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El nexo de las crisis

NUEVA YORK – Los estrategas políticos, los académicos y los periodistas suelen discutir la crisis financiera global y las guerras en Afganistán e Irak como si, de alguna manera, corrieran por sendas paralelas. Pero las crisis financiera y de política externa de hoy, en realidad, están estrechamente vinculadas. Por cierto, el modo en que el mundo intentó resolver la crisis financiera ofrece perspectivas interesantes sobre cómo debería encararse la crisis de política externa.

La crisis de política interna actual va más allá de Afganistán e Irak. El historial de países que pasan del conflicto a una paz frágil a través de la intervención militar o de acuerdos negociados es trágico: aproximadamente la mitad de ellos vuelven al conflicto, lo que lleva a una mayor tragedia humana y a un alto número de refugiados. Es más, los estados fallidos son incubadoras de terrorismo, tráfico de drogas y de personas, piratería y otras actividades ilícitas. De la mitad que se mantienen en situaciones de paz, la gran mayoría termina altamente dependiente de la ayuda externa -un modelo prácticamente insostenible en el contexto de la crisis financiera global.

Las dos crisis han creado un inmenso sufrimiento humano en todo el mundo: miles de familias han perdido a seres queridos en las guerras, y la crisis financiera se ha cobrado empleos, sustentos, patrimonios, pensiones y sueños de la gente, al mismo tiempo que agravó las condiciones fiscales y de endeudamiento de la mayoría de los países industriales. En consecuencia, los contribuyentes en los países donantes están exigiendo más transparencia y responsabilidad en la manera en que se gasta su dinero tanto fronteras adentro como en el exterior -y con justa razón.

Existen vínculos importantes entre las dos crisis. La guerra en Irak contribuyó en parte al incremento en los precios del petróleo de 35 dólares el barril en 2003 a 140 dólares en 2007. Este aumento ejerció presión en las empresas y los consumidores, y fue un factor importante en el incremento de los precios de los alimentos en todo el mundo. A medida que subían los precios y aumentaban las presiones recesivas, muchos propietarios se vieron impedidos de pagar sus hipotecas. El sector de hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos resultó afectado, y a partir de allí se desató la crisis financiera.

Ambas crisis requieren una estrategia política que parta de "la forma habitual de hacer negocios". Se necesitan políticas de emergencia a lago plazo para hacer frente al alto desempleo, a las ejecuciones inmobiliarias, a las quiebras de empresas y muchas veces al hambre, a la enfermedad y a otros males. Las políticas de emergencia o humanitarias pueden mejorar el consumo básico en el corto plazo, pero también pueden desalentar la inversión, aumentar la inflación y reducir las perspectivas de la economía en el largo plazo. En consecuencia, estas políticas deberían discontinuarse lo antes posible.

Para recuperarse de ambas crisis hará falta una efectiva reconstrucción económica para crear empleos. Además de reestructurar el sector financiero, los programas de recuperación en Estados Unidos, el Reino Unido y otros países industriales afectados por la crisis financiera deben incluir ayuda para los dueños de hogares y empresas, y la creación de empleos a través de proyectos de infraestructura, tecnología de energía limpia y mejoras en la atención sanitaria y la educación.

En Afganistán e Irak, la reconstrucción debe incluir no sólo la rehabilitación de los servicios y la infraestructura, sino también -y más desafiante- la creación de un marco macroeconómico, legal y regulatorio para una estrategia política efectiva. De manera de evitar una perpetuación del conflicto y la alta dependencia en la ayuda externa, el foco principal del compromiso de ayuda internacional debería ser reactivar las pequeñas empresas y promover la creación de empresas nuevas en varios sectores de modo de crear economías viables que le permitan a la gente ganarse la vida en forma legal.y digna.

A pesar de sus elementos en común, ha habido un marcado contraste en las estrategias aplicadas para resolver estas dos crisis. Mientras que los programas en las economías industriales y emergentes destinados a resolver la crisis financiera se han debatido ampliamente a nivel nacional e internacional, el debate sobre Afganistán e Irak se ha centrado en cuestiones militares y de seguridad, socavando la necesidad de hacer un esfuerzo importante para lograr una reconstrucción efectiva.

Es interesante que, mientras la mayoría de los norteamericanos son muy conscientes del costo del programa de restructuración de bancos de 700.000 millones de dólares y del paquete de estímulo de 787.000 millones de dólares, mucha menos atención se le prestó al casi billón de dólares gastado en las guerras de Afganistán e Irak. Muchos suponen que el costo es tan alto porque la reconstrucción es costosa. Pero sólo el 6% de esa cantidad se asignó a la reconstrucción y otros programas de ayuda. El resto fue asignado al Departamento de Defensa como complemento de su presupuesto anual, que ha sido entre 500.000 y 650.000 millones en los últimos años.

Los líderes mundiales deberían reconocer que una mayor inversión en reconstrucción, junto con una estrategia integral y bien balanceada para asegurar la rendición de cuentas y políticas apropiadas para la creación de empleo lícito, podrían haber impedido estos grandes gastos militares, tanto en Irak desde 2006 como en Afganistán desde que el gobierno talibán fue derrocado en 2001.

De la misma manera que los líderes mundiales han conducido la discusión global sobre políticas para resolver la crisis financiera, deberían empezar un debate extendido sobre la futura participación de la comunidad internacional en Afganistán, Irak y otros países devastados por la guerra, donde se necesitan mejores condiciones de vida para que la población local esté dispuesta a apoyar el proceso de paz. La comunidad internacional debería admitir que las operaciones militares, de seguridad y de fuerzas de paz son costosas y no darán buenos resultados en ausencia de estrategias nuevas, innovadoras e integradas para la reconstrucción económica.

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