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El atractivo de Asia

El Presidente Bush está en Asia para asistir al Consejo Económico de Asia y del Pacífico en China, pero debe prestar atención a otra cumbre asiática a la que no lo han invitado. En diciembre, Malasia albergará una reunión del Asia oriental de la que se ha excluido deliberadamente a los Estados Unidos. Según muchos observadores cercanos, el atractivo de los Estados Unidos está en declive en esa región, en la que el atractivo –o “poder blando”- de otros ha aumentado.

Los países asiáticos tienen unos impresionantes recursos potenciales para el poder blando. Las artes, la moda y la cocina de las antiguas culturas de Asia han ejercido una fuerte influencia en otras partes del mundo durante siglos, pero Asia pasó por un período de relativa decadencia cuando se quedó rezagada respecto de la revolución industrial de Occidente, cosa que socavó su influencia.

En el decenio de 1950, Asia evocaba imágenes de pobreza y hambre. En el decenio de 1960 hubo un breve encaprichamiento político con las chaquetas Nehru y la revolución maoísta, pero fue breve. Como cantó John Lennon en 1968, “si vas por ahí con retratos del Presidente Mao, en modo alguno lograrás nada con nadie”.

El resurgimiento de Asia comenzó con el éxito económico del Japón. Al final del siglo, los notables resultados del Japón no sólo enriquecieron a los japoneses, sino que, además, intensificaron el poder blando del país.

Como primer país no occidental que se puso a la par de Occidente en modernidad, al tiempo que demostraba que es posible mantener una cultura excepcional, el Japón tiene más recursos potenciales de poder blando que cualquier otro país asiático. En la actualidad el Japón ocupa el primer puesto del mundo por el número de patentes, el tercero por el gasto en investigación e innovación como porcentaje del PIB, el segundo por las ventas de libros y de música y el primero por la esperanza de vida. Tres de las veinticinco primeras marcas multinacionales (Toyota, Honda y Sony) proceden de ese país.

Los diez años de desaceleración económica en el decenio de 1990 empañaron la reputación del Japón, pero no acabaron con sus recursos de poder blando. Su influencia cultural global aumentó en sectores que iban desde la moda, la comida y la música pop a la electrónica de consumo, la arquitectura y el arte. Los fabricantes japoneses llevan la batuta en el sector de los videojuegos domésticos. Los dibujos animados de Pokemon se transmiten en 65 países y la animación japonesa tiene un enorme éxito entre los directores de cine y los adolescentes de todo el mundo.

En una palabra, la cultura popular del Japón seguía produciendo recursos potenciales de poder blando incluso después de su desaceleración económica. Ahora, cuando hay señales de revitalización de la economía, el poder blando del Japón puede aumentar aún más.

Pero hay límites. A diferencia de Alemania, que repudió su agresión del pasado y se reconcilió con sus vecinos en el marco de la Unión Europea, el Japón nunca ha reconocido su ejecutoria de los decenios de 1930 y 1940. El recelo residual que persiste en países como China y Corea pone límites al atractivo del Japón, que se refuerzan siempre que el Primer Ministro japonés visita el Santuario Yasukuni.

El Japón afronta también graves amenazas demográficas. A mediados de este siglo, la población del Japón podría haberse reducido en un 30 por ciento, a no ser que atraiga a 17 millones de inmigrantes… objetivo difícil de conseguir en un país históricamente resistente a la inmigración. Además, la lengua japonesa no está muy difundida y las escasas aptitudes para el uso del inglés en el Japón constituyen un obstáculo para que atraiga talentos internacionales a sus universidades. La cultura del Japón sigue mirando hacia adentro.

Mirando hacia el futuro, China y la India son los gigantes que asoman en Asia, con sus enormes poblaciones y rápidas tasas de crecimiento económico. No sólo aumentan sus recursos militares o de “poder duro”: hay señales de que sus recursos de poder blando también van en aumento. En 2000, el novelista chino Gao Xingjian obtuvo el primer premio Nobel de literatura de China, seguido el año siguiente por el escritor indio de la diáspora V.S. Naipaul. La película china “Tigre agazapado, Dragón oculto” fue la que obtuvo mayores beneficios, exceptuadas las de habla inglesa, y películas indias como “La boda del monzón” fueron éxitos mundiales de taquilla. De hecho, “Bollywood” produce más películas al año que Hollywood.

Sigue la lista. Yao Ming, la estrella china del Houston Rockets de la Asociación Nacional de Baloncesto podría llegar a ser otro Michael Jordan y China va a albergar las Olimpíadas de Verano en 2008. Grandes comunidades de expatriados en los Estados Unidos --2,4 millones de chinos y 1,7 millones de indios-- han contribuido a que aumentara el interés por sus países de origen entre los demás americanos. Además, las conexiones transnacionales en el sector de la información son estrechas, pues las empresas occidentales de tecnología avanzada emplean cada vez más a empresas filiales en Bangalore y Shanghai para que les presten de servicios en tiempo real.

Pero la auténtica promesa para China y la India radica en el futuro. El poder blando de un país se basa en el atractivo de su cultura y sus valores políticos y sociales y el estilo y en la substancia de sus políticas exteriores.

En los últimos años, tanto China como la India han adoptado políticas exteriores que han intensificado su atractivo para otros países, pero ninguna de ellas ocupa un puesto elevado en los diversos índices de recursos potenciales de poder blando con que cuentan los Estados Unidos, Europa y el Japón. Si bien la cultura brinda cierto poder blando, las políticas y los valores nacionales ponen límites, en particular en China, donde el Partido Comunista teme las consecuencias de permitir demasiada libertad intelectual y se resiste a aceptar las influencias exteriores. Los dos países tienen fama de abrigar corrupción gubernamental.

La India se beneficia de políticas democráticas, pero padece las consecuencias de un gobierno burocratizado. También en política exterior, la reputación de los dos países carga con los problemas de disputas, ya antiguas, sobre Taiwán y Cachemira. Además en los Estados Unidos la atracción de una China autoritaria está limitada por la preocupación ante la posibilidad de que pueda llegar a ser una amenaza en el futuro.

Así, pues, el poder blando de los países asiáticos va rezagado respecto del de los Estados Unidos, Europa y el Japón, pero es probable que aumente. De hecho, si los Estados Unidos siguen aplicando políticas carentes de atractivo, pueden descubrir que su ausencia de la cumbre que se celebrará en Malasia en diciembre es un anuncio de lo que les reserva el futuro.

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