BEIJING – En los últimos meses, han surgido de repente muchas opiniones pesimistas sobre la economía china, debidas en gran parte a tres conjeturas. En primer lugar, el mercado de la vivienda de China está a punto de desplomarse. En segundo lugar, su situación fiscal empeorará rápidamente a consecuencia de la abultada deuda de las administraciones locales. En tercer lugar, el hundimiento de las redes clandestinas de crédito en ciudades muy dinámicas, como, por ejemplo, Wenzhou, provocará una amplia crisis financiera en todo el país.
En realidad, pese a sus problemas, la economía de China ha seguido en buenas condiciones: al menos hasta ahora. De hecho, aún no ha tocado fondo ni mucho menos.
Desde el comienzo del siglo XXI, unos precios de la vivienda por las nubes, exceptuado un breve período de tregua durante la crisis financiera mundial, han causado un grave descontento social en China. Después de años de adoptar medidas desganadas, el Gobierno ha actuado por fin contundentemente contra la especulación inmobiliaria. A consecuencia de ello, en octubre de este año los precios bajaron por primera vez, al tiempo que se reducía también el aumento de la inversión inmobiliaria.
Pero no es probable que la bajada de los precios de la vivienda provoque un desplome, porque, después de que se expulse del mercado la demanda especulativa, seguirá habiendo una fuerte demanda real de casas. Tan pronto como los precios de la vivienda bajen hasta un nivel asequible, los compradores entrarán en el mercado y fijarán un tope mínimo por debajo de su descenso.
Además, como en China no hay hipotecas de gran riesgo y las entradas para la compra de viviendas a plazos ascienden a nada menos que entre el 50 y el 60 por ciento, ni siquiera una bajada importante de los precios de la vivienda ocasionará daños graves a los megabancos de China.
A lo largo del pasado decenio, la inversión en propiedad inmobiliaria ha sido el factor que más ha contribuido por sí solo al aumento de la inversión en activos fijos en China y, por tanto, a su economía. De hecho, desde finales del decenio de 1990, la proporción entre la inversión y el PIB en el sector inmobiliario ha sido mucho mayor que la de países como el Japón y Corea durante sus períodos de mayor crecimiento.
En el caso de un país en desarrollo con una renta por habitante de 5.000 dólares, la concentración de sus recursos en la producción de cemento y hormigón constituye, sencillamente, un error. Aunque una importante reducción de la inversión en el sector inmobiliario tendrá repercusiones muy negativas en el crecimiento de China, que se puede y se debe prevenir, el descenso, mientras no sea demasiado drástico, constituye una evolución positiva.
Entretanto, las deudas de las administraciones locales son un fenómeno relativamente nuevo. En 2009, se alentó a las administraciones locales a que crearan mecanismos de estabilización financiera, en particular plataformas locales de financiación (PLF), para complementar el plan de estímulo de cuatro billones de renminbis (628.700 millones de dólares). Las PLF recibirían préstamos de los bancos utilizando los futuros ingresos estatales como garantía para financiar proyectos de inversión de conjunto en localidades chinas. En 2010, se habían creado unas 6.576 PLF.
No se puede negar que la deuda de las administraciones locales es una bomba de relojería ya activada para la economía china. Según la Oficina Nacional de Auditoría (ONA) de China, el endeudamiento total de dichas PLF asciende a 10,7 billones, el 79,1 por ciento de los cuales son préstamos bancarios, pero igualmente cierto es que la deuda de las administraciones locales de China ha sido hasta ahora controlable y no hay razones para pensar que todo eso sea negativo. De hecho, en el caso de la mayoría de las PLF el flujo de caja obtenido hasta ahora por la inversión ha sido suficiente para sufragar el pago del principal y de los intereses. Según el Banco Industrial y Comercial de China (BICC), el mayor de los “cuatro grandes” bancos de China, el 93 por ciento de sus préstamos a las PLF quedan amortizados con regularidad.
De hecho, la proporción de créditos morosos del BICC asciende a tan sólo el 0,3 por ciento, mientras que el coeficiente de cobertura, es decir, la capacidad de absorción por el banco de pérdidas debidas a las PLF, asciende al 1,066 por ciento. Según la ONA, la proporción de créditos morosos correspondiente a los 10,7 billones de reminbis de deuda de las administraciones locales asciende al 2,3 por ciento, aproximadamente.
Una proporción importante de la deuda total de las administraciones locales no tiene relación directa con ellas o no puede ser garantizada por ellas. Así, pues, desde el punto de vista legal no es en modo alguno deuda estatal. Además, en vista de que la deuda de las administraciones locales corresponde al 27 por ciento del PIB de China en 2010, mientras que la deuda y los préstamos sobre pólizas del gobierno central ascienden al 20 por ciento y al seis por ciento del PIB, respectivamente, la proporción total entre la deuda pública y el PIB asciende al 53 por ciento, aproximadamente, inferior a la de Alemania. Así, pues, si bien China no puede dejar de vigilar la deuda de sus administraciones locales, el pánico carece de justificación.
Por último, hay una larga historia de préstamo y endeudamiento clandestinos en algunas zonas de la región costera oriental de China, en particular en Wenzhou. Siempre que una restricción monetaria provoca una reducción del crédito bancario, las empresas pequeñas o medianas están dispuestas a endeudarse con parientes o usureros y con tipos de interés suicidas.
En los últimos años, la especulación inmobiliaria ha pasado a ser otra importante fuente de demanda de préstamos clandestinos. Cuando los precios reales de los activos bajan y provocan el desplome de las redes locales de crédito, no sólo quedan financieramente destrozadas centenares de familias y quiebran centenares de empresas, sino que, además, los bancos sufren daños colaterales, como ocurrió recientemente en la región de Wenzhou.
Pero se ha exagerado la gravedad de la crisis del crédito clandestino de Wenzhou. En realidad, representa menos del 20 por ciento del crédito total de la región, mientras que la región representa menos del uno por ciento del PIB de China. El volumen total de créditos bancarios afectados en la crisis ascendió a algo más de tres billones de reminbis, es decir. el 0,5 por ciento, aproximadamente, de los préstamos bancarios de la región de Wenzhou. Así, pues, el daño que el desplome de las redes de crédito clandestino de Wenzhou ha infligido al sistema bancario regional es limitado y ha tenido escasas repercusiones en el nivel nacional.
De modo que, pese a que muy probablemente el crecimiento económico de China se aminorará en gran medida en 2012, una caída brusca no es probable. Aun así, si bien no hay por qué mostrarse excesivamente pesimista sobre las perspectivas económicas de China a corto plazo por el lento avance en el ajuste fundamental y en la aplicación de nuevas reformas, incluso el Primer Ministro de China, Wen Jiabao, ha observado que el crecimiento de su país es insostenible a largo plazo. La prueba real aún no ha llegado.


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