecto, la postura que adoptan cada vez más los líderes de opinión islámicos turcos -que no buscan una Jihad o un “Estado islámico", sino una modesta preservación de la tradición. Se dan cuenta de que la libertad religiosa debe ser defendida por todos. Y tienen un buen marco de referencia en el pluralismo de los otomanos.
Este enfoque más liberal hacia los no musulmanes se puede observar actualmente en el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) que gobierna desde 2002. Aunque sus opositores lo etiquetan de "islamista”, el AKP ha estado mucho más dispuesto a liberalizar a Turquía que sus homólogos seculares, la mayoría de los cuales son fervorosamente nacionalistas. El Informe Anual que publica la Comisión estadounidense sobre la Libertad Religiosa Internacional señala este punto muy bien:
“En noviembre de 2006, el Parlamento turco [dominado por el AKP], como parte de las reformas relacionadas con una posible adhesión a la UE, aprobó una nueva ley que regula las fundaciones de las minorías religiosas de Lausana y facilita los procedimientos para crear fundaciones y permitir que los ciudadanos no turcos en Turquía las establezcan. Más tarde, sin embargo, el presidente, Ahmet Necdet Sezer [kemalista incondicional], vetó la ley. En febrero de 2008, el Parlamento aprobó una ley similar sobre la devolución de bienes confiscados a las minorías no musulmanas…El presidente Gül firmó la legislación que también fue respaldada por el primer ministro, Erdogan, pero tuvo una vehemente oposición por parte de los nacionalistas turcos con el argumento de que la ley concedía demasiados derechos a las minorías.
El propio Patriarca Ecuménico reconoció en una entrevista reciente que el AKP ha mostrado buena voluntad en este asunto. Su Toda Santidad también señaló que el verdadero obstáculo probablemente sea "el Estado profundo" -en referencia al régimen kemalista de Turquía que se considera a sí mismo por encima de cualquier gobierno electo y cualquier ley democrática.


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