The Asian Century
Vuelta a la “gran partida” en el Kazajstán
Charles Tannock
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BRUSELAS – Quienes se oponen al acercamiento occidental al Kazajstán citan la falta de derechos humanos y políticos en ese país, pero, si bien el Kazajstán no se ha internado por la senda de las “revoluciones de colores” hacia la democracia que otras repúblicas postsoviéticas, como Ucrania y Georgia, han seguido, su timidez con la reforma no justifica su asilamiento.
Al fin y al cabo, Occidente no se siente disuadido lo más mínimo a la hora de tratar con la autoritaria Rusia y la comunista China. Además, el Kazajstán, aunque es un país de mayoría musulmana, ha establecido el tipo de organización política secular, multiétnica y multirreligiosa que Occidente intenta fomentar en todo el mundo musulmán.
Pero las razones principales para que Occidente no aísle al Kazajstán son geoestratégicas. Los kazacos están deseosos de vender su petróleo y gas a Occidente en el preciso momento en que la Unión Europea está deseosa de deshacerse de su dependencia de los suministros rusos. Aun así, la posibilidad de una asociación UE-Kazajstán puede estar a punto de esfumarse.
Los lazos históricos del Kazajstán con Rusia y su proximidad geográfica a China han provocado una intensa competencia entre esos dos países por lograr mayor influencia. Reviste importancia decisiva que Europa se una a ese “gran partida” por la influencia y atraiga la orientación del Kazajstán hacia Occidente.
Hay señales de que Europa está abriendo los ojos por fin ante las posibilidades que el Kazajstán ofrece. De hecho, dos acontecimientos recientes pueden contribuir a que el Kazajstán pase a ser definitivamente un aliado occidental. El primero es la elección de este país para la presidencia rotativa anual de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en 2010.
El Kazajstán había presionado durante años para lograr esa oportunidad frente a la tenaz oposición de Gran Bretaña y otros países de la UE. Se considera su selección para encabezar la OSCE una recompensa por la política de compromiso con Occidente del Presidente Nursultan Nazarbayev. Rusia abriga un gran recelo de la OSCE –recientemente el Kremlin limitó el número de observadores de la OSCE en las elecciones rusas–, por lo que el futuro cargo del Kazajstán sugiere que los kazacos están deseosos de acercarse más a Occidente y no temen desafiar a sus antiguos amos del Kremlin.
A largo plazo, la Política Europea de Vecindad (PEV), el plan de la UE para las relaciones con los Estados de su periferia, ofrece la mejor oportunidad para alimentar esa relación. La PEV va destinada a forjar un “círculo de amigos” en torno a la UE basado en los intereses comunes en materia de seguridad, desarrollo económico, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos.
De momento, el Parlamento Europeo ha rechazado la idea de que el Kazajstán llegue a ser un día miembro de la PEV, pero, si no se quiere que el Kazajstán acabe engatusado en las órbitas rusa o china, habrá que superar esa estrechez de miras.
El Kazajstán es un socio idóneo en todos los sentidos para la PEV. El extremo sudoccidental del país está en la misma longitud que los países del sur del Cáucaso y Turquía, todos los cuales son ya miembros de la PEV o, en el caso de Turquía, candidato a la adhesión a la UE. Ya eso sólo constituye un poderoso argumento geográfico en pro de que el Kazajstán forme parte de la PEV.
Naturalmente, hay preocupación por la libertad de expresión y la falta de pluralidad de medios de comunicación, pero la situación a ese respecto en el Kazajstán no es peor que la de, por ejemplo, Azerbaiyán, su primo de etnia turca, que es miembro de pleno derecho de la PEV. Además, el Kazajstán está ya celebrando oficialmente negociaciones con la UE sobre los asuntos relativos a los derechos humanos.
Pero la fuerte tradición secular del Kazajstán, heredada del pasado soviético, y su numerosa minoría cristiana europea (aproximadamente el 40 por ciento de sus 15,2 millones de habitantes) hacen de ese país una sociedad que Occidente debe alentar, en vista del arco de inestabilidad en el que se encuentra situada. Atraer al Kazajstán hacia Occidente contribuiría a fortalecer esa tradición secular.
El imperativo está claro. Rusia y China no esperarán a que la UE se decida a considerar al Kazajstán un socio digno. El Kazajstán desempeña ya un papel decisivo en la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), grupo que comprende países del Asia central, junto con Rusia y China. La OCS se centra en la seguridad regional, los vínculos económicos y la cohesión cultural de forma muy parecida a las de la OSCE y la UE.
No cabe duda de que la OCS es un instrumento para la posición de Rusia y China en pro de un mundo multipolar basado en bloques regionales de seguridad que contrarresten la hegemonía estratégica americana. Así, pues sería trágico que la UE desaprovechara esa oportunidad de vincular al Kazajstán firmemente con Occidente. Podría no haber muchas más.
Charles Tannock es el portavoz en materia de asuntos exteriores del Partido Conservador británico y ponente del Parlamento Europeo sobre la dimensión oriental de la PEV.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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