Monday, September 1, 2014
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La economía de la contención estratégica

NUEVA DELHI.– Durante la reciente cumbre en Cannes, el G-20 archivó, si no sepultó, las negociaciones comerciales multilaterales de la Organización Mundial del Comercio en la moribunda Ronda de Doha para el Desarrollo. Europa y América, cansadas ya de la crisis, enfrentan una creciente oleada de proteccionismo local y buscan formas de atemperar la poco transparente competitividad comercial china.

En un cambio de atención desde el Atlántico al Pacífico, el presidente estadounidense Barack Obama –con sus ojos puestos una vez más en China– ha revelado una nueva iniciativa para el comercio regional. ¿Por qué los Estados Unidos no estaban dispuestos a avanzar en la Ronda de Doha, pero sí con un acuerdo regional de libre comercio?

La respuesta reside en que el Acuerdo Transpacífico (ATP), presentado por Obama y los gobiernos de otras ocho economías del Pacífico –Australia, Brunei, Chile, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam– no es solo cuestión de comercio.

Mientras que Obama decidió atenerse a los factores económicos que impulsan el ATP, la secretaria de estado de los EE. UU., Hillary Clinton, en la víspera de la reciente reunión de Cooperación Económica del Pacífico Asiático en Hawái, presentó el contexto de la iniciativa ampliado en términos estratégicos. «Los Estados Unidos continuarán insistiendo en que… [la región] no solo debe buscar más crecimiento sino un mejor crecimiento», que «no es meramente una cuestión económica», afirmó Clinton. «La apertura, libertad, transparencia y justicia tienen un sentido que va más allá del entorno económico», continuó. «Así como los Estados Unidos aboga por ellas en un contexto económico, también lo hacemos en contextos políticos y sociales».

A continuación de esas afirmaciones, Obama llamó la atención sobre la continua preocupación estadounidense sobre la política cambiaria china, su inadecuada protección de la propiedad intelectual, y las dificultades para el acceso a los mercados. «Para una economía como la de Estados Unidos –cuya mayor ventaja competitiva es nuestro conocimiento, nuestra innovación, nuestras patentes, nuestra propiedad intelectual– no obtener el tipo de protección que necesitamos en un gran mercado como China es inaceptable», observó Obama.

La iniciativa ATP debe entenderse en este entorno, no solo dentro del contexto del colapso de la Ronda de Doha. Los nueve patrocinadores del ATP han resuelto «establecer un acuerdo regional integral de última generación, que liberalice el comercio y la inversión y se ocupe de las nuevas y tradicionales cuestiones comerciales y los desafíos del siglo XXI».

Estos líderes también han acordado agilizar la iniciativa ATP y considerar el ingreso de otros miembros –principalmente del Japón, un converso tardío a la idea de un acuerdo de libre comercio en la región del Pacífico.

La agenda del ATP se divide en tres categorías: cuestiones centrales, transversales y emergentes. La agenda central implica preparar un acuerdo tradicional de libre comercio centrado en los bienes industriales, la agricultura y los textiles. El acuerdo incluiría también disposiciones sobre la protección de la propiedad intelectual y lo que recibió el apodo de cuestiones sociales y ambientales. En resumen, la agenda central del ATP ofrecerá a la región un acuerdo «al estilo Ronda de Doha», que incluye la agenda social y ambiental que las economías en desarrollo han resistido dentro de la OMC.

Más allá de lo central, los elementos transversales incluyen sistemas regulatorios favorables a los inversores y políticas que permiten que las empresas pequeñas y medianas «innovadoras» o «creadoras de empleo» funcionen libremente a través de las fronteras de la región del ATP.

Finalmente, el ATP busca incorporar al ámbito del acuerdo sobre comercio y e inversión cuestiones «nuevas y emergentes». Estas incluyen «el comercio y la inversión en productos y servicios innovadores, incluidas las tecnologías digitales, y garantizar que las empresas estatales compitan en forma justa con las empresas privadas sin distorsionar la competencia en forma tal que coloquen a las empresas y trabajadores estadounidenses en desventaja».

En resumen, los Estados Unidos se han ocupado de unir a todas las economías en la región que se preocupan por la política comercial y cambiaria china de «empobrecer al vecino». Para los EE. UU., los restantes ocho países del ATP, con una población conjunta de 200 millones, constituyen su cuarto mayor mercado de exportación, solo detrás de China, la Unión Europea y el Japón. Si Japón se une, la importancia del ATP aumentará espectacularmente.

Si bien las cuestiones económicas del ATP son importantes, su componente estratégico lo es aún más. Esta es la segunda pata de la nueva «ofensiva del Pacífico» estadounidense, orientada a ofrecer a los países de la región una alternativa a la excesiva y rápidamente creciente dependencia de una China en ascenso.

La primera pata de la ofensiva fue la idea de la región del «Indopacífico», desarrollada por Clinton hace un año, a la que siguió este año con un ensayo llamado «El siglo del Pacífico americano». Allí Clinton define la nueva región de participación estadounidense como «una extensión desde el subcontinente indio hasta las costas occidentales estadounidenses».

Desplegándose hacia el este desde el Océano Índico y hacia el oeste a través del Pacífico, los EE. UU. están creando un nuevo marco estratégico para el siglo XXI. El ATP es simplemente uno de los pilares de ese nuevo edificio.

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