Las propuestas para la reforma económica de Europa continental siguen llegando. El proceso no es un debate razonado y unificado, sino más bien una subasta política continua en la que los grupos de interés buscan votos para obtener el cambio que los beneficie.
Algunos dicen que el obstáculo para una buena economía es el inflado Estado de bienestar del continente y que la solución es hacer reducciones, comenzando por elevar la edad de retiro. Otros afirman que el impedimento es el tamaño excesivo de todo el sector público, y que la respuesta es bajar las tasas de impuestos. El punto de vista más nuevo, apoyado por la Comisión Europea, culpa a la insuficiencia de infraestructura y propone más puentes y túneles.
Este enfoque nunca llegará al fondo de la cuestión. Los valores sociales centrales de Occidente hacen del alto desempeño económico un imperativo moral, al igual que la libertad de expresión o el juicio por jurado. Además, el continente necesitará sin duda algunos cambios transformativos de sus instituciones para establecer economías de alto rendimiento. A fin de alcanzar un acuerdo sobre esos cambios es necesario responder algunas preguntas básicas que hasta el momento han sido ignoradas.
Un verdadero debate sobre las reformas debe comenzar con una concepción explícita del desempeño económico (de lo que constituye una buena vida empresarial). La productividad es un elemento importante. Sólo una economía con alta productividad puede ofrecer a todas, o a la mayoría de las personas en edad de trabajar, una gama de carreras con salarios elevados.
Pero la productividad alta no es el único elemento de un buen desempeño. El otro elemento lo constituyen participantes prósperos y exitosos. Eso requiere que los empleos sean estimulantes no sólo en lo pecuniario, sino que también utilicen las mentes de los empleados, involucrándolos en la solución de problemas y llevándolos a descubrir sus talentos y a ampliar sus capacidades. Ese crecimiento personal, aunque es una meta en sí misma, también es fuente de satisfacción en el empleo, que a su vez impulsa la participación en el mercado laboral, y de lealtad de los empleados, lo que reduce el desempleo, al tiempo que aumenta la disponibilidad de buenos empleos.
¿Qué se necesita para un alto rendimiento? Básicamente, el cambio productivo, lo que yo llamo dinamismo económico. Para que los empleados se desarrollen, deben estar en un ambiente laboral estimulante, con nuevos problemas por resolver, tareas más difíciles que dominar, capacidades adicionales que alcanzar. De manera menos obvia, un país no desea cambios equivocados o sin sentido; busca inversiones que le parezcan productivas al sector financiero.
Los últimos años de la década de los noventa ofrecieron evidencias de que el bajo dinamismo está asociado con un desempeño económico débil, sobre todo con una baja prosperidad. De las 12 grandes economías de la OCDE, tres (Alemania, Italia y Francia) fueron notoriamente poco dinámicas: se perdieron el boom de inversiones de la década o se tardaron mucho en entrar. Esas economías tenían los niveles más bajos de empleo y de participación en el mercado laboral, tanto antes del boom como ahora.
¿Cuáles son los requisitos del dinamismo? Robert Shiller, de la Universidad de Yale, ha sugerido que yo creo que Europa carece de dinamismo debido a una deficiencia de "espíritu" empresarial. He ponderado la incomodidad expresa de los europeos acerca del dinero, y he especulado que su educación podría mermar cierta medida de picardía y de creatividad. Pero esa no es mi explicación para los problemas de Europa. Para empezar, es difícil decidir si esos patrones culturales son causa o efecto de economías dinámicas.
Mi tesis es que el grado de dinamismo de la economía de una nación depende del desarrollo de ciertas instituciones económicas clave (como el derecho corporativo), la preparación de la población para la vida empresarial, el desarrollo de instrumentos financieros como el mercado de valores, y así sucesivamente. Las instituciones generales, como el Estado de derecho y un grado suficiente de seguridad personal y nacional para proteger las ganancias, los ahorros y las inversiones, son necesarias para cualquier economía de mercado, incluso para el socialismo de mercado, pero son insuficientes para el dinamismo.
Hay evidencias que apoyan esta tesis. Se podría haber predicho, antes del reciente boom, en qué lugar quedarían las 12 grandes economías de la OCDE conociendo simplemente el porcentaje de la población con grado universitario, el índice de barreras a los empresarios de la OCDE y la amplitud de la bolsa de valores (medida por el valor de mercado de las acciones en circulación en relación con el PIB años antes del boom).
Estas evidencias que vinculan el empleo al dinamismo y que encuentran las raíces de ese dinamismo en instituciones favorables, como un mercado de valores bien desarrollado, e instituciones que obstaculizan, como la multitud de requisitos para el ingreso de nuevas compañías, son un avance en nuestra comprensión de las economías sanas. Es útil saber que se necesita mucho más que la propiedad privada para crear dinamismo económico y que el desempleo alto no es atribuible únicamente a las restricciones del mercado laboral.
¿Existen evidencias que vinculen directamente al alto rendimiento (es decir, índices altos de empleo y productividad) con la presencia de instituciones que son favorables al dinamismo y con la ausencia de las que son dañinas? Esas evidencias se pueden encontrar incluso en la pequeña muestra que son las 12 grandes economías de la OCDE.
Un análisis en todos esos países indica que la educación universitaria es positiva para los tres elementos del desempeño económico: la tasa de empleo (en función de la población en edad de trabajar), la tasa de desempleo (en función de la fuerza laboral) y también la productividad. Un nivel alto en el índice de barreras a los empresarios de la OCDE es malo para los tres elementos del desempeño. Un nivel elevado de protección laboral es malo para la productividad, pero no tiene un efecto claro sobre las tasas de empleo o de desempleo.
Yo he sugerido que la estructura organizativa de las economías continentales limita su rendimiento. Esta estructura corporativa (sindicatos, consejos de trabajadores, confederaciones patronales y grandes bancos) facilita intervenciones directas en el proceso de toma de decisiones económicas para darles protección y poder de veto a los grupos de interés.
De hecho, entre las 12 grandes naciones de la OCDE, un grado alto de corporativismo medido de la manera común está asociado con menor empleo y menor productividad. La razón de esos efectos negativos parece ser que un corporativismo alto está íntimamente relacionado con un empresariado asfixiado y la protección laboral. La estructura corporativa en sí misma no afecta el desempeño.
Aquí, una vez más, la verdad está en los detalles. Por eso precisamente Europa debería estar discutiendo los problemas reales del continente, y no encerrando a sus economías en el corporativismo al incluir la "economía de mercado social" en la naciente constitución de la UE.


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