NUEVA YORK – A medida que los líderes de la zona euro se enfrentan a una creciente incertidumbre en los mercados financieros sobre las finanzas públicas de Grecia y otros Estados miembros, sus declaraciones, aunque un poco vagas, ponen de relieve una cuestión mucho más amplia, que obligará a las empresas e inversionistas a cuestionar sus supuestos sobre el ambiente económico, financiero y político de Europa.
Primero, obviemos un poderoso mito emergente. Los problemas de Grecia han alentado a algunos a preguntarse abiertamente si la zona euro podrá superar sus crecientes desequilibrios internos. Sin embargo, tales dudas ignoran los factores políticos y culturales que respaldan el profundo compromiso europeo para preservar la unión monetaria.
El euro se creó en parte para reforzar la eficiencia del mercado interior y evitar la volatilidad de la moneda. No obstante, también es el producto de una convicción profundamente arraigada de que las instituciones transnacionales y la interdependencia económica han contribuido a establecer y mantener la paz en el continente en las últimas seis décadas. En un mundo de instituciones multilaterales débiles –incluido el G-20 acosado por considerables diferencias de opinión sobre cuestiones básicas- es más importante que nunca que los gobiernos de la zona euro fortalezcan su influencia colectiva en un ambiente global incierto, sin precedentes y competitivo.
Para los Estados miembros, la zona euro sencillamente es demasiado importante como para fracasar. Ello significa que las soluciones a los numerosos problemas a que ahora se enfrentan requerirán de un ajuste en la manera en que cada uno grava y gasta. Con todo, de un gobierno a otro, el resultado será enormemente desigual –un problema recurrente en los esfuerzos de varias décadas de Europa por alcanzar la estabilidad monetaria interna. Esta divergencia en la política fiscal tiene muchas causas, y no la va alterar un único trastorno.
Es complicado comprender la creciente importancia de la política fiscal debido a la confusión sobre la forma en que varios gobiernos de la zona euro toman decisiones políticas –un proceso que se basa en una compleja mezcla de factores institucionales poco claros y siempre cambiantes y la dinámica de la política interna que varía considerablemente de un país a otro. En una era en que la transparencia y la divulgación son la norma general en gran parte de los aspectos de la gobernanza europea, la política de las medidas fiscales todavía se asemeja a una conferencia diplomática de alrededor de 1815.
Esta es la nueva realidad de Europa, no una falla momentánea de la situación normal. Las compañías y los inversionistas expuestos al riesgo en Europa deben de asumir una volatilidad mucho mayor en las tasas de interés en la zona euro y un crecimiento cada vez más desigual y las perspectivas de inflación. La convergencia de los rendimientos de la deuda soberana implícita y requerida por el establecimiento de la moneda única no tiene por qué volver.
La ausencia de un marco estable obligará a los inversionistas a repensar sus decisiones de asignación de activos y apreciación del riesgo. Cuando el mercado de bonos comience finalmente a tomar en cuenta en los precios los riesgos relativamente mayores de los fondos soberanos de la zona euro, las bases intelectuales de la idea de una división global entre los bonos de los mercados emergentes y los de los mercados desarrollados se pondrán fundamentalmente a prueba.
Estos cambios serán graduales, persistentes y menos predecibles de lo que los inversionistas habían llegado a esperar durante la calma engañosa de la primera década del euro, cuando el establecimiento de la unión monetaria junto con la ampliación de la UE y la liberalización parecían haber creado un ambiente benigno y estable.
Finalmente, los cambios de política notables y duraderos no estarán limitados a los países en dificultades financieras apremiantes. La política fiscal alemana pronto podría ser muy diferente del forzado déficit cero que prevaleció durante la gran coalición que gobernó de 2005 a 2009. Durante ese periodo, los sectores a favor de la reducción del déficit tanto entre los socialdemócratas como entre los democratacristianos se aliaron para repeler las presiones de otras facciones en sus respectivos partidos para hacer un cambio de política.
Dicha estructura no existe más. Ahora, la derecha quiere recortes de impuestos y la izquierda, que hoy se está reconstituyendo, puede presionar por un gasto mayor. Nadie piensa que Alemania está en riesgo de impago, pero los inversionistas pasan por alto este tipo de cambio de política por su cuenta y riesgo. Después de todo, un cambio significativo de dirección en la política de la economía más grande de la zona euro podría tener un efecto mucho mayor en la unión monetaria que los acontecimientos en Grecia.
Visto el conflicto interno por los impuestos y el gasto, tal vez Alemania, no Grecia, se convierta en el primer país de la zona euro que atestigüe la caída de un gobierno.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.