Thursday, September 18, 2014
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¿El fin del triunfalismo financiero?

CAMBRIDGE – ¿Marcará la actual crisis financiera, que no deja de agravarse, el fin de la era del triunfalismo financiero? Pregunte a un lego cuáles son las diez grandes innovaciones que impulsan el mundo actual, y probablemente no haya muchos que mencionen la fórmula Black-Scholes de opciones de determinación de precios. Sin embargo, para la comunidad financiera, las fórmulas pioneras que allanaron el camino a las estrategias de cobertura de riesgos modernas deberían recibir tanto crédito por el reciente periodo de crecimiento global como los teléfonos móviles, los ordenadores y la Internet.

Hasta los últimos 12 meses, los defensores de las finanzas parecían tener argumentos bien sólidos. Al ayudar a distribuir el riesgo, las financias de vanguardia podían ayudar a acelerar el crecimiento mundial. Los macroeconomistas celebraban la "Gran moderación" del ciclo económico global, en que las recesiones parecían volverse más suaves y menos frecuentes. Y, por supuesto, la comunidad financiera estaba ganando dinero a manos llenas, creando millonarios e incluso billonarios en todo el mundo.

Los gobiernos estimularon el asunto también. En los países anglófonos, los presidentes y primeros ministros, para no mencionar a algunos de los principales banqueros centrales, presumían de poseer sistemas financieros superiores que eran la envidia del resto del mundo. Cuando los gobernantes franceses y alemanes se quejaron de que los tentáculos cada vez mayores y menos regulados del nuevo sistema financiero representaban grandes riesgos para la economía mundial, se los desdeñó como a pobres perdedores. Países pequeños como Islandia decidieron entrar en el juego, privatizando sus bancos y creando sus propios centros financieros. Si no se puede ser Silicon Valley, ¿por qué no crear una mini Wall Street?

Ahora los bancos islandeses, después de haberse endeudado en varias veces el PGB nacional, están en graves problemas, con deudas mucho mayores que lo que los contribuyentes de ese pequeño país pueden absorber. Incluso los conservadores suizos cedieron a las tentaciones de las finanzas de alta tecnología y las riquezas que prometían. Hoy, los dos mayores bancos suizos se hunden en pasivos que superan en siete veces el ingreso del país.

Por supuesto, la madre de todos los rescates financieros es el cheque en blanco que el gobierno de Estados Unidos está dando a las gigantescas agencias de préstamos hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, que tienen o garantizan 5 billones de dólares en hipotecas que lucen cada vez más frágiles. No deja de ser irónico el que el Secretario del Tesoro de EE.UU., Hank Paulson, ex presidente de Goldman Sachs, empresa que ejemplifica el triunfalismo financiero, esté a la cabeza de las iniciativas para salvar a estos mastodontes patrocinados por el gobierno que, tan notoriamente, ya han dejado de ser útiles.

Potencialmente, los avances en el ámbito de las finanzas han tenido un efecto benéfico sobre el aumento y la uniformidad del crecimiento global. Sin embargo, su florecimiento también tiene un elemento cíclico. Cuando los precios de las viviendas estaban al alza, los genios de las finanzas hipotecarias parecían infalibles. Ahora que caen, sus estrategias ya no parecen tan brillantes.

Es una vieja historia. Ya a principios de los años 80, los ingenieros financieros inventaron los “seguros de cartera”, una rebuscada estrategia de cobertura de activos para controlar el riesgo a la baja. Hicieron montañas de dinero. Lamentablemente, cuando los mercados de valores globales entraron en crisis en 1987, el seguro resultó ser inútil, principalmente porque los mercados de las operaciones de cobertura colapsaron.

A fines de los 90, el fondo de cobertura de EE.UU. Long-Term Capital Management convenció al mundo de que sus socios eran los maestros del universo. Por un tiempo, obtuvieron una y otra vez utilidades descomunales, supuestamente debido a sus conocimientos financieros apoyados en varios premios Nobel. En 1998, cuando LTCM colapsó, quedó bastante claro que la firma básicamente hacia enormes cantidades de transacciones de bonos, con grandes riesgos y gran apalancamiento.

Para los gobiernos, la clave del éxito al regular los mercados radica en mantener limitaciones razonables en tiempos de auge que eviten que los fondos financiados por los contribuyentes se sometan a riesgos excesivos. Lamentablemente, esto es difícil de hacer, ya que los tiempos de auge hacen que quienes advierten sobre los riesgos parezcan profetas del desastre. Por eso es tan importante que los gobiernos permitan que haya firmas financieras que fracasen cada cierto tiempo, ya que es la única manera de imponer una disciplina real sobre los accionistas, los tenedores de bonos y los líderes corporativos.

¿Ha acabado la actual era dorada de triunfalismo financiero? En muchos países, incluido Estados Unidos, se habla de que ha llegado el momento de asegurase de que todo el sistema financiero, también los bancos de inversión y los fondos de cobertura, queden sujetos a normativas mucho más estrictas.

Las firmas financieras claman a los cuatro vientos, pero no es obvio que sea una mala cosa el que existan normativas financieras mejores y más amplias. En mi investigación sobre la historia de las crisis financieras internacionales en conjunto con la profesora Carmen Reinhart, encontramos que los periodos de fuerte regulación financiera tienden a tener una cantidad significativamente menor de crisis financieras que las épocas con pocas regulaciones, como la que se asocia con el reciente periodo de triunfalismo financiero.

Nadie sugiere que volvamos a la "represión financiera" de los años 50, pero la última crisis ha dejado en evidencia que todo el sistema de regulación financiera global precisa de una seria actualización. Debería permitirse el florecimiento de la innovación financiera, pero no sin mejores controles y contrapesos. De lo contrario, estaremos atrapados para siempre en un esquema en que los contribuyentes se ven obligados a rescatar a los bancos en tiempos de problemas, mientras que los accionistas ricos logran enormes utilidades en tiempos de bonanza. Es hora de abandonar el triunfalismo financiero con un poco de humildad y sentido común.

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