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La compañía de armas nucleares "Querido Líder"

TOKIO – El presidente estadounidense, Barack Obama, y el presidente ruso, Dmitri Medvedev, acaban de firmar en Praga un nuevo e importante tratado de control de armas nucleares. Poco después, las grandes potencias nucleares del mundo se reunieron en Washington para tratar el tema de la seguridad nuclear, y se volverán a reunir el mes siguiente en las Naciones Unidas para discutir formas adicionales para evitar la proliferación nuclear. Estas son buenas noticias para todo el mundo, en todos lados. No obstante, ni el acuerdo Estados Unidos-Rusia ni las negociaciones globales sobre armas nucleares tendrán mucho impacto sobre la amenaza actual más peligrosa: la luna de miel nuclear entre un Irán decidido a adquirir la capacidad para fabricar armas nucleares y una Corea del Norte dispuesta a venderle los medios para adquirirla a cambio de divisas duras.

Hoy en día, más de 6,000 norcoreanos trabajan en Irán y en zonas vecinas del Medio Oriente. Muchos lo hacen en la construcción y la industria del vestido como mano de obra barata. Pero en Irán y Siria también hay un número creciente de trabajadores especializados. En efecto, cuando Israel atacó una instalación nuclear en Siria en septiembre de 2007, se descubrió que los norcoreanos estaban participando en el desarrollo del sitio en cooperación con el Centro Nacional de Investigación Técnica de Siria.

De los muchos norcoreanos que viven en Irán, la mayoría participa en actividades a nombre del Partido de los Trabajadores Coreano. Su misión es hacer propaganda a favor de la ideología del partido en la República Islámica. La vida diaria de estos coreanos se limita a una pequeña comunidad donde el partido ejerce un control total sobre todos los intercambios personales.

Algunos de estos trabajadores reciben sus instrucciones de la embajada de Corea del Norte en Teherán, que se ocupa principalmente de actuar como el vigilante del partido de los ciudadanos destinados en Irán. Se exige que los agregados diplomáticos norcoreanos lleven a cabo sesiones semanales y mensuales de autocrítica. Aquéllos que se considera que no han cumplido los mandatos del partido de manera adecuada se enfrentan a recriminaciones severas.

No obstante, hay otros norcoreanos en Irán que no reciben órdenes de la embajada; son de tres tipos. Los de la “Oficina 99” dependen del Departamento de la Industria de Municiones en Pyongyang. Los de la “Oficina 39”, del Departamento de Finanzas y Contabilidad. Un último grupo depende directamente de la Oficina de la Secretaría del “Querido Líder” de Corea del Norte, Kim Jong-Il.

En 2002 se calculaba que había más de 120 nacionales de Corea del Norte trabajando en más de 10 lugares relacionados con la investigación nuclear o sobre misiles en todo Irán. Mientras que los norcoreanos que trabajan en los Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Kuwait son básicamente mano de obra barata, las actividades nucleares y las relacionadas con los misiles de los norcoreanos en Irán son una mina de oro que le dan al régimen de Kim Jong-Il divisas duras y al mismo tiempo crean una alianza virtual antiestadounidense. Al fomentar la proliferación nuclear y la transferencia de tecnologías nucleares y conexas esenciales al régimen más radical del Medio Oriente, Kim Jong-Il espera que el fundamentalismo islámico se convierta en un bastión de sentimiento pro-coreano.

Hasta 2009, el Departamento de Finanzas y Contabilidad y la Oficina de la Secretaría de Corea del Norte se han encargado de las exportaciones de misiles y de la tecnología relacionada con ellos a Irán mediante las compañías falsas que administra la Oficina 99. Todas esas transacciones se han llevado a cabo bajo las órdenes directas de Kim Jong-Il.

La cosa funciona así: el Segundo Comité Económico, que está bajo el mando del liderazgo central del partido, fabrica los misiles con la ayuda de la Segunda Academia de Ciencias Naturales de Corea del Norte. Las empresas de la Oficina 99 exportan los misiles a Irán. Las divisas obtenidas con la exportación de misiles y de armas nucleares o de otro tipo van directamente al bolsillo de Kim Jong-Il o se utilizan para financiar más investigaciones nucleares.

Después del ensayo nuclear que realizó Corea del Norte en 2009, las Naciones Unidas impusieron sanciones al régimen de Kim mediante la Resolución 1874 del Consejo de Seguridad, que interrumpió el flujo de divisas a Corea del Norte. Lo irónico es que debido a las sanciones, Irán se ha convertido en un socio aun más importante para Corea del Norte de lo que ya lo era. Así pues, las sanciones han fortalecido, en lugar de debilitar, la relación nuclear.

De acuerdo con documentos internos de alto nivel del Partido de los Trabajadores que llegaron a Japón mediante informantes norcoreanos, en 2010 se creó una nueva empresa ficticia, la Lyongaksan General Trading Corporation. Aparentemente, la intención es que esta organización desempeñe ahora el papel central de la administración de las exportaciones de misiles y tecnología nuclear a Irán.

Por supuesto, esta es simplemente una nueva variación de una vieja práctica, puesto que Corea del Norte ha usado regularmente compañías ficticias para exportar misiles. Los nombres, direcciones y números telefónicos de esas compañías no existen, como demostraron los documentos que se encontraron cuando, con arreglo a la Resolución 1874, la ONU confiscó armas que se habían exportado ilegalmente.

La situación financiera de Corea del Norte es tan desesperada que en diciembre pasado el Ministerio de Seguridad Popular suspendió el uso interno de divisas extranjeras. Las infracciones se castigan con la pena de muerte. Una medida tan dura indica que, si bien las sanciones han reforzado el deseo de Corea del Norte de exportar tecnología y armas nucleares a Irán, el proceso se está haciendo más difícil y el régimen está perdiendo su mecanismo clave para obtener moneda extranjera.

Kim Jong-Il buscará mantener la relación con Irán a cualquier costo. Para detener este comercio, China –a través de cuyo territorio pasan la mayoría de los envíos desde y hacia Corea del Norte—tendrá que desempeñar un papel más responsable. Pero, dada la amplitud de la relación nuclear entre Irán y Corea del Norte, las democracias de Asia deben empezar a pensar seriamente en cooperar en materia de defensa regional de misiles de la forma en que el Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha instado a la cooperación entre esa organización y Rusia. Cuando hay tanto en juego, la respuesta debe ser creativa y audaz.

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