BELGRADO: Los sondeos de opinión en Serbia muestran que la gran mayoría de la población cree que el Tribunal Criminal Internacional para la ex-Yugoslavia es un instrumento político para golpear a los serbios. Por ello, se oponen a la extradición de los acusados –incluyendo al ex-presidente Milosevic—al Tribunal de la Haya. Cuando la fiscal en jefe del Tribunal, Carla del Ponte, llegue a Belgrado este martes, la bienvenida no será cálida.
Los políticos democráticos en todas partes buscan el apoyo de los lobbies étnicos. Para ganar el voto cubano en Florida, los políticos estadounidenses se muestran duros con Castro; para obtener los sufragios de los judíos en Nueva York, son blandos con Israel. Al mismo tiempo que llevan a cabo este juego, los encargados de la política en los Estados Unidos (tanto demócratas como republicanos) exigen que Vojislav Kostunica, Presidente de Yugoslavia, coopere incondicionalmente con el Tribunal de la Haya.
Sin embargo, Kostunica es un político sensible. Sabe que, aunque el lobby serbio es débil en Estados Unidos, en Serbia es todopoderoso. Tomando muy en cuenta el sentir de sus electores, Kostunica ha criticado al Tribunal y expresado sus reservas sobre la posibilidad de recibir a la Sra. del Ponte.
Mucho antes de la guerra civil en la ex-Yugoslavia, yo concluí que el mundo necesitaba una corte internacional para enjuiciar a gobiernos y jefes militares responsables de crímenes de guerra, crímenes en contra de la humanidad y genocidio. Sin embargo, desde que el Consejo de Seguridad de la ONU estableció el Tribunal Criminal Internacional para la ex-Yugoslavia en 1993, estoy muy desilusionado. Me siento como los verdaderos creyentes en el comunismo que, en la década de los treinta, súbitamente se dieron cuenta de los horrores que se daban en la Unión Soviética.
¿Por qué este cambio de opinión? Biljana Plavsic, profesora de biología y líder de los serbios bosnios, compareció recientemente ante el Tribunal de la Haya acusada de genocidio. No obstante, la fiscalía simplemente repitió las acusaciones sobre los crímenes cometidos por los serbios bosnios que se conocen desde hace años. No se presentó ni una pizca de evidencias nuevas o recientes.
Cuando la Sra. Plavsic era la presidenta pro-Occidente de la parte serbia de Bosnia –entre 1996 y 1998—y tenía conflictos con sus colegas más nacionalistas, se le aclamó en Occidente como demócrata y adalid de la tolerancia. Recuerdo haber visto al Presidente Jacques Chirac besándole la mano a la entrada del Palacio del Eliseo. Me recuerda las purgas de Stalin. Un día, uno era héroe de la Unión Soviética, y al siguiente lo ejecutaban como enemigo del pueblo.
El 27 de mayo de 1999, durante lo más intenso de la campaña de bombardeo de la OTAN, la juez Louise Arbour, de Canadá, predecesora de la Sra. del Ponte en el Tribunal de la Haya, expidió una orden de arresto en contra del Presidente Slobodan Milosevic. La acusación se basaba en evidencias que obtuvieron los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos acerca de las expulsiones y asesinatos de albanos en Kosovo. El Tribunal pudo haber acusado a Milosevic varios años antes por su responsabilidad en la guerra de Bosnia. Sin embargo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos necesitaba su apoyo para concluir el acuerdo de paz de Daytona de 1995, de manera que los crímenes de Milosevic en esa época se olvidaron convenientemente.
Poco después de que se expidiera la orden de arresto contra Milosevic, me enteré en Belgrado de que funcionarios estadounidenses estaban amenazando con acusar a Vuk Draskovic, un líder opositor, por las actividades de su organización paramilitar durante la guerra de 1991 en Croacia. Era como si los norteamericanos estuviesen diciendo: deje de crear conflictos con otros líderes opositores o lo vamos a acusar.
En realidad resulta tan fácil descalificar de entrada como nacionalistas intransigentes a aquéllos serbios que preguntan: ¿por qué nunca acusaron a Franjo Tudjman (el ex-presidente de Croacia)? Bajo su mandato, casi medio millón de serbios fueron expulsados de Croacia. El también envió tropas a Bosnia para dividir el territorio bosnio.
¿Y qué decir de Alija Izetbegovic el ex-presidente musulmán de Bosnia, que nunca quiso un país multiétnico (musulmán-serbio-croata) sino más bien el primer Estado musulmán en Europa? Durante su régimen, Sarajevo fue „limpiada“ de casi todos los serbios y croatas. ¿Y qué de Hashim Thaci, el joven líder del Ejército de Liberación de Kosovo? Cuando las tropas serbias salieron de Kosovo y entró la OTAN en junio de 1999, fue el ELK quien realmente tomó el control. Desde entonces, han destruido docenas de iglesias y monasterios ortodoxos serbios, han asesinado a cientos de civiles y han expulsado a casi todos los serbios y otros no-albanos.
Por último, pero no por ello menos importante, ¿podemos evitar las preguntas sobre la responsabilidad de la OTAN? Tal vez varios miles de civiles serbios murieron durante los bombardeos de la OTAN. Puede resultar que las balas de uranio agotado que se usaron durante la guerra de Kosovo causen radiación y que algunos comandantes y políticos lo supieran. Al bombardear infraestructura en Serbia, la OTAN también violó el Artículo 14 del Protocolo de 1977 de la Convención de Ginebra de 1949, que prohíbe ataques en contra de "objetos indispensables para la supervivencia de la población civil".
Los Estados Unidos nunca aceptarán la jurisdicción de una corte internacional independiente sobre sus líderes políticos y sus fuerzas militares. Tampoco lo hará ninguna otra potencia. El vocero del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos lo ha dicho sin empacho: „Es más probable que el edificio de la ONU sea desmantelado ladrillo por ladrillo y echado al Atlántico, que algún piloto de la OTAN comparezca ante un tribunal de Naciones Unidas.“
En lugar de impartir justicia, el Tribunal de la Haya se ha rendido a las presiones y manipulaciones políticas. En vez de ayudar a los serbios a alcanzar una catarsis moral a través del castigo a sus líderes culpables de algún crimen, el Tribunal de la Haya está reforzando los prejuicios en contra de Occidente y el sentimiento de víctima que ya es común en Serbia.


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