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El "desafío" de Turquía

Samuel Huntington nos advirtió sobre el peligro. En su ahora famosa tesis sobre "El choque de las civilizaciones", presentó a Turquía como un ejemplo de un "país quebrado", según él dividido internamente entre Oriente y Occidente, que no está ni en Europa ni en el Oriente Próximo, con una línea de fractura que no corre a lo largo de sus fronteras geográficas, sino que pasa por su interior.

Los recientes bombardeos que han golpeado a Estambul subrayan, una vez más, la importancia de que Turquía supere la línea de fractura de Huntington para emerger firmemente como una democracia próspera, secular y estable. Si tiene éxito, mostrará que no es inevitable que el siglo XIX sea el de un "Choque de Civilizaciones", en que las divisiones de la Guerra Fría sean reemplazadas por nuevos antagonismos religiosos que nos hagan recordar la Edad Media. El mismo concepto de frontera se debe volver a definir en el mundo de hoy: las fronteras que están en las mentes y en la internet son tan importantes como las líneas de dividen el espacio geográfico.

El éxito de Turquía en avanzar hacia una democracia moderna dependerá, por supuesto, de muchos factores, la mayoría de ellos internos y que están relacionados con el liderazgo local y las decisiones que tomen sus actores políticos. Pero los terroristas que atacan de modo tan mortífero comprenden la naturaleza global más que regional de la lucha por el alma turca.

Los factores externos serán fundamentales en la determinación del destino de Turquía. De hecho, el factor individual más importante y que tendrá un efecto decisivo en los acontecimientos futuros, marcando las condiciones para un éxito notable o un amargo fracaso es la próxima decisión de la Unión Europea de iniciar o no las negociaciones hacia el ingreso de Turquía como miembro pleno en 2005.

En diciembre de 2002, los líderes de la UE comprometieron a la Unión a dar comienzo a las negociaciones con Turquía acerca de la membresía total, siempre y cuando Turquía cumpliera los criterios comunes para todos los países candidatos. En una cumbre que se efectuará bajo la presidencia de Holanda en diciembre de 2004, la UE examinará los avances de Turquía y decidirá, si los criterios se han cumplido, iniciar las negociaciones "sin demora".

Económica, política e institucionalmente, Turquía necesita el "ancla" del proceso de integración a Europa. Europa y Turquía deben probarse a si mismos, y al mundo, que no es inevitable el "choque de civilizaciones" de Huntington y que es posible crear un "Proyecto Europeo" entre cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes, que una sociedad con una gran mayoría de musulmanes puede ser democrática y secular, y que los turcos y griegos pueden hacer lo que han hecho los alemanes y franceses: superar un antagonismo de siglos para construir un "buen vecindario".

No se debe permitir que en las mentes de una nueva generación se formen nuevamente las "fronteras" entre Oriente y Occidente, abolidas en gran medida por Ataturk en Turquía. La situación acá no es diferente a la que la UE enfrentó en Europa del Este, una región que necesitó la misma "ancla" después de la caída del comunismo. La UE la facilitó casi sin vacilar y el resultado ha sido espectacular.

Países que tenían economías reguladas y escasa experiencia democrática ahora están a punto de ser miembros plenos de la UE, después de una década de transformaciones aceleradas. El ancla estuvo allí desde el comienzo. El aporte de Europa fue decisivo y generoso, y funcionó.

En 1990 Turquía tenía una economía de mercado más avanzada y mucha más experiencia democrática que los países de Europa del Este que se iban a integrar a la UE. Pero, en su caso, durante mucho tiempo Europa se ha mostrado reluctante a proporcionarle el mismo tipo de incentivo y esperanza.

Esto ha afectado el progreso de Turquía. CuandoEuropa avanzó más decididamente, como en la cumbre de Copenhage de 2002, el progreso económico y político se aceleró en Turquía de un modo muy tangible.

Turquía debe, por supuesto, cumplir las condiciones comunes a todos los países candidatos, medidas de una manera justa y razonable. Pero si las cumple y Europa sigue vacilando, se verían afectados negativamente todos quienes desean que la transición democrática de Turquía tenga un final exitoso.

No hay duda de que el desafío europeo de integrar a Turquía, un país que limita con el Oriente Próximo, es grande. Los beneficios de tener éxito, sin embargo, serían inmensos para Turquía, para Europa y para el mundo. Pocos momentos de la historia moderna tendrán la significación de la cumbre de la UE en diciembre de 2004.

Todavía falta un año. Turquía debe trabajar duro para prepararse. Estados Unidos debe pensar en el largo plazo y apoyar el proceso con tacto y generosidad, en lugar de jugar con la noción mal concebida de Turquía como parte de un "Oriente Próximo ampliado". Lo que es más importante, los estadistas europeos, que en su corazón saben lo que es necesario, deben mostrar la valentía y la sabiduría para conducir en tal dirección.