Thursday, April 24, 2014
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La banca ciudadana

LONDRES – Poco después de que comenzara la crisis financiera en 2008 yo me encontraba en una reunión en los Estados Unidos cuando un asesor económico superior de la Casa Blanca me preguntó: “¿Cree usted que los bancos pueden ser buenos ciudadanos?”

Mientras inauguraba mi respuesta con un “sí”, intervino: “si esa es su respuesta piense en el hecho de que nadie le creerá.”

Lo que dijo me hizo pensar y he pensado mucho al respecto en los últimos tres años que han sido tan difíciles para la economía mundial.

El entorno económico actual en el que todos vivimos y trabajamos es particularmente difícil. En Europa, el Reino Unido y los Estados Unidos, estamos sintiendo los efectos de niveles insostenibles de deuda pública y privada que se han acumulado en los años previos a 2008. Tanto los gobiernos como las familias realizan recortes al gasto, y el  malestar social y la aceptación pública que generan es muy variable.

En 2012, los bancos y las empresas tienen que enfocarse en un solo asunto, pero muy importante: el crecimiento económico y la creación de empleos. Sin embargo, para contribuir con su parte en la generación de empleos, los bancos necesitan volver a crear la confianza que ha sido diezmada por los acontecimientos de los últimos tres años. Ello requiere que los banqueros pongan en aplicación las lecciones que dejó la crisis para que sean mejores ciudadanos y más efectivos.

Llanamente, el sector privado tiene la obligación de ser el motor del crecimiento y el empleo, y los bancos tienen un papel esencial en la consecución de este objetivo. Aunque francamente los bancos han hecho un trabajo muy deficiente en explicar cuál es nuestra contribución a la sociedad. Necesitamos remediarlo como parte del proceso para recuperar la confianza en lo que hacemos.

A nivel más básico, los individuos, empresas y gobiernos confían sus depósitos a los bancos. Nosotros hacemos que ese gobierno trabaje ayudando a las personas a comprar casas, por ejemplo, o dando créditos a las empresas en expansión.

Los bancos también prestan servicios esenciales a los gobiernos y a las empresas dando acceso directo a los compradores globales de deuda y valores y estableciendo mercados grandes y estables de compradores y vendedores. Algunos consideran que estas actividades son especulativas e incluso caricaturizan a los mercados financieros como casinos. De hecho, estos mercados satisfacen una necesidad fundamental de los clientes.

Por supuesto, para satisfacer esas necesidades los bancos deben ser más seguros y más sólidos que antes de las crisis. La realidad es que mucho ha cambiado actualmente en el sector financiero. Los bancos ya no están pidiendo tantos préstamos; tienen más capital y tienen fuentes mucho más estables y líquidas de fondos para prestar.

Los bancos fuertes necesitan una reglamentación estricta y creemos que nunca más se debe poner en riesgo el dinero de los contribuyentes para rescatar un banco en quiebra o que esté por quebrar. Sin embargo, tres años después de la crisis financiera de 2008 seguimos enfrentándonos a desafíos considerables, como lo demuestra la crisis sostenida de la eurozona. Así pues, no debe sorprender que muchas personas duden que algo haya cambiado realmente.

La única forma en que los bancos recuperarán la confianza del público es ser mejores ciudadanos. Debemos empezar por nuestra conducta y demostrar que actuamos con confianza e integridad. Eso significa que los intereses de los clientes deben estar en el centro de todas las decisiones que tomemos.

En 1970, el Premio Nobel Milton Friedman, uno de mis economistas favoritos, escribió un importante artículo en el que sostenía que la única responsabilidad social de las empresas era aumentar sus ganancias. En eso no estoy de acuerdo con él.

Las empresas deben aumentar sus ganancias de forma tal que creen valor sostenible para los accionistas, no sólo ganancias a corto plazo. Esto se aplica a todos los sectores, no únicamente a la banca. Los beneficios de este enfoque pueden apreciarse en los caminos que están siguiendo empresas como Unilever, PepsiCo, y Nestlé.

Los bancos pueden y deben hacer lo mismo, centrándose en los intereses de sus clientes y de las comunidades a las que prestan sus servicios. El desafío es equilibrar nuestras obligaciones con todos nuestros participantes, tanto los consumidores como los accionistas, incluidos los fondos de pensión que ayudan a millones de personas en todo el mundo a ahorrar para su jubilación.

Esto no siempre es fácil y las decisiones que tomamos todos los días –al igual que cualquier otra empresa- están llenas de sus propios dilemas. No obstante, hacer las cosas bien para los consumidores, los clientes, los accionistas y las comunidades asegurará que tomemos más a menudo las decisiones adecuadas que las incorrectas.

Por ello, la respuesta a la pregunta que se me planteó hace tres años es que los bancos tienen que ser buenos ciudadanos. Entiendo que para que las personas acepten este concepto se requerirá que haya una notable diferencia en la forma en que los bancos participan en la sociedad. Tal vez las personas no ven ahora ningún cambio; pero se está produciendo y está en sus primeras etapas. Sin embargo, tenemos la determinación de seguir trabajando, y yo me comprometo a lograrlo.

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