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El fracaso de las metas inflacionarias

Nueva York- Los banqueros centrales del mundo son un club bastante estrecho que tiende a seguir modas y novedades. A principios de los años 80, cayeron rendidos ante el hechizo del monetarismo, una teoría económica simplista promovida por Milton Friedman. Después de que el monetarismo quedara desacreditado -con gran coste para los países que sucumbieron a él- comenzó la búsqueda de un nuevo mantra.

La respuesta llegó en la forma de la “fijación de metas inflacionarias”, que dice que siempre que el aumento de los precios supere un nivel que se ha puesto como objetivo, es necesario elevar los tipos de interés. Esta receta poco sofisticada se basa en pocas evidencias empíricas o teorías económicas; no hay razón para esperar que, independientemente de la causa de la inflación, la mejor respuesta sea aumentar los tipos de interés. Uno esperaría que la mayoría de los países tuviera el sentido común de no implementar metas inflacionarias; vayan mis condolencias a los desafortunados ciudadanos de los que lo han hecho. (Entre la lista de las naciones que han adoptado oficialmente una u otra forma de fijación de metas inflacionarias se encuentran Israel, la República Checa, Polonia, Brasil, Chile, Colombia, Sudáfrica, Tailandia, Corea, México, Hungría, Perú, Filipinas, Eslovaquia, Indonesia, Rumania, Nueva Zelanda, Canadá, el Reino Unido, Suecia, Islandia y Noruega.)