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El crecimiento se torna verde

NAIROBI – La cumbre del G-20 en Toronto ofrece la oportunidad de hacer un análisis extenso y laborioso de cómo las inversiones verdes están favoreciendo la recuperación económica y el crecimiento del empleo en muchos países, al mismo tiempo que generan réditos ambientales, inclusive en materia de cambio climático.

China, que canalizó aproximadamente un tercio de su paquete de estímulo a los sectores medioambientales, ha registrado un incremento marcado de su PBI, y el empleo en energías renovables como la solar ha subido a más de 1,5 millón de personas -solamente en 2009 se incorporaron 300.000 trabajadores.

La tasa de desempleo de España es alta, pero sin duda lo sería mucho más sin su política destinada a fomentar la energía eólica y otros sectores de tecnologías limpias, en los que se han creado medio millón de fuentes de trabajo.

Corea del Sur ha invertido muy por encima del 80% de su estímulo en áreas que van desde el transporte sustentable y los vehículos de bajas emisiones hasta los edificios eficientes en consumo de energía. Esto ahora se ha visto respaldado por un plan quinquenal de crecimiento verde destinado a reducir la dependencia del carbono al mismo tiempo que se genera 1,8 millón de empleos.

La Ley Nacional de Garantía del Empleo Rural de la India está ayudando a reparar y restaurar una serie de infraestructura rural, esencial para la vida de los pobres, que incluye redes de almacenamiento de agua en algunas de las zonas más pobres del país, como Andhra Pradesh. Ofrece una mejor calidad de agua, un incremento del 25% en los salarios de los trabajadores agrícolas y más de 3.500 millones de días de trabajo, mientras que el programa en su totalidad abarca un promedio de 30 millones de familias por año.

La ciudad de San Pablo, que representa aproximadamente una tercera parte de la economía de Brasil, se está embarcando en una estrategia de Economía Verde que va desde el transporte hasta edificios más ecológicos.

Si bien la transición a una economía con un menor consumo de carbono y más eficiente en términos de recursos está ganando impulso a nivel global, algunos dicen que no es más que una reformulación lustrosa de la agenda de desarrollo sustentable o, peor aún, un plan para limitar en lugar de liberar el crecimiento en los países en desarrollo y menos desarrollados. En cualquier caso, dicen, se trata de una agenda respaldada por los países desarrollados o de rápido crecimiento, que las economías más pobres no se pueden dar el lujo de encarar.

Nada de esto puede estar más alejado de la verdad. Con anterioridad a la cumbre del G-20, reunimos algunos casos de estudio fundamentales -que serán parte de un informe relevante sobre la Economía Verde que se publicará más avanzado el año.

En Kenia, descubrimos que una nueva política de energía verde, que incluye una tarifa de alimentación y un acuerdo de compra de energía a 15 años, está catalizando un objetivo inicial de 500 megavatios de energía geotermal, eólica y de biocombustible, y un incremento de más del 40% de la capacidad instalada del país.

En Uganda, políticas destinadas a promover la agricultura orgánica han generado 200.000 agricultores certificados y un fuerte crecimiento de las exportaciones, de menos de 4 millones de dólares en 2003 a casi 23 millones de dólares en la actualidad.

Y en Tailandia, mecanismos de mercado, respaldados por objetivos ambiciosos, están ayudando al país a generar empresas que son líderes regionales en reciclado de residuos, que hoy incluyen operaciones en Laos y Malasia, al tiempo que crean miles de empleos.

En los últimos dos años, la Economía Verde ha pasado de la teoría a la práctica. Hoy es uno de los dos temas principales mientras los gobiernos se preparan para la conferencia Río+20 en Brasil en 2012. La lógica inherente ofrece, tal vez por primera vez, un paradigma de crecimiento sustentable que es apropiado para los países en desarrollo y desarrollados por igual.

Las nuevas ideas y políticas, especialmente cuando desafían el status quo, siempre tendrán sus críticos. Pero, como demuestran múltiples estudios de caso, muchas economías en desarrollo están cambiando de opinión.

La Economía Verde no es un lujo, sino un claro imperativo en un planeta de seis mil millones de personas -y nueve mil millones para 2050-. La crisis financiera y económica le ha dado alas. Hasta dónde llegue dependerá de las políticas inteligentes que implementen los gobiernos nacionales en los países desarrollados y en desarrollo, y de las políticas de cara al futuro que tomen los bancos regionales de desarrollo, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las finanzas de desarrollo bilateral de los países de la OCDE.

La cumbre del G-20 en Toronto tiene la oportunidad, si no la responsabilidad, de dar lugar a esta transición si adopta un papel de liderazgo en respaldo de las aspiraciones de las economías en desarrollo. Sus líderes deberían reafirmar su compromiso con la sustentabilidad en la recuperación económica global, y su reconocimiento del poder de la Economía Verde a la hora de crear un camino de desarrollo esencialmente diferente para todos los países.

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