WEEKLY SERIES

INTERNATIONAL ECONOMICS

STRATEGIC SPOTLIGHT

GLOBAL FINANCE

ECONOMICS OF DEVELOPMENT

ECONOMIC AND REGULATORY POLICY

ECONOMIC HISTORY

ECONOMIC PERSPECTIVES

PUBLIC INTELLECTUALS

GLOBAL OUTLOOK

REGIONAL EYE

SPECIAL SERIES

PROJECT SYNDICATE

The World in Words

La renovación de las Naciones Unidas

English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

2005-09-12

Para un funcionario de las Naciones Unidas, hablar de la reforma del sistema internacional es como para un inglés hablar sobre el tiempo: es un tema de conversación cotidiana, pero siempre parece que un cambio real está más allá del horizonte. El miércoles, 166 jefes de estado y gobierno se reunirán en Nueva York para una cumbre que, esperamos, significará un paso importante para el proceso de reformas.

Los embajadores en Nueva York están trabajando ahora día y noche para afinar los detalles de las actuales propuestas de reforma. Sin embargo, sea lo que sea que lleguen a acordar, como antiguo funcionario de las  Naciones Unidas estoy consciente de cuánto ya ha cambiado la ONU desde que ingresé a ella, hace 27 años. 

Si en esa época hubiera sugerido a mis superiores que un día la ONU sería observadora e incluso organizaría elecciones en estados soberanos, que realizaría inspecciones minuciosas para encontrar armas de destrucción masiva, que impondría completas sanciones sobre todo el comercio de importaciones y exportaciones de un estado miembro, o que crearía tribunales penales internaciones y presionaría a los gobiernos para que entregaran ciudadanos de sus países para ser juzgados por extranjeros bajo la ley internacional, me habrían dicho que yo no entendía de qué se trataba la ONU.

Y sin embargo la ONU ha hecho todo esto, y más, en las últimas dos décadas. Ha administrado territorios, ha realizado enormes operaciones multidimensionales de pacificación, con cerca de 80.000 soldados en terreno, y ha desplegado monitores de derechos humanos para informar sobre el comportamiento de gobiernos soberanos. En pocas palabras, la ONU ha sido una institución altamente adaptable, que ha evolucionado en respuesta al cambio de los tiempos.

Se puede encontrar el origen de los imperativos de reforma de hoy en las divisiones internacionales acerca de la Guerra de Irak. En el verano de 2003, una encuesta realizada por la Organización Pew en 20 países reveló que el prestigio de la ONU había disminuido en todos ellos. La reputación de la ONU se vio afectada en los Estados Unidos porque no apoyó a la administración Bush en la guerra, y en los otros 19 países porque fue incapaz de evitarla. Recibimos golpes desde ambos bandos del debate y desilusionamos sus respectivas expectativas. Algunas voces famosas y más bien poderosas comenzaron a hablar de la irrelevancia de la ONU.

Fue en el punto más alto de este escrutinio de una intensidad sin precedentes cuando el Secretario Kofi Annan aprovechó la oportunidad. En un histórico discurso a la Asamblea General, dijo que podíamos continuar el rumbo usual, lo que potencialmente podría conducir al desastre, o bien podíamos revisar toda la arquitectura posterior a 1945 del sistema internacional y construir una estructura más eficaz de gobierno global.

Annan nombró un panel de alto nivel formado por eminentes personas para estudiar los temas relacionados con la paz y  la seguridad, mientras un grupo paralelo de  economistas, encabezados por Jeffrey Sachs, estudiaba lo que se necesitaba para cumplir las metas de desarrollo a las que se comprometieron los líderes del mundo en la Cumbre del Milenio en el año 2000. En marzo, Annan sintetizó sus recomendaciones clave en un informe titulado Un concepto más amplio de la libertad.

El título procede del prefacio de la carta de las Naciones Unidas, que habla de esforzarse por “promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.” Con esa frase magnífica los fundadores de la ONU quisieron decir que los derechos humanos, el desarrollo y la seguridad son mutuamente interdependientes.
           

Por supuesto, a menudo la ONU no puede hacer realidad sus nobles aspiraciones, ya que refleja las realidades de la política mundial, si bien intenta trascenderlas. En sus mejores y peores aspectos, la ONU es un espejo de nuestro mundo: refleja nuestras diferencias y convergencias, nuestras esperanzas  y aspiraciones, y nuestras limitaciones y fallas. 

Pero la causa de la libertad política ha avanzado. Cuando me uní a la ONU, era casi impensable que la organización tomara partido entre la democracia y la dictadura, o que intentara  intervenir en los asuntos internos de los miembros. Ni siquiera había un consenso universal sobre el significado de los derechos humanos, y había algunos estados que los consideraban una herramienta de neoimperialismo occidental.

En contraste, hoy la ONU hace más que cualquier otra organización por promover y fortalecer las instituciones y prácticas democráticas en todo el mundo. Sólo el año pasado, ha organizado o apoyado elecciones en más de  20 países, a menudo en momentos decisivos de su  historia, entre los que se cuentan Afganistán, Palestina, Irak y Burundi. La ONU está creando un Fondo para la Democracia, con el fin de aumentar la ayuda para construir la democracia, y hemos propuesto crear una Comisión de Pacificación para ayudar a que los países en guerra puedan avanzar hacia una paz duradera. Annan también está presionando para lograr un conjunto de herramientas más efectivas y fiables para defender los derechos humanos.

Cuando enfrentamos los nuevos desafíos de nuestro tiempo, no olvidemos los viejos desafíos, especialmente el persistente horror del subdesarrollo. La combinación de pobreza, sequías, hambrunas  y VIH/SIDA en el África subsahariana amenaza más vidas humanas que el terrorismo o los tsunamis han podido llegar a amenazar. Esta cumbre debe reafirmar las Metas de Desarrollo del Milenio y hacer que el mundo se vuelva a comprometer con ellas para el año 2015. Ya no hay excusa alguna para dejar a más de mil millones de personas en la miseria más abyecta. 

Como lo dijera Mahatma Gandhi, "Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo". La ONU no es una excepción. Para cambiar el mundo, debemos cambiar también. La ONU puede ser un instrumento mucho más eficaz si los estados miembros de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad están mejor organizados y dan pautas más claras a quienes formamos parte del Secretariado (junto con la flexibilidad  para llevarlas a cabo) y luego nos exigen que asumamos las responsabilidades correspondientes.

La cumbre de esta semana será la reunión de líderes mundiales más larga de la historia humana. Si los líderes  mundiales se ponen a la altura de sus responsabilidades, será posible lograr el renacimiento y la renovación de la ONU. Con esta renovación, estaremos también renovando nuestra esperanza de un mundo más justo y más seguro. 

Shashi Tharoor es Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y autor de varios libros, el más reciente de los cuales es Bookless in Baghdad: And Other Writings about Reading.

You might also like to read more from or return to our home page.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.
English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

You must be logged in to post or reply to a comment.
Please log in or sign up for a free account.



AUTHOR INFO

Shashi Tharoor, a former Indian Minister of State for External Affairs and UN Under-Secretary General, is a member of India’s parliament and the author of a dozen books, including India from Midnight to the Millennium and Nehru: the Invention of India.