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El gran espejismo de Estados Unidos

NEW HAVEN - En septiembre de 1998, en las profundidades de la crisis financiera asiática, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos en ese momento, tenía un mensaje sencillo que comunicar: EE.UU. no es un oasis de prosperidad en un mundo en dificultades. Su punto viene aún más al caso hoy que en aquel entonces.

Sí, la economía de EE.UU. se ha recuperado con debilidad en los últimos tres años. Pero al menos es una recuperación, muchos afirman, y por lo tanto el país está pudiendo resistir en medio de un mundo desarrollado en problemas. A diferencia de la Gran Recesión de 2008-2009, en la actualidad existe la esperanza generalizada de que Estados Unidos tenga la capacidad de mantener el rumbo y respaldar al resto del mundo en medio de la crisis del euro.

Mejor sería pensárselo más. Desde el primer trimestre de 2009, cuando la economía estadounidense tocaba fondo después de su peor recesión de posguerra, las exportaciones han llegado a representar un 41% de la recuperación posterior. Así es: en momentos que el consumidor estadounidense se encuentra paralizado tras la borrachera de consumo más grande de la historia, la economía de EE.UU. ha pasado a depender de manera desproporcionada de los mercados extranjeros. Puesto que esos mercados se ven ahora en problemas, no nos deberíamos sorprender si EE.UU. termina por ser el siguiente.

En los últimos tres años, tres regiones representaron en su conjunto el 83% del crecimiento de Estados Unidos impulsado por las exportaciones: Asia, América Latina y Europa. (Dado que las estadísticas de comercio regionales y nacionales reunidas por el Departamento de Comercio de EE.UU. no se ajustan estacionalmente, las comparaciones siguientes se presentan sobre la base de una comparación similar desde el primer trimestre de 2009 al primer trimestre de 2012.)

No es de extrañar, que Asia haya estado a la cabeza, representando el 33% del aumento total de las exportaciones de EE.UU. durante los últimos tres años. La mayor fuente de este incremento se debe a los 15 puntos porcentuales de la Gran China (República Popular, Taiwán y Hong Kong). Huelga decir que la desaceleración en curso de China -incluso en el escenario de aterrizaje suave que todavía creo es el más factible- está afectando de modo importante a las exportaciones de Estados Unidos. El resto del impulso de las exportaciones a Asia está más desperdigado, y lo encabezan Corea del Sur, Japón y Taiwán, todas economías exportadoras en sí mismas y que dependen fuertemente de una China que pierde fuelle.

América Latina fue la segunda mayor fuente, representando un 28% de las ganancias totales de las ventas exteriores de Estados Unidos en los últimos tres años. Brasil y México representaron en conjunto 19 puntos porcentuales de esa cifra. El crecimiento en ambas economías se está desacelerando de manera significativa, especialmente en Brasil. Y, dados los estrechos vínculos existentes entre la producción mexicana y el consumo de EE.UU. (que ahora chisporrotea de nuevo), es posible que toda recuperación de la economía mexicana sea de corta duración.

Por último, tenemos el triste caso de Europa, que ha representado el 21% del crecimiento acumulado de las exportaciones estadounidenses en los últimos tres años. En este caso, las estadísticas del Departamento de Comercio de Estados Unidos no son tan útiles para la localización de la fuente del impulso, ya que se publica solo una lista parcial de países. Lo que sí sabemos es que el Reino Unido, Alemania y Francia -las llamadas economías principales-  representaron en su conjunto apenas el 3,5% del aumento de las exportaciones de EE.UU. desde principios de 2009, y que el Reino Unido acapara la mayor parte de ese aumento. Eso sugiere que la mayor parte del aumento de las exportaciones europeas se concentró en las llamadas economías periféricas de la región. Y claramente eso es un problema serio.

Siempre es difícil hacer predicciones, pero algunos escenarios hipotéticos arrojan luz sobre lo que significa todo esto para la mayor economía del mundo. Desde el segundo trimestre de 2009 el crecimiento real anualizado del PIB de EE.UU. ha promediado un 2,4%. Si atribuimos a las exportaciones cerca de un 40% de ese aumento, significa que el resto de la economía ha crecido a un anémico 1,4%.

En un escenario en que las exportaciones siguen como hoy, sin ningún aumento, y si todos los demás factores se mantienen iguales (lo que es siempre un supuesto heroico), el crecimiento general del PIB real convergería en ese 1,4%. Se trata de un ritmo de crecimiento débil desde cualquier punto de vista y que probablemente acabe por expresarse en un aumento del desempleo y un mayor deterioro en la confianza de los consumidores.

Por otra parte, en un escenario de moderada desaceleración en que las exportaciones reales caen en un 5% a lo largo de un período de cuatro trimestres, el crecimiento real del PIB podría quedar por debajo del 1%, que es el umbral de "velocidad de pérdida", dejando a la economía estadounidense en una situación vulnerable a recaer en recesión. A modo de referencia, la hipótesis de una desaceleración de las exportaciones del 5% palidece en comparación con la abrupta caída del 13,6% ocurrida en el período 2008-2009. Como tal, esta "hipótesis" es una evaluación cautamente optimista de los riesgos a la baja derivados de la débil demanda externa.

Todo esto pone de relieve una de las consecuencias más evidentes y, sin embargo, que más se pasan por alto de un mundo cada vez más interdependiente: todos estamos juntos en esto. La crisis del euro es un golpe serio que está produciendo un efecto dominó en todo el mundo. Europa es la mayor fuente de demanda para una China cuya economía está impulsada de las exportaciones; lo que ocurra en China repercute en el resto del Asia que gira en torno a ella y, desde allí, las ondas llegan a las costas de una economía estadounidense cada vez más dependiente de las exportaciones. Como sugiere la reciente debilidad de los datos sobre empleo y ventas minoristas, esto ya puede estar sucediendo.

La advertencia de Greenspan en 1998 llegó en un momento en que las exportaciones de Estados Unidos solo representaban el 10,5% del PIB. Hoy en día esa cifra llega ya a un récord de 14%, puesto que Estados Unidos después de la crisis apostó a una recuperación impulsada por las exportaciones. La desaceleración mundial actual no está a la par con lo que ocurrió a finales de 1990 o de los choques más fuertes de hace 3-4 años, al menos no todavía. Pero no se puede decir que la crisis global actual sea poco importante para EE.UU. o cualquier otro país.

En una era de globalización, no hay espectadores inocentes. Ciertamente, no hay oasis de prosperidad frente a una nueva crisis de proporciones en la economía global. El espejismo del crecimiento estadounidense lo ilustra muy bien.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen