Monday, September 1, 2014
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¿Cambio de régimen en China?

CLAREMONT, CALIFORNIA – Una pregunta que se debería haber planteado acerca de la transición de la cúpula del Partido Comunista Chino, que acaba de realizarse, es si este elaborado ejercicio de coreografía podría haberse equiparado a reordenar las sillas de la cubierta del Titanic. A fin de cuentas, es posible que la instalación de nuevos dirigentes resulte poco importante si el fin del régimen del PCCh resulta tan previsible como probable.

A muchos observadores esta afirmación les podría resultar sorprendente. El PCCh, insisten, ha demostrado su capacidad de recuperación desde la crisis de Tiananmen en 1989 y el colapso del comunismo soviético en 1991. ¿Por qué habrían de tomarse en serio ahora las predicciones sobre su caída?

Si bien el futuro de China es impredecible, es posible estimar con cierto nivel de confianza la capacidad de duración de su régimen post-totalitario. Puede que China sea única en muchos sentidos, pero su régimen unipartidista no es muy excepcional. De hecho, su orden político sufre la misma dinámica autodestructiva que ha sepultado a innumerables regímenes autocráticos.

Entre los muchos defectos sistémicos de las autocracias está la progresiva e incurable degeneración de las cúpulas, que se expresa en dirigentes cada vez más débiles. Su naturaleza excluyente y cerrada impide a muchas personas de talento alcanzar altos cargos de gobierno, debido a un patrón de sucesión que recompensa la lealtad por sobre las capacidades. De hecho, los gobernantes autocráticos más hábiles favorecen a sucesores menos talentosos, ya que son más fáciles de preparar y controlar en su camino al poder.

La degeneración de las cúpulas se acelera cuando el régimen autocrático envejece y se vuelve más burocrático. A medida que se va subiendo por la jerarquía, el clientelismo y la aversión a los riesgos se convierten en los factores más importantes a la hora de determinar las posibilidades de ascenso. En consecuencia, las autocracias se vuelven cada vez más escleróticas, al seleccionar dirigentes que exhiben currículos llenos de brillo pero con logros mediocres.

La forma más letal de degeneración de las cúpulas se expresa en las crecientes manifestaciones predatorias entre las élites gobernantes. El síntoma más visible es la corrupción, pero la causa es intrínseca a todas las autocracias. Por lo común, los revolucionarios de primera generación tienen un fuerte vínculo emocional e ideológico con determinados ideales, independientemente de lo equivocados que puedan ser. Pero las elites post-revolucionarias son ideológicamente cínicas y oportunistas. Ven su contribución al régimen meramente como una forma de inversión. Y, al igual que los inversionistas, buscan beneficios cada vez más altos.

A medida que cada generación de gobernantes va cobrando los beneficios ilícitos que les da el goce del poder, sus sucesores se sienten motivados por el deseo de saquear todavía más y el temor a que no quede mucho cuando les llegue el turno de hacerlo. Esa es la dinámica subyacente a la corrupción en la China de hoy. De hecho, las consecuencias de la degeneración de las cúpulas son fáciles de ver: crecimiento y dinamismo económico vacilantes, tensiones sociales en aumento y pérdida de credibilidad del gobierno.

La incógnita es por qué ni la convincente lógica autodestructiva de las autocracias ni la creciente evidencia del deterioro del desempeño del régimen en China han convencido a siquiera algunos de los observadores más informados de que el fin del régimen del PCCh es hoy una posibilidad real.

Una explicación obvia es el poder del pensamiento convencional. Por lo general, se piensa que los regímenes que han gobernado durante mucho tiempo (como el Partido Comunista soviético, Suharto en Indonesia y Hosni Mubarak en Egipto) son invulnerables, incluso justo antes de su colapso. Pero quienes creen que el PCCh puede desafiar tanto la dinámica degenerativa interna de las autocracias como el registro histórico de regímenes unipartidistas fallidos podrían aprender leyendo a León Trotsky, que algo sabía de revoluciones. Trotsky nos recuerda que las dictaduras se consideran indestructibles antes de caer, pero su deceso se ve como inevitable una vez que se han derrumbado.

Otra explicación es el miedo a lo desconocido. Puede que el gobierno del PCCh no dure mucho,  pero la alternativa -el fracaso del Estado y el caos civil- podría ser mucho peor que el statu quo. Sin embargo, el historial de las transiciones democráticas ocurridas desde 1974 sugiere que es poco probable que el cambio de régimen en China resulte calamitoso. El factor decisivo será si se inicia y dirige desde las elites gobernantes, como en Taiwán, México, Brasil y España. Las transiciones guiadas desde el poder producen democracias más estables. Si este proceso ocurriera en China, el PCCh podría transformarse en un partido político importante que competiría con otros, como han hecho los ex partidos autocráticos en México y Taiwán.

Incluso un régimen de transición desordenada, con todo lo traumático y caótico que pueda ser en el corto plazo, podría generar un sistema que, en su conjunto, signifique una mejora con respecto a una autocracia estancada, represiva y corrupta. Puede que la nueva democracia de Indonesia sea imperfecta, pero ha prosperado a pesar de sus malos pronósticos iniciales. Del mismo modo, la Rusia de Vladimir Putin, una autocracia híbrida profundamente defectuosa, es sin embargo un lugar mucho mejor para vivir que la Unión Soviética.

Si hay una lección que aprender de la notable historia de las transiciones democráticas de los últimos 38 años, es que cuando las élites y el pueblo rechazan el autoritarismo hacen todo lo posible para que el nuevo sistema funcione. Si una transición así se produce en China, no hay razones para pensar que el proceso y el resultado sean fundamentalmente diferentes.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

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  1. CommentedJonathan Lam

    Gamesmith94134: Regime Change in China?
    I am not sure what would be the best of the democracy; but in the dedication of the socialism and capitalism, I found no supremacy of the ideologue that benefits all, it is sad that many suffer. I
    n term of autocracy verses oligarchy, the result is just the same. I see Mr. Pei is holding the crutch on the Tiananmen Square, 1989 that CCP is doomed; but what is the bipartisan resolution doing now for our fiscal cliff? Or how Mr. Deng had made the exception to the rules to CCP? He claimed the better cat that catches the mouse, it is not a work of a white cat or black cat; and I agree. It may not just how the gift wrap may present, I rather like to see the fruition of the one’s action than how or which one is favored.
    “It ‘s a Horse, of course.” Regime changes just like anyone else.
    I am not a communist, and I am a Buddhist.
    May the Buddha bless you?

  2. CommentedShane Beck

    Not a chance- as long as the Chinese Communist Party has control of the PLA its continued rule is assured. The only time you get regime change is if the military is neutral or gets co-opted by revolutionary forces.

  3. CommentedJeff GE

    Dogmatic belief and wishful thinking is not substitute for reality based analysis. Professor Pei still holds too hard on his belief that China's one-party rule will fail soon, no matter what.

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