Irán continuará enriqueciendo uranio, sin importar si el presidente de EE.UU. es demócrata o republicano. Al mismo tiempo, Estados Unidos se opondrá a cualquier plan nuclear iraní -incluso un programa civil-, porque contribuiría a la estabilidad del régimen de Teherán. Como resultado, es probable que las tensiones nucleares emponzoñen las relaciones entre estos dos países por muchos años más.
A menudo se dice que Irán no tiene necesidad de energía nuclear, puesto que posee abundantes reservas de petróleo y gas natural. Sin embargo, el gobierno iraní se encuentra bajo presión económica y política para suministrar cantidades cada vez mayores de electricidad a su creciente población y a su frágil economía. El uso de petróleo o gas natural para producir electricidad doméstica amenaza las exportaciones de estos recursos, que son la principal fuente de ingresos para el gobierno. De hecho, con un consumo interno de petróleo que crece más rápidamente que la producción, los ingresos del gobierno ya están en declive.
Así, la energía nuclear detendrá la disminución de los ingresos del gobierno al liberar más petróleo y gas natural para su exportación. Si se desarrollan, los recursos de gas natural de Irán no serían un sustituto para una energía nuclear barata, ya que el gas es más rentable en otros usos que en la generación de energía.
El gobierno iraní teme que los cortes de electricidad, el lento crecimiento económico y el alto desempleo vuelvan a la población en su contra. Si las tensiones sociales aumentan, les seguirán disturbios políticos.
La energía nuclear ofrece la posibilidad de una electricidad abundante y barata, lo que contribuiría a la estabilidad política y social. Los expertos iraníes argumentan que, entre los potenciales trastornos internos y las sanciones externas, el gobierno iraní debe escoger entre la seguridad nacional y la seguridad internacional.
La presión interna bien podría derribar el régimen, mientras que la presión internacional no podría hacerlo. La historia está del lado del gobierno iraní. La Revolución Islámica ha sobrevivido a una brutal guerra con Irak y a décadas de presión internacional y aislamiento por parte de Estados Unidos. Más aún, los gobernantes iraníes recuerdan que el Shah fue obligado a abandonar el país en 1979, a pesar de tener un fuerte apoyo internacional.
Si bien puede haber razones de seguridad para que las administraciones futuras de EE.UU. se opongan incluso a un programa nuclear civil, los encargados de la toma de decisiones de esta potencia también reconocen el impacto estratégico que la energía nuclear tendrá en la estabilización del régimen iraní. Estados Unidos e Irán han estado luchando en guerras de terceros donde mueven sus respectivos hilos desde 1979, y su conflicto actual significa que estas guerras no directas continuarán en el Líbano, Irak, Afganistán y la región del Mar Caspio, así como las guerras comerciales y de inversiones. De hecho, mientras Rusia y China tengan dinero que invertir y armas que vender, la mayor parte de las sanciones de la ONU serán inofensivas.
Irán seguirá amenazando a la comunidad mundial con que utilizará el arma de su petróleo, pero eso es altamente improbable. No sirve a su interés, bajo ningún escenario, reducir las exportaciones de petróleo, por no hablar de detenerlas. Sin embargo, la presión interna, un sentimiento nacionalista y la necesidad de mejorar su posición negociadora con los países occidentales podrían obligar al gobierno iraní a responder a las duras sanciones de la ONU o a un ataque aéreo a sus instalaciones nucleares. Pero incluso en estas circunstancias extremas, Irán seguirá necesitando de los ingresos que provienen del petróleo. Si bien un corte o embargo simbólico es posible, tendría poco impacto en los mercados petroleros mundiales.
El gobierno de Irán tiene a su disposición opciones más eficaces que responder a los ataques de EE.UU. y sus aliados. Sus partidarios en Irak podrían atentar contra las exportaciones petroleras iraquíes de la región de Basora, lo que afectaría los planes de EE.UU. en Irak y aumentaría los ingresos iraníes por petróleo, o podrían limitar la disponibilidad de combustible para el Ejército de EE.UU. atacando caminos y puentes, especialmente la carretera entre Kuwait City y Bagdad.
La comunidad mundial seguirá pagando un alto precio por este estancado conflicto sobre el tema nuclear, que proyectará su sombra sobre los mercados petroleros mundiales por muchos años. Algunos argumentan que ya ha elevado los precios del petróleo en cerca de $15 por barril.
Irónicamente, un programa nuclear civil en Irán mejoraría la seguridad energética mundial y de EE.UU. al poner más gas y petróleo a disposición del mercado global. Sin embargo, la determinación de Estados Unidos de desestabilizar a Irán y la determinación del gobierno iraní de mantener el poder reducen la probabilidad de que eso ocurra.


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