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¿Los últimos días del dólar?

CAMBRIDGE – Zhou Xiaochuan, el gobernador del Banco Popular de China, recientemente sugirió que reemplazar al dólar por los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional como la moneda de reserva dominante aportaría mayor estabilidad al sistema financiero global. La idea de reformar el sistema mediante la introducción de una moneda de resera supranacional, al parecer, también es respaldada por Rusia y otros mercados emergentes. Y un comité asesor de las Naciones Unidas presidido por el premio Nobel Joseph Stiglitz defendió una nueva moneda de reserva global, posiblemente basada en los DEG.

Transformar el patrón dólar en un sistema basado en los DEG sería un alejamiento importante de una política que ha perdurado durante más de 60 años. Los DEG se introdujeron hace 40 años para complementar lo que entonces era visto como un nivel inadecuado de reservas globales, y posteriormente fueron venerados en los Artículos de Acuerdo enmendados del FMI como el futuro activo de reserva principal.

Pero el mundo pronto se inundó de dólares. De modo que, en lugar de convertirse en el activo de reserva principal del sistema global, la proporción de DEG en las reservas globales se achicó a una mínima fracción, convirtiendo al DEG en el equivalente monetario del Esperanto.

Si bien el euro, creado en 1999, resultó ser un competidor más serio del dólar, su porcentaje en las reservas internacionales totales probablemente haya permanecido por debajo del 30% comparado con el 65% del dólar (estas proporciones son, en parte, estimadas, ya que China, el principal tenedor de reservas del mundo, no informa sobre la composición monetaria de sus tenencias).

Existen dos maneras en las que se puede reducir el papel del dólar en el sistema monetario internacional. Una posibilidad es una erosión del dólar gradual y determinada por el mercado como moneda de reserva a favor del euro. Pero, si bien el papel internacional del euro -especialmente su utilización en los mercados financieros- ha aumentado desde su introducción, es difícil avizorar que supere al dólar como la moneda de reserva dominante en el futuro previsible.

Un desenlace de este tipo probablemente sólo sea posible si se dan dos condiciones: primero, el Reino Unido se suma a la zona del euro y, segundo, Estados Unidos comete errores serios que afecten la confianza. La última condición tal vez ya se haya producido, pero las políticas estadounidenses para estabilizar su sistema financiero deberían ayudar a evitar un derrumbe importante del dólar. Es más, el Banco Central Europeo ya declarado en repetidas ocasiones que ni alienta ni desalienta el papel internacional del euro.

Frente a la improbabilidad de que la hegemonía del dólar se vea afectada seriamente por las fuerzas del mercado, al menos en el corto y mediano plazo, la única manera de que se reduzca considerablemente su papel como moneda de reserva es por un acuerdo internacional. La propuesta china encaja dentro de esta categoría.

Una manera de hacer que el DEG sea una moneda de reserva importante en relativamente poco tiempo sería crear y asignar una cantidad masiva de los nuevos DEG a los miembros del FMI. Si bien los líderes del G-20 han decidido apoyar una asignación de DEG de 250.000 millones de dólares, esto aumentará el porcentaje de DEG en las reservas internacionales totales a no más del 4%. Para hacer que el DEG sea el principal activo de reserva mediante la vía de la adjudicación, será necesario crear cerca de 3 billones de dólares en DEG, una propuesta poco realista.

Sin embargo, existe una manera más realista para que crezca la importancia del DEG. Allá por 1980, el FMI estuvo a punto de adoptar una llamada Cuenta de Sustitución de DEG. La idea era permitir que los países cuyas tenencias oficiales de dólares eran superiores a lo que los hacía sentir cómodos pudieran convertir dólares en DEG. La conversión ocurriría fuera del mercado y, en consecuencia, no ejercería presión sobre el dólar. Los países miembro recibirían un activo que era más estable que el dólar, ya que se basaba en una canasta de monedas, ofreciendo así mayor protección frente a posibles pérdidas.

El plan fracasó cuando algunos accionistas principales del FMI no aceptaron los acuerdos de repartición de la carga que serían necesarios en caso de pérdidas debidas a movimientos de tipo de cambio. Estados Unidos también perdió interés en el esquema cuando el dólar se fortaleció.

¿Cuáles son las posibilidades de adoptar un plan de este tipo hoy? ¿Estados Unidos está dispuesto a implementar una reforma del sistema monetario internacional que reduzca el papel del dólar?

Hasta hace poco, lo habría considerado improbable. Pero los cambios en el clima internacional, y la posibilidad de un brote de debilidad aguda del dólar, podrían convencer a Estados Unidos de aceptar un plan de conversión que alivie la presión excesiva sobre el dólar. Y, al margen de posibles consideraciones políticas, los grandes tenedores de dólares encontrarían atractiva una cuenta de sustitución como una forma de protección contra fluctuaciones fuertes en el valor del dólar. ¿Qué hay de las posibles pérdidas sufridas por la Cuenta de Sustitución? Esto se podría resolver apartando una porción del importante inventario de oro en manos del FMI.

Incluso si se estableciera una Cuenta de Sustitución de DEG, es improbable que la proporción de dólares en las reservas internacionales decaiga a un nivel insignificante. El dólar seguirá siendo importante para muchos países como un vehículo para la intervención en mercados de cambio, así como para facturar y denominar valores comercializados internacionalmente.

Sin embargo, se puede avizorar un sistema en el que las reservas internacionales estén distribuidas en proporciones aproximadamente equitativas de dólares, euros (asumiendo un futuro incremento gradual de su porcentaje) y DEG. Si bien hoy en día existen otras prioridades, sería útil que el FMI estudiara nuevamente una cuenta de sustitución de DEG y planes similares. Si no lo hace, el debate se desarrollará en otra parte.

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