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La caída de la casa de Murdoch

NUEVA YORK – Durante los cuatro decenios transcurridos desde que el caso Watergate hundió al Presidente de los Estados Unidos Richard Nixon, los políticos han pasado por alto repetidas veces la enseñanza principal que se desprendió de aquel escándalo: el encubrimiento es peor que el delito. Como Nixon, han pagado un precio mayor por el ocultamiento que por sus propias fechorías.

Ahora, por una vez, llega un escándalo que contraviene esa regla: el caso de las escuchas telefónicas ilegales en el Reino Unido, que ha sacudido la política británica hasta sus cimientos. En el último decenio, el periódico sensacionalista The News of the World, propiedad de la News Corporación de Rupert Murdoch, puso la mira en los mensajes por teléfono de 4.000 personas. En la lista figuran no sólo miembros de la realeza, famosos y otras personas muy importantes, sino también familias de militares fallecidos en el Afganistán y el Iraq y de víctimas del ataque terrorista de julio de 2005 en Londres.

Se descubrió todo cuando The Guardián informó de que el periódico sensacionalista había escuchado ilegalmente los mensajes recibidos en el teléfono de la niña de 13 años Milly Dowler, al parecer con la esperanza de obtener alguna expresión privada de aflicción o desesperación de sus familiares para publicarla en  primera página. Cuando, seis meses después, se descubrió el cuerpo asesinado de la niña, la familia y la policía pensaban que podía estar aún con vida, porque los periodistas de The News of the World borraban mensajes cuando el buzón de su teléfono se llenaba. (Según Scotland Yard, los gacetilleros de Murdoch también sobornaron, al parecer, a agentes de policía de nivel medio para obtener información.)

En los extensos anales de las escuchas ilegales, todo eso es algo nuevo. Ni siquiera Stalin intervino los teléfonos de los muertos.

A continuación hubo un encubrimiento. James Murdoch, hijo de Rupert y presidente y director de las operaciones de News Corporation en Europa y Asia, autorizó un pago secreto de un millón de libras (1,6 millones de dólares) para comprar el silencio de víctimas de escuchas ilegales. Al parecer, se han destruido millones de mensajes electrónicos internos. No obstante, parece poder afirmarse sin miedo a equivocarse que la inhumanidad particularmente repelente de los hechos originales seguirá siendo más escandalosa que los detalles de este o de cualquier encubrimiento.

Aun así, las consecuencias políticas del escándalo de las escuchas ilegales dependen de mucho más que del resultado de las investigaciones oficiales que se están haciendo ahora en Gran Bretaña. Por encima de todo, las repercusiones del escándalo dependerán de cómo juzguen los gobiernos y los ciudadanos lo que News Corporation es en realidad.

Los Murdoch llaman empresa periodística a News Corporation. En realidad, es, en primer lugar, una empresa de espectáculos y la mayor parte de sus ingresos proceden de sus filiales cinematográficas y televisivas. En segundo y más importante lugar, es una máquina de propagada en pro de causas y figuras políticas derechistas.

Ésa es la cara principal de News Corporation en los EE.UU., en  forma de Fox News, que se ha caracterizado por hacer una incesante difusión de la ideología derechista. Mientras que en tiempos la propaganda política había sido cosa de los gobiernos y los partidos políticos, Fox News es formalmente independiente de los dos, si bien sirve abrumadoramente a los intereses del Partido Republicano de los Estados Unidos.

En Gran Bretaña, News Corporation ha estado creando algo así como un Estado propio corrompiendo a policías, arrogándose poderes policiales de vigilancia e intimidando a políticos para que hicieran la vista gorda. En los EE.UU., ha actuado de forma similar, utilizando el poder de sus medios de comunicación para dar vida a una organización política autónoma, el Tea Party.

Todo ello está muy alejado de lo que una organización periodística debe hacer. El papel esencial del periodismo en una democracia es el de permitir a las personas desempeñar sus papeles de ciudadanos facilitándoles información sobre el Gobierno, otras organizaciones poderosas, movimientos civiles, acontecimientos internacionales y demás, pero News Corporation substituye esa clase de periodismo por el sensacionalismo y el cotilleo, como hizo cuando en 1984 compró The News of the World y lo convirtió en un periódico sensacionalista, y con campañas partidistas, como cuando creó Fox News en 1996.

No es de extrañar que en Fox News, como en muchos otros medios de News Corporation, se sacrifique la independencia editorial al control centralizado con mano de hierro. Se mezclan noticias y cometarios en una corriente ininterrumpìda de campañas políticas. La ideología tergiversa los hechos y se “contrata” como “comentaristas” a importantes figuras republicanas, incluidos posibles aspirantes a la candidatura del partido para las elecciones presidenciales. De hecho, su genialidad específica ha consistido en convertir la propaganda en un éxito popular y financiero.

Dada la rentabilidad de The News of the World, a nadie debería extrañar que los Murdoch hayan estado reproduciendo en otros lugares la reprensible conducta de su hundido buque insignia británico, pero, sea lo que fuere lo que se revele, el escándalo de las escuchas ilegales del Reino Unido es muy propio de la transformación de las noticias en propaganda que han hecho los Murdoch: ambas cosas reflejan un ataque a los muros esenciales de la democracia constituidos por la separación entre los medios de comunicación, el Estado y los partidos políticos. Los Murdoch están combinando esas entidades en un único poder que no rinde cuentas y, como vemos en Gran Bretaña hoy, carece de moderación y de escrúpulos.

Ese empeño debe movernos a afrontar una realidad incómoda que subyace tanto al escándalo de las escuchas telefónicas en Gran Bretaña, con su penumbra de crueldad atroz y profusa corrupción, como a Fox News, el canal de noticias más popular de los Estados Unidos: demasiadas personas quieren lo que News Corporation ha estado ofreciendo y lo que demasiadas personas quieren puede ser peligroso para una sociedad civilizada y basada en la ley.

Para vislumbrar lo peligroso que es, piénsese en Italia, donde el conglomerado MediaSet del Primer Ministro Silvio Berlusconi ha seducido a amplios sectores del electorado desde el decenio de 1980 con una combinación, semejante a la de Murdoch, de insípidos programas de variedades y teatro político partidista. Cuando el sistema de partidos de la Italia de la posguerra se desplomó a comienzos del decenio de 1990, Berlusconi pudo crear su propio partido político, conseguir el poder y, a lo largo de tres gobiernos, someter las leyes y las instituciones estatales para ponerlas al servicio de sus negocios y sus intereses personales.

La News Corporation parece decidida a conducir a Gran Bretaña y los EE.UU. por una senda parecida, pero ahora, al menos en Gran Bretaña, la clase política se ha rebelado. El Primer Ministro David Cameron, quien antes cultivó estrechos vínculos con los dirigentes de News Corporation, al emplear incluso como su secretario de prensa al ex director de The News of the Wold, que ha sido detenido recientemente por su papel en el escándalo, consideró “vergonzosas” las escuchas telefónicas. Entretanto, los dirigentes laboristas, que también habían pretendido el favor de los Murdoch, han prometido bloquear el intento de News Corporation de conseguir la propiedad total de la mayor emisora de televisión de pago. Está por ver que la rebelión cruce el Atlántico.

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