El ex primer ministro tailandés Thaksin Shinawatra ha regresado a Bangkok 17 meses después de ser derrocado por un golpe militar. Thaksin ha negado repetidas veces que tenga intención de volver a la política, para la que ha sido inhabilitado durante cinco años, pero, ¿hasta qué punto es realista esperar que un hombre tan ambicioso y extravagante permanezca lejos del candelero?
Muchos creen que Thaksin está ya asesorando al gobierno del Primer Ministro Samak Sundaravej. De hecho, está generalizada la opinión de que el Partido del Poder del Pueblo (PPP) de Samak es un substituto de Thaksin. Al fin y al cabo, se formó con los restos del partido Thai Rak Thai de Thaksin, que fue disuelto después del golpe.
Naturalmente, el renacimiento político de Thaksin no puede ponerse en marcha hasta que sea absuelto –y en caso de que así sea– de la acusación de corrupción, pero es probable que haya hecho todos los cálculos relativos a las acusaciones y otras alegaciones antes de partir de Londres y haber llegado a la conclusión de que existen muchas posibilidades de que permanezca en libertad. Al fin y al cabo, Thaksin es un hombre demasiado serio para arriesgar su libertad por razones sentimentales.
Además, sigue siendo muy popular en Tailandia, ya que no en Bangkok. Su presencia en el país podría desatar un clamor en pro de su vuelta “renuente” a la política.
Ahora bien, a todo eso hay que añadir un equipo de fútbol.
La adquisición por Thaksin del club de fútbol de la ciudad de Manchester podría parecer poco importante a los observadores de fuera de Tailandia y de Asia, pero los tailandeses son muy aficionados al fútbol y más en particular hinchas de la Liga inglesa. La propiedad de Thaksin es motivo de considerable orgullo, sobre todo fuera de los círculos selectos de Bangkok y brinda a los tailandeses una conexión directa con un equipo selecto del deporte más popular del mundo, lo que brinda, a su vez, a Thaksin una gran popularidad. Por algo se hizo acompañar de dos jugadores del equipo a su regreso a Tailandia.
También se ha considerado victoria del PPP en las elecciones de diciembre algo así como una revancha para Thaksin. Cuando tuvieron la oportunidad de votar, los votantes lo hicieron por un partido similar al Thai Rak Thai de Thaksin de antes del golpe, conque, ¿por qué no completar la escena?
Evidentemente, nada de eso gustará a los oponentes de Thaksin, por lo que no se puede descartar la posibilidad de que haya manifestaciones, paralización y una nueva crisis.
La situación es tanto más incierta cuanto que el PPP afronta un problema. Unas horas antes de que Thaksin regresara a Bangkok, la Junta Electoral de Tailandia declaró culpable de fraude al Presidente de la Cámara Baja del Parlamento después de que pagara a funcionarios para que hicieran campaña a favor del partido. El Tribunal Supremo debe confirmar ese fallo, pero, si así es, el condenado perderá su escaño en el Parlamento y –lo que resulta más preocupante– el caso podría agravarse y provocar la disolución del PPP y poner fin a la recuperación política en ciernes de Thaksin, lo que podría crear una gran confusión en el partido, el gobierno y el país.
De modo que, conforme a casi todas las hipótesis, el regreso de Thaksin muy bien podría ser también el de aquellos tensos días de 2006 justo antes del último golpe.


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