Wednesday, April 23, 2014
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Las frágiles raíces del crecimiento de la productividad

¿Qué tan rápido está creciendo la economía de los EU? Los inversionistas más avezados están apostando que los datos económicos más recientes mostrarán una tasa de crecimiento anual del PIB de 3% para el segundo trimestre de 2003. También apuestan a que el tercer trimestre bien podría presentar una tasa de crecimiento de hasta el 5% anual. En julio, la producción industrial estadounidense cayó medio punto porcentual, mientras que Intel, el gran fabricante de microprocesadores, anuncia un muy fuerte crecimiento de la demanda por sus productos principales, lo que indica que el gasto de inversión empresarial por fin se está acelerando.

Aunque Japón sigue estancado y Europa occidental sigue a las puertas de la recesión, una recuperación sólida del "crecimiento de la producción" debería ser de gran ayuda para impulsar la demanda en el resto del mundo. Pero esta buena noticia sobre el ciclo empresarial en los EU ha venido acompañada de malas noticias en lo que se refiere al empleo. Las horas trabajadas en las empresas estadounidenses cayeron a una tasa del 2.7% anual en el segundo trimestre. El empleo (particularmente en el sector manufacturero) cayó en julio. Es muy probable que las horas trabajadas sigan disminuyendo en el tercer trimestre.

¿Cómo se explica esta divergencia tan amplia? ¿Cómo pueden los Estados Unidos tener un crecimiento razonablemente rápido de la producción y sin embargo un desempleo creciente? La respuesta es que la tendencia subyacente de crecimiento de la productividad en la economía estadounidense sigue siendo excepcionalmente positiva. Es muy probable que el aumento de la productividad del 5.7% anual que se registró en el segundo trimestre se vea igualado de julio a septiembre. Dado que los trabajadores de Estados Unidos producen más en menos tiempo, no es ninguna sorpresa que esté apareciendo una cuña entre las (buenas) noticias sobre la productividad y las (malas) nuevas sobre el empleo.

A corto plazo, un rápido crecimiento de la productividad plantea dilemas para el manejo macroeconómico, porque lo que de otra forma sería considerado como un crecimiento razonablemente fuerte de la demanda resulta insuficiente para mantener bajo el desempleo. Pero la visión de corto plazo no es la que importa.

A largo plazo, el crecimiento rápido de la productividad es una buena noticia para Estados Unidos: una economía con mayor productividad tiene más éxito en mejorar el bienestar humano. A largo plazo, eso también representa una buena noticia para los socios comerciales de Estados Unidos: se gana más valor comerciando con una economía más rica que con una más pobre.

El hecho de que el crecimiento rápido de la productividad en los EU se haya mantenido a lo largo de la reciente recesión y hasta la subsiguiente recuperación de baja intensidad es una prueba sólida de que las tasas de crecimiento del PIB y de la productividad a largo plazo del país se han desplazado al alza permanentemente, o, si no permanentemente, al menos durante un período que probablemente durará décadas.

Por supuesto, Estados Unidos no es la única nación industrializada que ha visto una aceleración del crecimiento de su productividad desde la segunda mitad de los noventa. Australia, Irlanda y los páises escandinavos han tenido sus episodios de crecimiento inesperadamente rápido. Pero el resto de Europa occidental y Japón no los han tenido.

Europa occidental y Japón tienen dinámicos sectores de alta tecnología, ejecutivos competentes y culturas tan capaces como la de los EU de sacar provecho del boom anunciado por la rápida caída en los precios de la tecnología de la información. Así, uno pensaría que en esos países se daría la misma revolución de la productividad. Sin embargo, no hay señales de ello. ¿Por qué?

La opinión convencional actual, que el economista estadounidense Robert Gordon respalda firmemente, es que el actual episodio de crecimiento de la productividad que está experimentando Estados Unidos (y que se convertirá en un boom económico a gran escala cuando el crecimiento de la demanda sea lo suficientemente acelerado) se debe a la sinergia. Según este punto de vista, los Estados Unidos están en una posición particularmente ventajosa para beneficiarse de la rápida caída en los precios de la tecnología de la información debido a su apertura a la competencia y a formas nuevas de hacer negocios, sobre todo en la distribución.

La comparación entre finales de los noventa y los primeros años de la década actual en Estados Unidos y Europa occidental nos obliga a reflexionar sobre lo frágiles que son en realidad los mecanismos subyacentes necesarios para apoyar un crecimiento económico acelerado. Europa occidental y los EU son democracias postindustriales. Ambos tienen economías de mercado. Ambos cuentan con sistemas de seguridad social amplios y fuertes.

Claro que existen diferencias institucionales entre Estados Unidos y Europa occidental: en la reglamentación del trabajo, en restricciones al uso del suelo y reurbanización, en la tolerancia de las autoridades de competencia sobre el mantenimiento de los precios de reventa y prácticas similares. Pero, ¿acaso son estas diferencias realmente tan grandes como para afectar el desempeño macroeconómico en forma tan dramática? En opinión de Robert Gordon (y en la mía), las raíces de un boom en la productividad de alta tecnología que abarque toda la economía como el que se está dando en los EU son tan delicadas que florecen en tierra estadounidense pero no en la de Europa continental.

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