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Tailandia en rojo y amarillo

BANGKOK – Después de tres años consecutivos de sangrientas protestas callejeras, Tailandia ha llegado al punto en el que tendrá que celebrar nuevas elecciones, pues la legislatura actual de su Asamblea Nacional expira el próximo mes de diciembre. De hecho, el Primer Ministro, Abhisit Vejjajiva, ha indicado que pedirá la disolución de la cámara baja en la primera semana de mayo. Ha sido la consecuencia de una moción de censura parlamentaria, a la que su gobierno sobrevivió a duras penas. Así, pues, el terreno está preparado para unas elecciones generales a mediados de este año.

Pero, en vista de la inestabilidad política de los últimos años, esa apariencia de estabilidad y regularidad constitucional es engañosa. Como ocurre con los movimientos populares en otros países, Tailandia sigue presa del conflicto y la polarización entre un régimen empeñado en apuntalar a Abhisit y nuevas voces incipientes que claman por sus derechos. Cualquier resultado pacífico de dicho conflicto requerirá concesiones y avenencias de amplias miras.