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Los idus de agosto

MOSCU: Para muchos rusos, agosto es un mes para sus dachas; pero también es un mes en el que se está desarrollando la tradición de cambiar al país. Agosto de 1991 fue un momento así por el intento de golpe en contra de mi gobierno. El intento falló pero Rusia cambió para siempre. Este agosto también estamos enfrascados (de manera más tranquila) en la revisión del poder ejecutivo en Rusia, y en un esfuerzo para corregir los numerosos cambios que hizo el Presidente Yeltsin durante las secuelas de agosto de 1991.

La imposición irracional de las reglas del mercado sobre casi todos los aspectos de la sociedad, reglas que fueron impulsadas por un pequeño círculo en el gobierno de Yeltsin, ha dado lugar a esfuerzos de reforma más equilibrados. De hecho, en julio las tendencias hacia la izquierda se mostraron mucho más pronunciadas entre el electorado. Este hecho no ha pasado inadvertido para el Presidente Putin.

A iniciativa suya, varias comisiones recibieron la encomienda de analizar reformas importantes y la dirección que Rusia debe seguir ahora. Esto permitió que puntos de vista que antes habían sido ignorados ahora desempeñen un papel central en el diseño de las políticas. Por ejemplo, la reestructuración que Anatoli Chubais, el ex-gurú para asuntos económicos de Boris Yeltsin, planeaba imponer sobre Sistemas Unidos de Energía (el monopolio de la electricidad ruso) fue modificada de manera positiva por una de las comisiones del Presidente. Las ideas con criterios sociales también fueron clave en la formulación de un nuevo Código Laboral, de las reformas sobre vivienda y pensiones y en las mejoras a las estructuras educativas del país.

Vladimir Putin promovió esos cambios. Sus acciones reflejan que está conciente de que las condiciones sociales siguen deteriorándose. Por supuesto, los resultados deseados tadavía no están a la vista. El que lleguen dependerá tanto de la actitud del público como de las políticas escritas. Lo que es impresionante, sin embargo, es el realismo del Presidente Putin, ya que sus políticas pueden obtener un apoyo mayoritario de la población. Bajo el Presidente Yeltsin, se desdeñaba a la opinión pública en lo referente a las reformas.

El Partido Socialdemócrata Unido Ruso (ROSDP) (que yo ayudé a fundar) es una fuerza que apoya las nuevas tendencias impulsadas por el Presidente Putin. Creemos, por ejemplo, que en lo que se refiere a la educación, las condiciones actuales son flagrantemente inconstitucionales. El Artículo 43 de la Constitución Rusa, en efecto, otorga la garantía gubernamental de acceso a la educación gratuita para todos, así como educación superior gratuita para quienes resulten admitidos sobre la base de exámenes competitivos de admisión.

Sin embargo, a pesar de esas garantías, prevalece un sistema educativo avaricioso. Está empobreciendo la educación y pronto privará a Rusia de sus tradicionales logros intelectuales. Para corregir eso es vital un aumento al financiamiento que da el Estado. Es necesario pagarle a los maestros por lo menos el doble de lo que ganan ahora, ya que sus salarios son apenas la mitad de lo que obtienen los (mal pagados) obreros industriales. También se necesitará inversión del Estado en libros de texto, mapas, televisiones, computadoras y apoyo técnico si se quiere que la educación rusa se mantenga o rebase los estándares mundiales.

La actitud de avaricia se extiende también a la salud, donde la comercialización de los hospitales estatales y municipales es otro suceso inconstitucional (el Artículo 41 de la Constitución garantiza atención médica gratuita). Sin embargo, los servicios médicos gratuitos ya no son accesibles para la mayoría de la gente. Dadas las condiciones de salud en deterioro del país, los efectos de retirarle la atención médica a la gente porque no puede pagar son desastrosos, sobre todo para las generaciones más viejas.

Los socialdemócratas como los que hay en mi partido están a favor de un estado social, razón por la cual, a pesar de nuestro apoyo básico al Presidente Putin, criticamos el nuevo Código Laboral. Por supuesto, hay que considerar las necesidades del mercado, pero las leyes laborales no se pueden escribir atendiendo solamente a los intereses de los patrones. Los intereses humanos se deben proteger por encima de todos los demás. Si no, acabaremos con una inestabilidad social y económica interminable. Si el gobierno quiere desarrollar una alianza social con nuestra gente, una ley laboral que refleje ese deseo es el punto de partida.

En cuanto a la vivienda y la reforma de los servicios como la electricidad, lamentablemente la política oficial parece ir con la corriente. Sin embargo, ¿por qué tiene que pagar más la gente para cubrir la incompetencia gerencial? En reuniones organizadas por nuestro partido en Moscú, San Petersburgo, Pskov y algunas regiones de Siberia se demostró que si los servicios funcionan con eficiencia no hay una sobreutilización del gas, la electricidad o el agua. Así, no es necesario elevar los precios para controlar el desperdicio. De hecho, cuando hay una administración inteligente, los costos de la vivienda y los servicios se reducen sustancialmente. Tal como está propuesta actualmente, la reforma sólo creará nuevos monopolios privados, que serán más difíciles de controlar que los viejos monopolios del Estado.

La raíz de todos los fracasos de la última década es el hecho de que, durante la mayor parte de esos diez años, los reformadores no pensaron en la gente cuyas vidas querían reformar. Nunca consideraron el impacto de sus proyectos sobre la vida cotidiana. Sin embargo, no habrá acuerdo social si, como resultado de las reformas, el gasto de la gente se eleva más de la mitad mientras sus salarios sólo crecen una cuarta parte. Un enfoque así crea inestabilidad, como lo vimos con demasiada frecuencia durante el gobierno del Presidente Yeltsin. La discusión pública sobre los resultados de las reformas propuestas debe darse antes de que se conviertan en leyes; de lo contrario, será muy tarde para cambiarlas.

Todos los que consideren que las libertades democráticas, la justicia social y el bienestar del pueblo son más que palabras vacías (es más, que son la esencia de los valores rusos) deben apoyar los esfuerzos del Presidente Putin para reconstruir nuestro país de una manera justa para todos. No obstante, también el Presidente debe hacer su parte evaluando a la gente que lo rodea por la devoción que muestren hacia su visión. No debe evaluarlos tan sólo por el apoyo personal que le den, sino también por su apoyo activo a lo que él representa.

Si lo hace, las políticas del Presidente Putin serán realistas y socialmente viables, y permitirán que los intereses nacionales de Rusia se respeten y se conserven. Este agosto, diez años después del colapso del la Unión Soviética, los rusos tienen finalmente una oportunidad para consolidar su sociedad alrededor de metas constructivas. Después de una década desperdiciada, no podemos darnos el lujo de perder esta oportunidad.

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