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¿La Unión Bancaria Europea?

MÚNICH.– En una ostensible violación del Tratado de Maastricht, la Comisión Europea ha ofrecido un plan de rescate tras otro a las economías europeas en problemas. Ahora no solo desea socializar la deuda pública con la introducción de eurobonos, sino también la deuda bancaria, proclamando una «unión bancaria».

Socializar la deuda bancaria, además de ser injusto, dará como resultado una futura asignación inadecuada de recursos. La socialización de la deuda bancaria a través de las fronteras implica que el costo de los créditos privados de un país se reduce artificialmente por debajo de las tasas de mercado, ya que el seguro (que asume la forma de swaps de incumplimiento crediticio) es proporcionado en forma gratuita por otros países. Por lo tanto, los flujos de capital desde el centro a la periferia continuarán por encima del monto óptimo, debilitando el crecimiento de Europa en su conjunto.

La historia ofrece innumerables ejemplos de asignaciones inadecuadas de recursos que pueden resultar de la socialización de la deuda bancaria. Uno de ellos es la crisis de ahorro y crédito de la década de 1980 en Estados Unidos, que costó a los contribuyentes de ese país más de 100 millardos de dólares. Bajo el paraguas del seguro de los depósitos comunes los bancos de ahorros estadounidenses hicieron una «apuesta a la resurrección», tomando prestado en exceso de sus depositantes y prestando el dinero a empresas riesgosas, sabiendo que los beneficios potenciales podían ser distribuidos como dividendos a los accionistas, mientras que las posibles deudas serían socializadas.

En otras palabras, se generaron beneficios privados gracias a actividades socialmente ineficientes. Esencialmente lo mismo sucedió con los préstamos de las hipotecas de alto riesgo en EE. UU. y el sistema bancario español en la década de 2000. En ambos casos, los bancos asumieron riesgos excesivos suponiendo –algo que fue confirmado eventualmente– que los gobiernos los rescatarían.

Los bancos españoles especularon con un continuo aumento de los precios de los bienes raíces, que generarían grandes ganancias de capital a sus clientes. De hecho, a menudo prestaron a los propietarios más del 100% del valor subyacente de los inmuebles. Como compensación por el daño que causó su irresponsable comportamiento, recibieron €303 millardos ($378 millardos) en créditos adicionales del Banco Central Europeo y pueden esperar €100 millardos más de ayuda por parte del Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera. Gran parte de ese dinero nunca será devuelto.

La capitalización de la deuda sería una forma mucho mejor de recapitalizar a los bancos. En vez de imponer los costos de las pérdidas del BCE y el FEEF a los contribuyentes europeos, los acreedores de los bancos podrían renunciar a parte de sus demandas a cambio de acciones de los propietarios de los bancos. La capitalización de la deuda rescata a los bancos sin rescatar a sus accionistas.

En teoría, los acreedores no perderían dinero, ya que sus reclamos a interés fijo se convertirían en acciones de los bancos de valor similar. Este sería el caso siempre que las pérdidas de los bancos fueran menores que su patrimonio. Una verdadera pérdida solo sería infligida a los acreedores de un banco si las pérdidas registradas por los créditos de hipotecas tóxicas excediesen el patrimonio del banco. Pero, aún en ese caso, sería mejor que sufriesen la pérdida los acreedores que los contribuyentes, ya que esto fomentaría una mayor cautela futura a la hora de prestar.

Socializar la deuda pública ya está implicando un riesgo para los países que aún se mantienen estables en la zona del euro. Hacer lo mismo con la deuda bancaria podría empujar a economías hasta ahora sólidas al abismo, ya que los balances de los bancos son mucho mayores que el volumen de la deuda pública. En España, la relación entre deuda pública y PBI es del 69%, pero la deuda del sistema bancario español equivale al 305% del PBI de ese país, o aproximadamente €3.3 billones –casi lo mismo que la deuda pública consolidada de los cinco países golpeados por la crisis en la zona del euro.

El enorme volumen de la deuda bancaria implica que los gobiernos deberían evitar socializar los riesgos bancarios, pero además sugiere que hacerse cargo de los costos sin resultar agobiados por los pagos solo sería razonable para los acreedores de los bancos. Efectivamente si, como algunos creen, solo una fracción del patrimonio de los bancos está en riesgo, el canje potencial de deuda por capital sería minúsculo.

Los bancos españoles tienen un promedio del 7% de capital accionario en sus balances. Por lo tanto, un canje de deuda por capital de menos del 7,5% de la inversión de los acreedores sería suficiente para compensar las pérdidas bancarias. E incluso si se excluye a los depositantes privados, cuyos reclamos son el 39% de los balances agregados, la capitalización de deuda necesaria para compensar por una pérdida de hasta el 100% del capital social sería menos del 12% del volumen de inversiones de los acreedores.

Los canjes de deuda por capital han sido utilizados exitosamente en muchas ocasiones, y son resultado de procedimientos normales en casos de bancarrota. Además de evitar la excesiva carga e injusticia de los impuestos, tienen el beneficio de inducir a los propietarios de los bancos a elegir una estrategia de inversión prudente, y persuadir a los acreedores de inspeccionar y elegir cuidadosamente a los bancos a los que desean prestar.

El cuidado que se tomó para aumentar y preservar la riqueza de las generaciones actuales heredaron de sus ancestros es el motivo último del crecimiento económico y el éxito del capitalismo. Las masivas intervenciones gubernamentales durante la crisis han socavado este principio, y probablemente ya destruyeron gran parte de esa riqueza heredada.

Es hora de prestar atención a las leyes fundamentales de la economía y detener la imprudencia que se ha permitido a quienes son responsables de combatir la crisis. Europa no necesita una unión bancaria más allá de un sistema regulatorio común.

Traducido al español por Leopoldo Gurman