BEIJING – En la víspera del Año Nuevo chino, el Banco Popular de China (PBC, por sus sigla en inglés) sorprendió a los mercados al anunciar –por segunda vez consecutiva en un mes- un incremento en los coeficientes de reserva obligatorios de 50 puntos, llevándolos a un 16.5%. Poco antes de eso, el gobierno chino tomó medidas para detener el sobreendeudamiento de los gobiernos locales (a través de empresas públicas locales de inversión), y para calmar los agitados mercados de la vivienda regionales mediante el aumento del coeficiente del pago inicial para los compradores de una segunda vivienda y el coeficiente de garantía para los promotores inmobiliarios.
Esta última ronda de ajuste monetario en China refleja la creciente preocupación de las autoridades acerca de la liquidez. La oferta monetaria M2 (un indicador clave utilizado para pronosticar la inflación) aumentó en un 27% anual, y el crédito se expandió en un 34%. En enero de 2010, a pesar del estricto “control administrativoampquot; de las líneas de crédito financieras (el PBC de hecho estableció topes crediticios a los bancos comerciales), los créditos bancarios crecieron a una tasa anual de 29%, por encima de una fuerte expansión en el mismo periodo del año anterior. Si bien la inflación se mantiene baja, en un 1.5%, ha estado aumentando en meses recientes. Los precios de las viviendas también se han disparado en gran parte de las grandes ciudades.
Estos factores han hecho que algunos observadores de lo que sucede en China consideren la economía del país como una burbuja, e incluso que pronostiquen una recesión en 2010. No obstante, ese juicio parece prematuro, en el mejor de los casos.
Con seguridad, puede ser que China tenga una fuerte tendencia a crear burbujas, en parte porque las personas que forman parte de una economía que crece rápidamente se hacen menos reacias al riesgo. Treinta años de crecimiento estable sin crisis serias han hecho que la gente esté menos consciente de las consecuencias negativas del sobrecalentamiento y las burbujas. En su lugar, se sienten tan seguras que a menudo culpan al gobierno por no permitir que la economía crezca aún más rápido.
También hay varios factores especiales que pueden hacer que China sea vulnerable a las burbujas. El amplio sector público chino (que representa más del 30% del PIB) normalmente no se preocupa por las pérdidas, debido a las débiles restricciones presupuestales bajo las cuales operan. Los gobiernos locales son igualmente descuidados y a menudo no pagan sus deudas. Adicionalmente, varios problemas estructurales -incluidas las grandes y crecientes disparidades de ingreso- están causando un serio desequilibrio en la economía.
Pero la tendencia a las burbujas no tiene que hacerse realidad. La buena noticia es que los encargados de diseñar las políticas en China están alertas y preparados para deshacer burbujas incipientes –algunas veces con intervenciones impopulares como las recientes medidas monetarias.
Sea lo que sea que uno piense de esas medidas, es casi siempre mejor tomar acciones de política anticíclicas que no hacer nada cuando la economía está sobrecalentándose. Mientras que algunas medidas pueden ser objeto de críticas por ser demasiado “administrativas” e incapaces de permitir una suficiente participación de las fuerzas del mercado, éstas pueden ser la única manera efectiva de abordar las ampquot;entidades administrativasampquot; de China.
En cualquier caso, las nuevas políticas deberían tranquilizar a los que temen que el gobierno central chino simplemente se quede observando cómo se infla la burbuja o que carezca de una política macroeconómica suficientemente independiente para intervenir. Las consecuencias de los estallidos de las burbujas en Japón en los años ochenta y en los Estados Unidos el año pasado, son razones poderosas por las que el gobierno chino ha actuado con tal determinación, mientras que el legado de un sistema centralizado funcional puede explicar por qué ha podido hacerlo de manera tan decisiva. Después de todo, aunque la economía de mercado moderna ofrece un marco estable para la toma de decisiones –como los burócratas chinos lo están aprendiendo con entusiasmo- la idea de una economía planificada surgió en el siglo XIX como una idea en contra de la ortodoxia para abordar las fallas del mercado.
Algunos preferirían que China implantara un mercado totalmente libre sin regulación ni gestión, pero las crisis recientes les han recordado a todos que el fundamentalismo de libre mercado también tiene sus inconvenientes. Nadie ha sido capaz de eliminar burbujas en economías en las que se permite funcionar a los mercados. Sin embargo, si las fluctuaciones pueden resolverse, como señaló John Maynard Keynes, la eficiencia económica total puede mejorar.
La inversión del gobierno, que representa la parte principal del paquete de estímulo contra la crisis de China, debería ayudar en este sentido. Aproximadamente el 80% del total se va a la infraestructura pública como el metro, los ferrocarriles y los proyectos urbanos, que en gran medida deberían considerarse bienes públicos de largo plazo. Como tal, no contribuirán a la creación de una burbuja que conduzca a un exceso inmediato de capacidad en la industria.
Además, aproximadamente el 40% del incremento de los créditos bancarios en 2009 posibilitó la expansión fiscal debido a que los proyectos comenzaron antes que se dieran las asignaciones presupuestales necesarias para financiarlos. El sobreendeudamiento del gobierno local puso en riesgo al sistema bancario y a la economía en conjunto, pero, dado el bajo coeficiente deuda pública-PIB actual de China (sólo 24% incluso después del estímulo contra la crisis), los préstamos fallidos no son un problema peligroso. En efecto, pueden ser absorbidos fácilmente siempre que el crecimiento del PIB anual permanezca entre 8% y 9% y, lo más importante, siempre que las deudas de los gobiernos locales se contengan ahora.
Finalmente, el apalancamiento de las inversiones financieras sigue siendo bajo comparado con otros países. Usar los créditos bancarios para especular en los mercados de capital y de la vivienda todavía sigue siendo en gran parte prohibido. Puede que haya fallas y lagunas en estas normas, pero las medidas de protección están listas –y están rigurosamente protegidas como nunca antes.
Entonces, ¿sigue siendo posible una burbuja china? Tal vez. Pero aún no ha aparecido y puede contenerse adecuadamente si aparece.


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