CAMBRIDGE: El largo boom de los Estados Unidos está en riesgo. Abundan las señales que apuntan hacia una desaceleración inminente, inclusive una recesión. Estas nubes oscuras se están juntando mientras arranca la tardía transición entre las administraciones Clinton y Bush.
La calidad del manejo económico de los primeros años de la nueva administración marcará el rumbo para los años por venir. Cuando el Presidente electo Bush habla sobre la utilización de enormes recortes en los impuestos para mantener el buen funcionamiento de la economía, es el momento de empezar a preocuparse. Los grandes recortes en los impuestos son una “solución” de corto plazo que puede provocar daños graves en el largo plazo.
Actualmente, muchos estadounidenses consideran que el crecimiento rápido y los incrementos en el mercado de valores son casi asunto de derechos fundamentales. No se pueden imaginar que la economía se desacelere o que los precios de las acciones caigan y se mantengan bajos. Han leido demasiados de los análisis falsos de la Nueva Economía que promete riquezas sin límite y pleno empleo para siempre.
El problema con estas profecías de la Nueva Economía es que mezclan un poco de verdad con exageraciones enormes. Sí, la Nueva Economía ha traido un gran aumento de la productividad en los EU. No, la Nueva Economía no ha acabado con las desaceleraciones económicas ni con las recesiones. Menos aún garantiza que los precios de las acciones en el mercado de las compañías puedan fijarse a varios cientos de veces el valor de sus ganancias anuales.
Estados Unidos está por entrar a una desaceleración provocada por una caida en la inversión de las empresas. Los avances indudables en la tecnología de la información llevaron a una reestructuración increíble del sector empresarial de Estados Unidos, que se reorientó para aprovechar las ventajas del comercio electrónico y mejoró los sistemas de administración, logística y comunicaciones por computadora.
El resultado fue un aumento impresionante de la inversión fija de las empresas en computadoras y otros componentes de la tecnología informática. Las inversiones en equipo y programas para el procesamiento de información tuvieron un crecimiento anual de alrededor del 19% entre 1993 y 1999, y en 1999 constituyeron aproximadamente la mitad de la inversión total de los Estados Unidos en equipo para empresas.
Ese aumento en el gasto de las empresas impulsó la demanda general. En efecto, fomentó tanto la demanda estadounidense que el gasto total (consumo más inversión) creció mucho más rápido que la producción. El resultado fue un déficit comercial que actualmente es de más de 400 mil millones de dólares anuales.
Ese déficit comercial se financia a través de inversión extranjera en los Estados Unidos, mientras ahorradores de todo el mundo adquieren más acciones y bonos estadounidenses. El boom de la tecnología de la información también produjo la esperanza de un milagro de crecimiento a largo plazo en los Estados Unidos, que a su vez generó expectativas poco realistas sobre las ganancias a futuro. Las altas expectativas sobre las ganancias provocaron el boom sin precedentes del mercado de valores entre 1996 y 1999.
En resumen, los avances reales en la productividad debidos a la Nueva Economía se vieron exagerados en los ojos de la población. Se espera un crecimiento rápido y se da por sentado un mercado accionario en crecimiento. Ahora la economía refleja que esas expectativas están divorciadas de la realidad.
El gasto de inversión de las empresas está decreciendo porque las compañías ya han adquirido los sistemas que requieren y por el momento no necesitan cambiarlos o actualizarlos. Las expectativas sobre las ganancias están cayendo después de que una compañía tras otra anuncia ventas decepcionantes. El mercado de valores ha caido, sobre todo el NASDAQ, de alta tecnología, en aproximadamente el 50% desde marzo.
Todo el mundo espera que la Reserva Federal de Alan Greenspan venga al rescate, y pocos dudan que un recorte en las tasas de interés ayudaría a mantener la fuerza de la demanda y del sector de la construcción. Pero existen razones que indican que tal recorte no afectaría la inversión de las empresas, que es la porción de la demanda que con toda probabilidad cambiará en los próximos años. Más aún, la Reserva Federal se mostrará muy precavida para bajar las tasas de interés cuando el dólar está cayendo, la economía está cerca del pleno empleo y se empiezan a resentir los efectos de los precios elevados de los energéticos. La capacidad de la Reserva Federal para controlar el ciclo empresarial en estos momentos es, en el mejor de los casos, modesta.
Así llega la administración Bush, con un congreso dividido y dudas sobre su legitimidad. El President electo Bush se refiere a su propuesta de recorte de 1.3 billones de dólares como una “póliza de seguro” contra la recesión. Lo que durante la campaña electoral se presentó como una medida de largo plazo, por más dudosa que fuera, ahora aparece como la medicina que se necesita para que la economía de los Estados Unidos siga creciendo en el corto plazo.
Hay varias cosas que no están bien en esto. Primero, un debate prolongado sobre el recorte en los impuestos, que será virtualmente inevitable si el Presidente insiste en ello, creará una gran incertidumbre en los mercados financieros y en la Reserva Federal. Si los Estados Unidos se pasan la primavera discutiendo un gigantesco recorte en los impuestos, es casi seguro que la confianza de empresarios e inversionistas se seguirá debilitando.
Segundo, un gran recorte en los impuestos debilita la capacidad de la Reserva Federal para moderar las tasas de interés. Tercero, y más importante, un recorte grande en los impuestos socavará las sólidas condiciones fiscales tan cruciales para el boom de Estados Unidos. El regreso al déficit fiscal, que podría ser el resultado de la combinación de una recaudación menor y una economía con un crecimiento más lento, harían más vulnerable a la economía frente a posibles shocks en los próximos años.
Hemos aprendido muchas veces que, ante una economía que se debilita, lo mejor es la prudencia. Las acciones desesperadas, como los recortes enormes de impuestos o de tasas de interés, casi siempre fallan. Con un manejo prudente, la desaceleración seguramente será corta y ligera. Los países que intentan mantener un crecimiento rápido de sus ecomías por un tiempo demasiado prolongado utilizando medidas drásticas como recortes grandes en los impuestos o políticas monetarias altamente expansionistas suelen terminar con un desorden financiero que tardan años en arreglar. Los pronunciamientos del Presidente electo Bush muestran una inclinación poco sana hacia la manipulación macroeconómica de corto plazo y no hacia un énfasis en el largo plazo.


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